lunes, 12 de agosto de 2013

EPILOGO




Abrí un ojo al escuchar un ruido proveniente de afuera de la habitación. Frunciendo el ceño abrí el otro y me quedé quieto en medio de la gran cama. Giré mi cabeza para mirar al costado de mí y estaba vacía, ella no estaba.
—benjamín Alfonso, mi vida, ven aquí. Te dije que no corras más cerca de las escaleras… vas a caerte, mi vida. Y no quiero que eso pase. —escuché su dulce voz, esa era su manera de reprenderlo.
Ya le dije un millón de veces que así, él seguiría siendo un rebelde.
—No lo volveré a hacer, ma —dijo él. Sonreí levemente, era un pequeño demonio.
—Christopher, mi amor, ¿puedes pasarme tu camiseta? —escuché unos pequeños pasos que pasaban por delante de la puerta.
—Aquí tienes mamá —dijo él y volví a escuchar sus pasos.
—Oli, cariño, ¿ya estas lista? —preguntó Paula.
—¿Dónde está mi barbie, mami? —preguntó con voz preocupada.
—¿Te fijaste debajo de la cama? —dijo su madre.
—¡Aquí esta! —dijo contenta.
—Bueno, ¿ya están listos? —les preguntó.
—Casi —dijo Christopher.
—¿Por qué se están poniendo tan lindos? —dijo Paula.
—Lo que pasa es que queremos impresionar a la maestra de natación —contestó benjamín.
Reí por lo bajo.
—Con que eso es —dijo ella sin poder creerlo —Ustedes dos son terribles, no puedo creerlo.
—Ya mamá, tranquila —la calmó el pasivo y a la vez seductor Chris —Sabes perfectamente que tú eres nuestra favorita.
—Él tiene razón, ma —lo siguió mi otro pequeño galán —Tú eres la dueña de nuestros corazones. Las demás nada significan.
—Aay por dios —dijo ella divertida —¿De donde habrán sacado ustedes dos esa manía de comprarme?
—Tenemos un buen maestro —aseguró Chris divertido.
—Ya lo creo —dijo ella.
—¿Papá no irá a trabajar hoy, ma? —preguntó Benja.
—Papi está de vacaciones… hoy comienzan —contestó ella —Vayan bajando que el desayuno está listo. Mientras yo termino de peinar a su hermana.
Ellos dos bajaron las escaleras.
—Hija, ven al baño.
—Voy.
—¿Estás contenta de empezar el colegio? —le preguntó.
—Si, pero tengo miedo —dijo ella.
—¿Miedo, mi cielo? ¿De qué?
—¿Qué pasa si me pierdo? ¿Cómo voy a volver? —dijo preocupada.
—Tus hermanos van a cuidarte, no tienes que temer de nada princesa  —la calmó Paula.
—No lo creo, ellos se la pasan babeando por la maestra de natación. Son unos bobos.
—Te van a cuidar, yo lo se —dijo divertida su madre.
Sonreí con ternura, mi pequeña es tan hermosa. Tan hermosa como su madre. olivia es una copia exacta de Paula, a diferencia que tiene mis ojos. Con cinco años de edad ya es toda una mujer. Mientras que mis dos muchachitos son iguales a mí, con los ojos de su madre. Benjamín y Christopher son gemelos y por ende inseparables. Siete años de pura destrucción masiva... pero ¿Qué sería de mi vida sin ellos?
Y ¿Qué puedo decir de la mujer que cambio mi vida por completo? Pasaron 10 años, y aun la sigo amando con la misma pasión de cuando teníamos 19. Recuerdo como si fuera ayer cuando llegó corriendo a la Universidad con los ojos llenos de lágrimas y temblando como un animal asustado, para decirme que estaba embarazada. En ese entonces yo acababa de cumplir 22 años, y a ella le faltaban dos meses para dejar sus 21. Esa vez no había sido una alarma como cuando teníamos 19. Éramos jóvenes, aun lo somos, pero saber aquello fue una de las mejores cosas que me pasó en la vida, se los puedo asegurar. Nueves meses después llegaron nuestros gemelos y dos años más tarde nuestra pequeña princesa...
—Papi, ¿Estás despierto? —escuché su suave voz. Levanté la cabeza y la miré.
—Si, mi amor —le dije.
Ella entró con cuidado y cerró la puerta para luego acercarse hasta la cama. Se sentó a mi lado.
—Solo quería venir a despedirme, me voy al colegio —dijo y una sonrisa, iluminó su pequeño rostro.
Levanté mi mano y acaricié su mejilla. Acomodé un poco el pequeño flequillo negro que caía sobre su frente y que tapaba un poco aquellos enormes ojos miel.
—Vas a pasarla muy bien, cielo —le dije.
—Mami dice que estas de vacaciones, ¿es cierto?
—Si, si es cierto. Cuando vuelvan a la tarde tú y tus hermanos iremos con mamá a tomar un rico helado, lo prometo.
Sonrió y se acercó a mí para abrazarme y luego besar mi mejilla. Aun no comprendo como algo tan pequeño puede llenarte tanto de amor... pensé lo mismo el día que la tuve entre mis brazos la primera vez. Se veía tan frágil, tan inocente y dulce.
—Te amo, papi —besó mi mejilla de nuevo.
