jueves, 18 de julio de 2013

CAPITULO 10




—¿Me pareció a mí o eso sonó como a celos?
—¡No seas ridículo! —me contestó —Solo trata de no resbalarte con tu baba.
Reí por lo bajo y la seguí cuando entró en una de las puertas.
—Al fin llegas, dios mío —dijo una mujer bien vestida, apenas un poco más alta que la morena.
Paula era muy parecida a ella, pero sus ojos eran diferentes.
—Ya estoy aquí —dijo ella —Y aquí tienes las fotos.
—A ver —dijo y comenzó a revisarlas —Ay eres increíble, por eso eres mi hija —Paula revoleó los ojos y por primera vez desde que entramos, su madre, posó sus ojos en mí —¿Quién es él? —le preguntó. paula me miró —Ay, ¿no me digas que me hiciste caso y dejaste definitivamente al imbécil de Brian y estas saliendo con este niño?
—¡Mamá! ¿Podrías por favor comportarte? —dijo nerviosa. —No, no estoy saliendo con él. Él es Pedro, un… compañero de la Universidad. Se ofreció a traerme.
—Un gusto señora Chaves —dije lo más cordial del mundo.
—No me trates de señora. No soy una anciana, dime Ale —me dijo.
—Está bien, Ale —dije divertido.
—Bueno, ya esta todo. ¿Necesitas algo más? —le preguntó Paula.
—No hija, nada más. Gracias.
—No es nada. Y por favor, no estés llamando a papá para refregarle que yo hago cosas por ti. Se pone insoportable.
—¿Desde cuando yo hago eso? —le preguntó, verdaderamente, fingiendo sorpresa.
—Por Dios mamá, siempre lo haces —la acusó la morena.
—Sabes que tu padre se lo merece. Se cree el dueño del mundo, es un pobre infeliz que se va a quedar solo por el resto de su vida.
—Lo que digas —dijo Paula y se dispuso a irse.
—Oye niño —me llamó. Ambos nos giramos a verla —Podías ser un muy buen modelo.
Se acercó a mí y palmeó mi hombro derecho. Reí por lo bajo y vi como Paula se ponía roja de la rabia.
—No lo creo Ale —dije divertido —No tengo el target para serlo.
—Pero ¿Por qué?
—Yo se que soy perfecto, lo veo todos días cuando me miró al espejo. Pero el mundo de la moda no es lo mío.
—Ay que modesto eres —dijo riendo por lo bajo.
—Trato de serlo en lo que me concierne.
—Piénsalo bien, podrías ganar mucho dinero. Eres un chico muy bonito.
—¡No puedo creer que estés haciendo esto Alejandra! —habló Paula detrás de nosotros —No cambias más.
Salió de allí rápidamente. Me giré a ver a Ale.
—Fue un gusto conocerte, ahora se de donde ha salido tan bonita la muchacha —dije sonriendo.
—Si, en eso salió a mí. Pero de carácter es igual a su padre.
—Ya lo creo —dije y salí de allí para buscar a Paula.