—Y yo a ti, bombón —besé su pequeña nariz —Ahora ve que mami te debe estar esperando.
—¡Oli, cariño, el autobús ya esta aquí! —ambos escuchamos el llamado de Paula.
—Te lo dije —ella rió divertida y se bajó de la cama.
—Adiós papi —se acercó a la puerta y antes de salir se giró a verme. Sonreí ante la imagen de aquella enana con una mochila en la espalda, más grande que ella, y el pelo largo que caia por sus hombros—Dale muchos besos a mamá... y mira que yo ya le dije que te dijera que le des una de esas semillitas para hermanitos, porque quiero una hermanita para jugar a las muñecas. Con Benja y Chris no puedo.
Sonreí divertido y negué con la cabeza.
—Hablaré con mamá sobre ello cielo, ve tranquila —le dije.
Ella asintió y salió de la habitación.
—¡Adiós Papá! —escuché que Chris y Benja decían a la vez.
—¡Adiós Campeones, se portan bien! ¡Y cuiden bien a su hermana! —les respondí.
—¡Claro que si! —aseguró Chris.
—¡Tenlo por seguro! —dijo Benja.
Reí por lo bajo y me volví a acostar bien en la cama. Luego todo fue silencio, escuché el sonido del autobús al arrancar y nada más. Unos cuantos segundos después la puerta de la habitación se volvió a abrir. Ella entró y soltando un cansado suspiro se tiró a la cama. Giró su cabeza para mirarme.
—Lo siento amor, se que querías dormir de corrido hasta las 11 de la mañana. Pero  Olivia se quería despedir de ti... no podía decirle que no —me dijo.
Sonreí y me acerqué a ella para envolverla en mis brazos y acercarla a mi pecho.
—Ya estaba despierto cuando vino —le dije.
Alejó su cabeza de mi pecho y me miró a los ojos. Sonrió y me besó cortamente.
—Ya sabes que no puede irse sin antes darle un beso al bombón de su padre —dijo divertida.
—Y así tiene que ser —aseguré.
Ella rió levemente, haciendo que mi corazón latiera rápido.
—Llamó tu hermana… dice que necesita que convenzas a Ben para que la deje ir de vacaciones con su mejor amiga —me dijo.
—Ah no, eso si que no —dije negando con la cabeza.
—¿Por qué no? —preguntó —Tú hermana te necesita,Pedro.
—No Paula, no voy a permitir que esa jovencita vaya de vacaciones con su mejor amiga y esas cosas. Aun es una niña.
—Pedro, mi vida, no falta nada para que cumpla 16.
—No me interesa, y esa es mi última palabra.
—¿Y que va a pasar cuando nuestra hija se quiera ir de vacaciones con sus amigas?
—Pues es obvio, no irá.
—Eres el peor del mundo —aseguró y se acostó en la cama dándome la espalda.
Solté un suspiro y me acerqué más a ella.
—Bueno, esta bien. Tú ganas. Llamaré a Ben para hablar con él —le dije.
Se dio la vuelta y sonrió de par en par. Tomó mi rostro con sus manos y me besó por toda la cara. Menos los labios.
—Eres el mejor —aseguró.
—¿Tienes algo para decirme que nuestra hija te haya dicho? —le pregunté.
Ella frunció el ceño y me miró extrañada.
—¿Si Oli me ha dicho algo? —preguntó.
Asentí mientras me acercaba a más a ella y comenzaba a besar su cuello.
Hace 10 años que beso los mismos labios y aun me sigo excitando. Hace 10 años que le hago el amor a la misma mujer y siempre que pasa descubro algo nuevo.
—Mi amor, nuestra hija me dice muchas cosas durante el día —dijo.
Sentí su mano apoyarse en mi brazo y brindarme una suave caricia.
—Algo muy importante —susurré cerca de su oído.
Su exquisito e único aroma entró por mi nariz para despertar aun más esa pasión que siempre me genera. Huele a ella, a rosas y a mí. Me enloquece.
Apoyé mis manos sobre sus caderas y bajé hasta el borde de su camisón. Ella soltó una leve risita que cosquilleó en mi oído.
—¿No te parece que es un poco temprano para esto? —me preguntó.
Subí mis manos arrastrando el camisón. Y cuando sus piernas quedaron descubiertas me subí encima de su cuerpo, obteniendo un espacio entre ellas. Ella gimió levemente y mi nombre salió de sus labios en forma de reproche.
—Señora Alfonso, nunca es tarde o temprano cuando se trata de hacerla mía.
Ella sonrió y sus manos subieron y bajaron por mi espalda.
—Que yo sepa tú y yo no estamos casados para ser la señora Alfonso.
—No hace falta ningún papel para que seas de Alfonso. Eres mía desde el día en que me abriste la puerta a las dos de la mañana y me dejaste entrar en ti.
Ella mordió su labio inferior y me miró con ternura.
—¿Siempre eres así de comprador? —me preguntó.
—¿Siempre eres así de recatada? —le pregunté y comencé a besar su cuello de nuevo.
Sentí como su piel se erizaba y un escalofrió bajaba por su cuerpo. Juro que amo provocar eso en ella.
—Apenas han pasado dos días desde la última vez que lo hicimos —su voz sonó algo agitada y quebrada.
Sonreí y con mucho cuidado mordisqueé su mentón y mandíbula. Con mis manos seguí subiendo el molesto camisón.
—Y eso para mí es una eternidad —aseguré —Además —besé el espacio libre que había entre su cuello y su pecho. Su mano se enterró en mis cabellos. Con un simple movimiento me deshice de su sensual ropa de dormir —Ese día no estuve muy duradero como me hubiese gustado estarlo.
—No me pareció —dijo ella y acarició mi espalda.
—Pues a mí si, porque quise cansar a los niños para que durmieran como troncos durante la noche, lo conseguí, pero yo terminé más cansado que ellos —ella rió levemente. Su mirada se clavó en la mía —Vamos, amorcito. Quítame la polera —le pedí.
Ella relamió sus labios y con manos suaves me quitó la molesta prenda. Gruñí al sentir su piel algo fría contra la mía. Me incliné hacia ella y con la punta de mi lengua acaricié sus labios. Ella soltó un leve suspiro.
—Ya recordé que me dijo nuestra hija —me dijo. Soltó una risita nerviosa —Lo de la semillita para hermanitos, ¿cierto?
Asentí y metí mi mano entre el colchón y su espalda para moverla y acomodarla mejor debajo de mí. Ella volvió a gemir. Aun traía la ropa interior y yo este molesto pantalón de dormir. Creo que desde ahora en más dormiré desnudo.
—¿Qué piensas de eso? —le pregunté.
Ella bajó su mano por mi espalda hasta mi trasero. Arqueé una ceja cuando su palma me apretó en forma provocadora.
—No hablemos de eso ahora… solo bésame.
Obedecí sus palabras y junté mi boca con la suya. Sus labios se abrieron para mí y los acaricié con ansias con los míos. Era un beso dulce, embriagador, apasionado y sobre todo con amor. Rodeó mi cuello con sus finos brazos y me atrajo más hacia ella.
Coloqué mis brazos a nuestros costados y acaricié el contorno de su cuerpo. Su cuerpo suave, bello y firme a pesar de haber pasado por dos embarazos. Su cuerpo perfecto, maternal. Su cuerpo dulce y caliente. El cuerpo que ha llegado a enloquecerme en forma simple y a la vez rara.
—Llamó Ryan —dijo alejándose de mi boca. La miré.
—¿Qué quería? —le pregunté.
—Dice que los inversionistas han firmado el contrato. Todo esta saliendo bien.
—Eso es perfecto —la besé de nuevo —Pero me lo dices luego.
Me deshice de todo rastro de ropa que se interponía entre nosotros y por consiguiente le hice le amor.
Ella se apoyó sobre mí, apoyando su oreja sobre mi corazón. Acaricié su espalda desnuda acomodando sobre ella su largo cabello.
—¿Eres feliz? —me preguntó.
—Nunca pensé que iba a ser tan feliz en mi vida. Jamás imaginé terminar así. Con la mujer a la que más amo en el mundo y con tres hijos —le dije.
—Cuatro —dijo ella. Fruncí el ceño. Paula levantó la cabeza de mi pecho y me miró.
—¿Cuatro? —dije confundido. Ella apretó los labios para evitar sonreír. Entonces entendí aquello. —La semilla para hermanitos ya esta aquí, ¿verdad?
—Ajá —dijo asintiendo mientras sus hermosos ojos se llenaban de lágrimas —Tengo un atraso de 3 semanas. Me desperté más temprano y me hice un test, dio positivo.
—Oh, mi amor —dije y la abracé contra mí. Ella se acurrucó bien y escondió su rostro en mi cuello —Me haces el hombre más… dichoso de este mundo. Por dios lo contenta que se va a poner nuestra Olivia
—Tengo el presentimiento de que va a ser una niña —musitó.
—Mia —dije. Ella asintió y me miró de nuevo.
—Me encanta ese nombre —aseguró y me besó.
Volvió a acomodarse contra mí.
—¿Qué pasa si salen gemelas? —dije.
Ella negó energéticamente con la cabeza.
—Doble llanto, doble cambio de pañal, todo doble. Divertido, hermoso, pero agotador.
—¿Quién te manda a ser tan fértil? —le reproché.
—¡Pedro! —se quejó y golpeó mi pecho.
Reí divertido.
—Eres hermosa, mi pequeña fabrica de bebes hermosos —le dije.
—Mmm… no me halagas diciéndome fábrica. Ya me estoy sintiendo gorda. Por dios, otro embarazo más. Yo no sé como es que aun estoy en forma —dijo.
—Acomplejada —susurré.
—Tonto —me dijo.
—Obsesión —le dije. Ella me miró —Mi bella y peligrosa obsesión.
—Te amo —dijo y acarició mi rostro.
—Te amo —dije y la besé.
Horacio vino a mi cabeza y sonreí. Quizás ahora comprendo un poco más los sentimientos de mi Padre. Quizás ahora puedo perdonarlo. Puedo decirle: Padre, tenías razón. Pero no del todo.