La divisé a punto de subirse en el ascensor. Apresuré mi paso y puse mi mano frente a la firme puerta de acero, haciendo que se volviera a abrir. Me miró con ojos venenosos. Me metí y dejé que la puerta se cerrara. No dije nada y ella tampoco lo hizo. Llegamos a planta baja y sin siquiera mirarme salió. La seguí. Salimos fuera del edificio y vi como levantaba su brazo para tomar un taxi. Me acerqué a ella.
—Vamos ¿estás enojada? —le pregunté.
—Déjame en paz —dijo sin mirarme.
Tomé su brazo con cuidado e hice que me mirara.
—¿Qué es lo que te molesta?
—Que mi madre se comporte de esa manera —dijo nerviosa —Y que personas como tú le sigan el jueguito . Ya no tiene 17 años, creo que es una mujer adulta con varias décadas encima.
—Eres cruel —dije divertido.
—No, soy realista —me dijo.
—Bueno, señorita realidad, no creo que sea necesario que te tomes un taxi. Yo voy a llevarte.
—No quiero.
—Eres caprichosa.
—Si, y a mucho orgullo.
—¿Vas a dejar que te lleve? —pregunté.
Me miró fijo por unos cuantos segundos.
—Está bien —dijo soltando un suspiro.
Nos subimos a la moto y pronto llegamos a la puerta de su casa. Se bajó y se giró a verme.
—Sana y salva —dije.
—Muchas gracias por todo, Pedro —me dijo.
—No, no tienes porque. Ahora me debes la salida del viernes.
Arrugó levemente la nariz y me miró.
—¿Tú crees pedro, enserio? —dijo como queriendo que eso no pasara —Esta bien, acepto.
—Y si, no te quedaba otra.
—¿Y a donde vas a llevarme?
—Podemos ir al cine, luego a cenar y luego…
—¿Y luego que?
—Y luego te dejo en tu casa.
—Ah, me parece bien.
—Perfecto, entonces mañana arreglamos todo cariño —dije y le guiñé un ojo.
—Me parece bien —repitió. Sonreí al darme cuenta de que ya no chillaba cuando le decía cariño.
—Oye, ¿ya no te molesta que te llame cariño? —pregunté.
—Si me molesta, pero creo que es una perdida de mi tiempo decirte que no lo hagas, cuando igualmente vas a hacerlo —me dijo.
—Estás en lo correcto.
Rió por lo bajo y comenzó a caminar hacia su casa. Vi como entraba y decidí prender marcha hacia la mía. Llegué y entré, eso era lo mejor de vivir solo, nadie estaba allí para molestarme y reprocharme cosas. Me senté en el sillón y prendí la tele. Mi teléfono comenzó a sonar.
—¿Hola? —dije al atender.
—¿Donde estabas? —me preguntó. Me tensé al escucharlo.
—Haciendo unas cosas —contesté.
—Bueno, no importa. Llamo para decirte que el viernes tenemos una fiesta muy importante a la que debemos ir los dos.
—¿Es necesario Horacio?
—Muy necesario Pedro, necesito que la sociedad te vea como el futuro heredero de la firma. Tienes que estar ahí.
Recordé lo de la cita con Paula y maldije por lo bajo. Suspiré levemente.
—Está bien, no me queda otra. ¿Dónde estas? – le pregunte.
—Mañana llegó, estoy en Paris.
—Mañana te llamo.
—Okey, adiós.
—Adiós —dije y colgué.
Al día siguiente la Universidad se me hizo más tediosa de lo normal, mi padre ya me había arruinado la semana diciéndome que el viernes tenía que ir a la maldita fiesta de la alta sociedad. Ir a ese lugar a aparentar algo que verdaderamente no soy. Ir a soportar a toda esa gente suspicazmente perfecta. Mi cita con la morena quedó en stand by, ya que a ella también se le presentó un compromiso importante para esa noche.
Hoy es jueves, y adivinen que. Adelanté mi cita de esta semana a hoy en la noche. La chica había aceptado encantada salir conmigo hoy. Y no esperaba menos.
—Oye, ¿Vas a salir esta noche? —me preguntó Ryan.
Me giré a verlo mientras nos acercábamos a la mesa en donde estaba sentado Chaz. Nos sentamos y él nos miró.
—Si, esta noche tengo acción —dije sonriendo triunfalmente.
—¿Quién es? —preguntó Chaz.
—Muchachos, no voy a decirlo —les dije.
—¿Y que pasó con Paula? —dijo Ryan.
—Paula… tranquilos, antes del martes que viene ya habrá pasado por mi cama.