Fin♥


Bueno.... termino! con un final feliz vieron? jaja! ....espero que les haya gustado la nove como me gusto a mi cuando la leí!

gracias por todos sus comentarios... a pesar de subir tarde los capítulos y las intrigas jaja!

PD: Esa parte de pepe y oli me dio ternura y me los imagine en la vida real y me morí de amor♥

GRACIAS!

@jesicaleiva1





CAPITULO 64




Asentí mientras él decía el lugar. Yo se perfectamente en donde queda. Cuando era niño me escondía de mi padre en aquel galpón que estaba detrás de la casa.
—Si, se donde queda —dije y todos me miraron.
—Bien, enseguida mando unas patrullas —dijo él.
—No, yo voy —dije y corrí para salir del lugar.
—¡No, espera! —gritó él.
Salí y encontré el auto de mi madre. Me subí rápidamente a él y comencé a manejar. Tenía que llegar a ese lugar antes de que fuera demasiado tarde. Giré mi cabeza hacia atrás para ver como todos comenzaban a seguirme en sus autos. Unas cuantas patrullas de policía también iban detrás de mí. Aceleré y me pasé varios semáforos en rojo. Pero nada de eso me importaba ya. Solo necesito llegar a ese lugar y sacarla de allí.
Me bajé corriendo del auto mientras todos los demás se detenían detrás de mí. Uno de los policías me agarró del brazo.
—No, es mejor que no entres —me dijo. Lo miré.
—Voy a entrar —aseguré y me solté de él.
—¡No, Pedro! —escuché la voz de mi madre.
Me giré a verla y vi su angustia. Negué con la cabeza y volví a correr para dirigirme a la entrada de aquel viejo galpón.
Llegué y con cuidado abrí la puerta de chapa. Todo se veía oscuro y silencioso. Entré del todo y comencé a caminar por allí.
Todo estaba lleno de cajas y latas de pintura. Había ratas y bichos. Seguí caminando hasta que escuché su voz a lo lejos. Me acerqué más hacia el lugar.
—Pronto todo terminara, Paula —le dijo él.
Me asomé y allí estaba. Parado frente a ella mientras sostenía un arma con la que jugaba sin prestarle atención. Ella estaba sentada y atada a una silla. Un pañuelo sobre su boca le impedía hablar pero su rostro estaba empapado en lágrimas.
—Todo es una lastima, ¿sabes? —se detuvo frente a ella y la apuntó con el arma, justo en la cabeza. Paula cerró los ojos con fuerza —Todo hubiese sido distinto si solo Pedro me hubiese escuchado. Pero no lo hizo. Está como idiotizado por ti y yo no puedo permitir eso. No puedo permitirlo —la miró y sonrió —Abre los ojos querida, quiero que veas —ella abrió los ojos y le sostuvo la mirada —¿Hay algo que quieras decir antes de morir?
Mi corazón se detuvo y la respiración abandonó mi cuerpo.
Ella asintió levemente y entonces él sonrió y le quitó el trapo de la boca.
—Yo… yo amo a Pedro —le dijo temblorosa.
Tuve ganas de entrar allí corriendo, pero si lo hago él puede hacerle daño. Tengo que encontrar la forma.
—Todas dicen lo mismo —aseguró él.
—No, no estoy mintiendo. De verdad lo amo.
—¿Y si lo amas por qué no lo dejaste? Tuviste que haberlo dejado si lo amabas. Pero no, decidiste no hacerlo. Entonces no lo amas, querida.
—¿Por qué hace esto? —le preguntó ella.
—Ya se te acabó el tiempo para las preguntas —le dijo y le quitó el seguro al arma. La colocó bien sobre su cabeza. Ella volvió a cerrar los ojos.
—¡No! —dije y me hice ver. Él se giró a verme.
—Pedro —dijo ella temblorosa.
—Todo va a estar bien, mi amor. Voy a sacarte de aquí, lo prometo —le dije sin dejar de mirarla. Ella asintió y soltó unas cuantas lágrimas.
—Vaya —dijo mi padre y se alejó de Paula. Comenzó caminar en círculos —Viniste hijo, viniste a ver la muerte de tu novia.
—Suéltala Horacio, se terminó. Estás perdido —le dije.
—Si entendieras las cosas hijo, sabrías porque hago lo que hago.
—Solo quiero que la sueltes —dije y me acerqué un poco más a él, que retrocedió levemente y apuntó de nuevo a Paula —Mátame a mi padre.
—No —dijo Paula.
—¿Morirías por ella? —me preguntó. La miré y ella negó con la cabeza sin dejar de llorar.
¿Cómo no voy a morir por ella? ¿Cómo no voy a morir por su sonrisa? ¿Cómo no voy a morir por esa paz que me causa? ¿Cómo no voy a morir por el amor que despertó en mí? ¿Cómo podría seguir sin ella? Nada tendría sentido… ni siquiera seguir viviendo.
—Claro que si —dije sin dejar de mirarla.
—Pero yo no quiero que lo hagas —me dijo él. Volví a mirarlo —Creo que aun no has entendido nada, hijo.
—Si lo entiendo, estás loco —le dije —Toda tu vida me odiaste y jamás pudiste verme feliz. Porque estás loco.
Él negó y se acercó a Paula para apoyar el arma al costado de su cabeza.
—Puede ser que tengas razón al decir que te odié. Y si, lo hice. Te odie más que a nada en este mundo —admitió mientras seguía sosteniendo el arma cerca de Paula —Pero después te tomé cariño, a mi manera claro.
—Eres un psicópata —dije entre nervioso y divertido.
—Yo no quiero que tú termines igual que yo —dijo y me miró. Un nudo se formó en mi garganta. —Por eso lo mejor va a ser que ella muera.
—No, no —dije negando con la cabeza —Yo la necesito, mucho.
—Por eso mismo, hijo. Es mejor sacártela ahora que luego. Ella se volverá una obsesión para ti. Peligrosa y que te hará odiar hasta a tus propios hijos… como pasó conmigo —lo miré y negué con la cabeza —Te volverá loco y no podrás vivir en paz nunca. Y a pesar de que si te odié, eres mi hijo y por eso no quiero que pases por lo mismo.
—Pero yo soy yo, Horacio. Yo amo a Paula y la necesito… no solo porque es mi obsesión. Es la persona que me complementa. No podría vivir sin ella.
—¿Y que pasara el día en que se canse de ti? —preguntó —¿Qué harás?
—Lo entenderé, si ella ya no es feliz conmigo voy a entenderlo.
—No hijo, no entiendes. No podrás dejarla y te volverás loco. Te lo aseguro.
Volvió a quitarle el seguro al arma y lo acercó más a Paula.
—¡No, Horacio! —escuchamos su voz.
Me giré a verla y allí estaba ella. Mi padre se alejó de Paula y la miró bien.
—Ana —susurró mientras sus ojos se iluminaban y una sonrisa aparecía en él.
—No puedes hacerle eso a esa joven, Horacio. Y mucho menos a tu hijo —le dijo ella mientras se acercaba más a él.
—No, mamá —dije en intenté acercarme a ella pero con un gesto de mano me detuvo.
—Si alguien tiene que morir aquí, esa soy yo —dijo. Negué con la cabeza —Suelta a Paula y déjala con Pedro. Esto es entre tú y yo.
Sin dejar de mirarla mi padre se acercó a Paula y comenzó a desatarla. Paula se soltó y al instante se puso de pie y corrió hacia mí. La abracé con fuerza a mi pecho cuando comenzó a llorar compulsivamente.
—Ya mi amor, ya —le susurré al oído.
—Tuve tanto miedo,Pedro. Pensé que jamás volvería a verte —dijo sin apartarse de mí.
—Todo terminó, estoy aquí —besé su frente y luego busqué sus labios e hice lo mismo.
Volví a abrazarla con fuerza. Levanté la vista y miré a mis padres. Ahí parados uno frente al otro. Mi madre sonrió levemente.
—Ya no más Horacio, se terminó —le dijo ella.
—¿Por qué me hiciste lo que me hiciste, Ana? Si yo te amaba —le dijo él.
—Yo también te amaba, Horacio. Pero no supiste manejar el amor. Lo volviste una enfermedad. Despreciaste a nuestro hijo y mira como estas ahora.
—Por eso tú vas a morir —dijo él.
—Vamos Horacio, termina con la obsesión que te trajo hasta aquí —le dijo ella.
—¡NO! —grité y abracé más fuerte a Paula para que no viera nada de lo que estaba pasando.
Ella escondió su rostro en mi pecho. Cerré los ojos y entonces aquel sonido entró con fuerza por mis oídos. No los abrí por unos cuantos segundos.
Todo se detuvo a nuestro alrededor.Paula seguía escondida en mi pecho y los segundos se hicieron interminables.
Lentamente abrí mis ojos y la vi allí parada con la mirada perdida en un punto. Miré a sus pies y allí estaba él con el arma en la mano y una bala en la cabeza. Se mató, él mismo se mató.
Los policías comenzaron a entrar y agarraron a mi madre para alejarla de Horacio. Ben entró corriendo al lugar y tomó a mi madre para abrazarla con fuerza. Ya todo al fin había terminado.
—Vamos, vamos afuera por favor —dijo uno de los policías y se acercó a nosotros.
Sin soltar a Paula comencé a caminar hacia la salida. Cuando salimos Paula se soltó de mí para correr hacia los brazos de sus padres.
Ellos la abrazaron con fuerza y Ale rompió en llanto. Giré hacia mi derecha y mi madre estaba entre los brazos de Ben. Ella me miró y se alejó con cuidado de su marido. A paso lento se acercó a mí. Con una de sus manos acarició mi mejilla.
—Todo termino, Pedro —me dijo con voz temblorosa.
—Lo se —musité.
—Y tú no tienes la culpa —siguió acariciando mi mejilla.
—Eso también lo se.
Ella sonrió con los ojos llenos de lágrimas y me acercó para abrazarme con fuerza. La apreté un poco más y me sentí realmente protegido.
Me alejé de mi madre y giré para encontrarme con Paula frente a mí. Sonreí levemente y ella copió mi acción.
—Ven aquí —susurré y ella corrió hacia mis brazos. Volvió a esconder su rostro en mi pecho y acaricié su espalda dulcemente —Casi muero cuando vi que te llevaban.
Mis labios rozaron su frente. La sentí temblar levemente.
—Gracias, mi amor —susurró.
Levantó la vista de mi pecho y me miró. También la miré. Levanté mi mano y acaricié su rostro.
—Ya no más obsesión Paula, ya no más —dije y la besé suavemente en los labios sabiendo que ahora todo estaría bien.