—De eso no estamos muy seguros, amigo —dijo Chaz palmeando mi hombro.
—Me temo que vas a darnos 400 dólares. Y gracias a eso tendré los cigarros del mes pagos —acotó Murillo.
—Ya verán que si —aseguré. Paula se acercó a nosotros.
—¿Qué hacen? —nos preguntó.
—Decíamos que la semana que viene Pedro nos tendrá que dar 400 dólares a cada uno de nosotros —le contó Chaz.
—¿A si? ¿Por qué? —quiso saber ella.
—Porque aposto algo con nosotros y estamos completamente seguros de que no ganara.
Paula rió por lo bajo y me miró.
—¿Se puede saber en que lío andas? —me preguntó —Escuche a la loca de Laura diciendo que ibas a salir con una tal… Kate. Estaba como loca.
—No tengo ni la más mínima idea de lo que estas hablando —dije haciéndome el tonto.
Chaz y Ryan me miraron picaros.
—Tendrías que tener un poco más de consideración. Algún día, alguna de todas las chicas con las que sales va decidir matar a otra por tu culpa —me dijo y se puso de pie —Los veo luego chicos, tengo que hacer unas cosas.
Se fue, dejándonos solos.
—Ella tiene razón Pedro —me habló Ryan —Algún día vas arrepentirte de todo lo malo que has hecho.
—Y ha hablado el santo de los santos —acotó Bleu.
Reí por lo bajo al ver como comenzaban a discutir. Pero trate de llevar mis pensamientos a otro lado, necesitaba pensar en otra cosa.
La noche llegó llego y la hora de mi cita también. Habíamos quedado en encontrarnos en el restaurante de un lujoso hotel en el centro de la cuidad. Yo tenía algunos contactos por ahí, así que siempre conseguía un buen lugar y la mejor atención.
Moví su silla para que ella se sentara.
—Muchas gracias —me dijo con una leve sonrisa.
Le devolví el gesto y me senté frente a ella.
—¿Qué quieres beber? —le pregunté.
—Lo que tú quieras —dijo y sentí el roce de uno de sus pies sobre mi pierna.
La miré y me hizo un gesto con las cejas.
—Pidamos champaña —dije.
Uno de los mozos se acercó a nosotros y pedimos la cena y la bebida. Hice todo lo posible por mostrarme lo más interesado del mundo en su vacía platica. Era una tortura tener que pasar por esto.
—Entonces yo le dije que no era necesario que se tiñera de nuevo, porque el color que tenía combinada perfectamente con su color de piel y…
—Kate —la llamé haciendo que dejara de hablar. Me miró.
—¿Si? —dijo.
—¿No te gustaría subir? —le pregunté.
Ya no podía ser cordial y seguir escuchándola. Arqueó una de sus cejas.
—¿Arriba?
—Si – dije por lo bajo y me acerque un poco más a ella —Es linda la habitación.
Ella mordió su labio y me miró picara.
—Esta bien, vamos —dijo y se puso de pie. Yo también lo hice.
Fuimos en busca de las llaves y me detuve antes de subir en el ascensor.
—Ve yendo linda, enseguida te alcanzo —le dije al oído y palmeé su trasero para que caminara.
La vi subirse al ascensor y desaparecer de ahí. Solté un cansado suspiró.
¡Por dios tenía que quitármela un segundo de encima! Me acerqué al mozo y le pedí la cuenta. Luego me dirigí al bar, necesitaba tomar algún trago para tratar de no pensar tanto.
De alguna manera me sentía extraño…..bastante extraño.
—¿Qué le sirvo? —me preguntó el hombre del bar.
—El trago más fuerte que tengas —le dije.
Asintió y se alejó de mí para prepararlo. Enseguida puso un vaso con un liquidó color rojo frente a mí. Miré al hombre y miré el vaso.
—Es lo más fuerte que hay. Podría hacerte olvidar hasta como te llamas —dijo.
Sonreí y se lo agradecí por lo bajo. Creo que era lo que necesitaba. Cuando acabé el trago, pagué, me puse de pie y me armé de valor para subir y hacer lo que tenía que hacer.
Llegué al cuarto y entré, la luz estaba apagada. No la prendí, no quería hacerlo. Giré y divisé una sombra encima de la cama.
—Pensé que no vendrías más —me dijo.
No dije nada y solo me acerqué a la cama. Ella ya estaba en ropa interior, me encanta cuando me la hacen más fácil de lo que ya son.