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Lean el epilogo....


domingo, 11 de agosto de 2013

CAPITULO 63




Me desperté y me senté en la cama algo agitado. Miré hacia mi izquierda y Paula dormía tranquilamente allí. Solté un suspiro y me volví a acostar. Había tenido una pesadilla, solo eso. Ella esta bien, ella esta a mi lado.
—¿Qué sucede? —su dulce voz rozó mi oído. Giré mi cabeza para mirarla y ella tenía sus ojos bien abiertos.
—Nada, solo tuve una pesadilla —le dije y me acomodé bien de costado para acariciar su rostro.
Ella se acercó más a mí y escondió su cara en mi cuello. Sus brazos se metieron debajo de los míos y sus manos acariciaron mi espalda.
—Solo fue una pesadilla —susurró.
—Lo se —dije mientras cerraba los ojos y disfrutaba de su cercanía —¿Me das un beso?
—Primero necesito ir al baño —dijo mientras se alejaba.
—No, no… primero un besito —hice un puchero.
—Bien —dijo en un suspiro y se acercó a mi boca. Coloqué mi mano en su nuca y la acerqué más a mí.
—¿Me amas? —le pregunté cuando la solté.
—Mmm… no lo se —dijo ella mientras se ponía de pie. Sonrió y me volvió a besar —Claro que te amo, ¿Por qué lo preguntas?
—Solo quería volver a saberlo —le dije.
—Tontin —dijo divertida y entró al baño.
Aquel sueño había sido tan real. Paula era alejada de mí y nunca más volvía a verla. Mi vida se volvía miserable y sin sentido. Había sido tan fea la sensación del vacío y el dolor. Me volví a acostar sobre la almohada y me tapé bien con las sábanas. Hacía un poco de frío.
Paula salió del baño y volvió a acostarse a mi lado.
—¿Qué hora es? —le pregunté.
—Temprano, muy temprano —musitó mientras se acurrucaba entre mis brazos y volvía a cerrar los ojos.
—¿Qué tan temprano?
—Son las 5 de la mañana, amor.
—¿Enserio? —pregunté.
—Si —dijo ella y besó mi pecho —Aun tenemos 4 horas más para dormir. Así que deja de hablar y cierra tus lindos ojos.
La abracé contra mi pecho y cerré mis ojos. Aun la maldita sensación me seguía molestando. Pero decidí ignorarla. Eso solo una sensación, nada significa.
Las cuatro horas que faltaban para levantarnos pasaron volando y Paula fue la primera en levantarse y bañarse. Se puso el uniforme de la Universidad y luego se tiró encima de mí para despertarme mientras sus manos intentaban hacerme cosquilla.
—No vas a lograrlo, no las tengo —le dije sin abrir los ojos.
—Bueno, no tendrás cosquillas pero si te dan calor los besos —dijo ella y se metió debajo de las sábanas para comenzar a besar mi pecho y bajar hasta mi estomago.
—Paula… no —le dije.
—¿Viste? Yo sabía —susurró y su aliento quemó mis abdominales.
—No hagas eso. Espera… porque… ¡Paula! —dije elevando mi voz y sacando las sábanas de encima de ella.
Ella estaba sentada a horcajadas sobre mí con aquella linda pollera que estaba obligada a usar para asistir al campus. Sonreí al recordar que así mismo la quería yo cuando estaba encima de Betty. Ella mordió su labio inferior y me miró con ganas.
—¿Por qué no me haces caso y te levantas? —me preguntó.
—¿Por qué estas sentada encima mío con esa ropa? ¿Acaso piensas que así voy a levantarme y querer salir de esta cama? —le pregunté.
Podría decirse que ella casi gateó sobre mí hasta llegar a mi rostro. Sus labios rozaron los míos. Su aroma a ropa lavaba y perfume simplemente me excitó.
—Vamos a llegar tarde mi amor… tienes que levantarte, ahora —dijo.
—¿Tú estas jugando conmigo? —dije y sin darle tiempo a nada giré sobre la cama y la atrapé debajo de mí. Ella rió divertida.