Comencé a besar su cuello, para subir por su oreja. Ella comenzó a desabrochar los botones de mi camisa y quitármela lo más rápido que podía. Me alejé de su cuello para mirarla y cuando lo hice me quedé quieto.
La que estaba debajo de mí no era Kate. Sus  ojos abrazaron los míos. Era Paula. Me incliné y tomé su boca casi desesperado.
Ella metió sus manos debajo de la camisa y logró quitármela. Bajé mi mano y acaricie una de sus piernas.
Sentí como sus manos llegaban a mis pantalones. Me alejé de apenas de su boca.
—Paula… —susurré su nombre. Me detuve al darme cuenta de que la nombré.
Entonces me alejé de ella para mirarla, y la imagen de Paula se esfumó en un segundo. La rubia era de nuevo la que estaba frente a mí.
—No, no pasa nada. Continuemos, solo fue un… desliz —dijo agitada y se acercó de nuevo a mi boca y me volvió a besar —Solo quiero darte placer, Pedro. Y estoy completamente segura de que tú puedes dármelo.
Me alejé de ella y la miré. La morena jamás diría una cosa así. Repentinamente sentí que no podía seguir con eso. Le sonreí levemente.
—¿Puedes esperarme un segundo linda? Voy a traer algo especial para ti —le dije mientras me ponía de pie y me acomodaba la ropa.
—Pero… ¿A dónde vas? —me preguntó sentándose en la cama.
—Juro que no me tardo nada, la sorpresa va a encantarte —dije y terminé de vestirme. Tomé mi abrigó y salí de allí.
Bajé por las escaleras y salí a la calle, comencé a caminar sin rumbo alguno. Busqué en mi bolsillo un cigarrillo y lo prendí. Creo que finalmente voy a tener que terminar aceptando que mis amigos tienen razón cuando me dicen que no discrimino a ninguna. Yo no se que pasó conmigo, pero simplemente no pude seguir adelante. Fue bastante rara la sensación de imaginarme a Paula. Creo que el trago me influenció más de lo que debía.
Pero fue más real de lo que pareció. Creo que si ella no hubiera hablado, yo aun estaría allí. Voy a tener que replantearme un poco más mis próximas citas. Creo que andar saliendo solo por un par de horas de placer [si es que a eso se le puede llamar placer] no vale la pena.
Más si eso luego va a traerme más problemas que placeres. Sin darme cuenta llegué a mi casa, y sin seguir dando vueltas me tiré a la cama para intentar dormir.
—Ay, y ahora sales con tu parte poética. Eres tan predecible. Con razón tienes a todas esas huecas a tus pies. Un par de palabras bonitas, y la noche asegurada ¿No es cierto?
—En verdad hermano, no discriminas a ninguna.
—Algún día alguien va a darte una lección,Pedro.
Sus palabras no salían de mi cabeza y cada vez me hacían pensar un poco más.


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5 comentarios:

  1. Amooo esta novela. Pau una diosa que se hace valer me encanta mucho esta adaptacion espero que subas mas :)

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  2. jajajjajaaa se va poniendo divertido!
    Pedro va cayendo en el amor....

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  3. Me encanta la novela y el capitulo estuvo barbaro...... Pedro creo que aun no lo sabe pero esta muerto de amor :) Creo que el compromiso de Pau para el viernes tal vez sea el mismo que el que tiene Pedro con su papá.... seguro se encuentran en esa fiesta, solo espero ambos padres no sean rivales y la union de las familias venga con la presion de ese lado jajaja...
    Subi mas tan pronto puedas.... esta muy buena!!!

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  4. Me encantaron estos 10 caps!!!! Recién la encontré y los leí a todos. Mencioname cuando subas caps please @SilvinaAraceliR

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  5. buenísimo,seguí subiendo!!!

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