—Esto no es justo —se quejó ella mientras calmaba su risa.
—Y ¿Por qué no?
—Porque yo era la que te estaba controlando… así no vale, Pedro.
—¿Tú controlar? Estas equivocada, amor.
—¿Estás seguro? —dijo sin dejar de mirarme fijo a los ojos.
Entonces entendí aquello, si ella dice que no… a veces realmente es no.
Me bajé de ella y me acosté a su lado.
—Está bien, tú ganas —le dije.
Rió por lo bajo y volvió a subirse sobre mí. Bajó su rostro y me besó tiernamente. Intenté acariciar su rostro mientras la besaba. Pero ella tomó mis manos y las dejó sobre la cama. Se alejó despacio dejándome totalmente idiotizado.
—Ahora si, nos vamos —dijo y se bajó de la cama.
Soltando un gruñido me puse de pie y entré a bañarme. Lo hice rápido pues al ver la hora, solo teníamos media hora antes de que comenzara la Universidad. Salí y me cambié. Bajé las escaleras del cuarto de Paula y me acerqué a la cocina para comer un poco de cereales.
—¿Vamos? —le pregunté.
—Vamos, amorcito —dijo ella con una leve sonrisa.
Salimos de su casa y otra vez en su auto nos dirigimos hacia otro maldito día de clases. Más rápido de lo que esperé llegamos y allí estaban nuestros amigos.
—Hola —dijo contenta Paula.
—Hasta que al fin aparecen —dijo Ashley.
—Lo siento, se nos hizo tarde —le dije a mi prima mientras besaba su cabeza. Saludé a Emi y luego les di la mano a Ryan y Chaz.
—¿Entramos? —dijo Chaz.
—Si, antes de que lleguemos tarde enserio —dijo Ryan.
Caminamos hacia la entrada. Y Paula se detuvo. Nos giramos a verla.
—¿Qué pasó? —le pregunté.
—Me olvidé de unos cuadernos en el auto, voy a buscarlos —dijo.
—Te acompaño —dije y caminé hacia ella.
—No, amor. No es necesario. Vayan yendo que ya los alcanzo —se acercó a mí y me dio un leve beso antes de correr hacia la salida.
Volví hacia donde estaban los chicos.
—¿Larga noche, Alfonso? —me preguntó Ryan
—No le preguntes esas cosas, Ryan Murillo —lo retó Ashley.
—¿Qué tiene? —dijo él confundido —Es mi amigo, toda la vida le pregunte sobre sus aventuras de cama.
—¡Eres un asqueroso! —dijo realmente ofendida y comenzó a caminar más rápido.
Ryan comenzó a seguirla mientras le decía que no podía enojarse por ello. Reí por lo bajo al igual que Emi y Chaz.
—Se pelean siempre, pero a los dos segundos están como si nada hubiese pasado —dijo Chaz divertido.
Mi celular comenzó a sonar. Detuve mi paso y lo busqué en mi mochila. Miré la pantalla y el número que aparecía era desconocido.
—Vamos Alfonso, estamos por llegar tarde —dijo Chaz.
—Vayan yendo —les dije y me alejé un poco para contestar —¿Hola?
—Lo intente, juro que lo intente —su voz paralizó mi cuerpo —Pero no lo comprendiste y no me hiciste caso.
—¿Qué es lo que realmente quieres, maldita sea? —pregunté nervioso.
—Yo quise hacer las cosas por las buenas y tú me obligaste a hacerlas por las malas. Tú no la puedes dejar bueno, yo voy a ayudarte a hacerlo.
—¿De qué estás hablando? —dije sin entender.
—¿Dónde está Paula ahora, Pedro? —me preguntó.
Mi corazón se detuvo en ese mismo momento. Solté el teléfono y comencé a correr lo más rápido que pude hacia la salida. La luz de afuera se veía lejana y yo sentía que mis piernas jamás iban a llegar hasta allí. Salí casi volando hacia el exterior y miré hacia donde estaba el estacionamiento. Paula salía del auto.
—¡Paula! —le grité. Ella levantó la vista y me sonrió. Y entonces un auto negro salió de la nada y se detuvo a su lado. Unos hombres salieron de allí y colocaron sobre su nariz un pañuelo —¡NO!
Corrí hacia ellos pero fue demasiado tarde. Se la llevaron.


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lloro :(

mañana termina!
Gracias por TODO! 




CAPITULO 62




Caminé entre la gente tratando de pensar un poco en todo lo que aquel maldito infeliz acababa de decirme.
—Dentro de un rato yo voy a subirme al escenario y voy a presentarte a ti y tu adorada novia a la sociedad… la señorita Laura Bynes. La conocí hace unas semanas a través de su padre y creo que es perfecta para ti. Y vas a hacer esto, quieras o no. Si no lo haces voy a hundir al padre de tu adorada Paula y junto a ello a ella a también.
Cerré los ojos fuertemente sin dejar de caminar y entonces choqué con alguien.
—Pedro—me dijo. La miré. Ella frunció el ceño —¿Estas bien?
—Paula —susurré y tuve la intención de decirle todo.
Pero me detuve. ¿Qué pasa si mi padre cumple su palabra? Yo no puedo permitir que él hunda a Miguel, no sería justo. Miré los ojos de Paula. Yo no puedo hacer esto… yo no puedo hacerle esto a ella. Pero… otra vez él y otra vez arruinando mi vida.
—Hey —dijo ella y apoyó su suave mano en mi mejilla. Me alejé levemente.
—Estoy bien —le dije. Me miró más extrañada aun.
—Me acabo de cruzar a Laura —me dijo y miró hacia atrás —Me dijo con una enorme sonrisa de que en unos instantes me iba a enterar de algo…
Tragué saliva. ¡Maldita perra! ¿Cuál era su maldito problema?
—Ajá —fue lo único que salió de mi boca. Ella me miró de nuevo y volvió a acariciar mi mejilla.
—¿Enserio estas bien, mi amor? —preguntó —Yo solo quería decirte que ya no estoy enojada y que a pesar de que eres un machista horrible, te amo.
Un enorme nudo se instaló en medio de mi pecho. Yo voy a odiarme inmensamente por todo lo que va a pasar. Pero yo no puedo dar el lujo de que él se salga con la suya.
—Nos vamos —le dije. Me miró.
—¿Qué? —dijo.
—Paula, mi padre esta loco. Nos tenemos que ir y necesito hablar urgentemente con tu padre. Pero nos vamos ya —tomé su mano y comencé a caminar casi desesperado en medio de la gente. Logre salir hacia fuera y Paula se soltó de mi mano. Me giré a verla.
—Necesito saber que pasa —dijo nerviosa.
—Mi padre me quiere separar de ti —le dije apresuradamente.
—¿Qué? —me preguntó.
—Para eso nos hizo venir hacia aquí Paula. Pero yo no puedo dejarte, mi amor —me acerqué y tomé su rostro con mis manos —Por eso mismo llama a tu padre ahora y dame las llaves del auto.
—No entiendo nada —dijo confundida mientras buscaba las cosas que yo le pedía.
—Ya te diré bien que fue lo que me dijo, pero nos vamos ya —la besé cortamente y tomé las llaves para subirme al auto.
Ella se subió y arranqué rápidamente. Tomó su celular y comenzó a marcar el número de la casa de su madre. Me olvidé completamente de decirles. Pero Ale y Miguel comenzaron a vivir juntos de nuevo. Paula aun cree que ellos solo están bromeando.
—Hola mami —la escuché decir y la miré de reojo —¿Papá está por ahí? Pásamelo un segundo que Pedro quiere hablar con él…
—Pon el alta voz —le dije. Ella lo hizo.
—¿Hola? —escuchamos la voz de Miguel
—Miguel, soy Pedro —dije sin dejar de mirar el camino por donde íbamos.
—¿Qué tal Pedro? —preguntó.
—Necesito que me digas si ya has hecho algún negocio con mi padre.
—Mañana tengo que reunirme con él para firmar todo los papeles —comentó.
Solté un suspiro aliviado. Llegamos justo a tiempo.
—No firmes nada, es más ni vayas —le dije.
—¿Qué? Pero ¿Por qué? —dijo confundido.
—Estoy seguro de que mi padre anda en algo malo, Miguel. He estado alejado últimamente de sus negocios pero he notado que una extraña cantidad de dinero ha entrado en su cuenta bancaria. Y estoy completamente seguro de que esta implicado con el lavado de dinero —dije.
-Paula me miró bien.
—Hijo, ¿estas seguro? Eso es grave —me dijo él.
—Muy seguro Miguel, sino no te llamaría. Por favor no vayas mañana, no le contestes las llamadas. Hazme caso, mi padre esta loco.
—Está bien, quédate tranquilo. Voy a hacerte caso —dijo él —Paula, ¿estas ahí?
—Aquí estoy papá —dijo ella con voz preocupada. La miré y tomé su mano.
—¿Estás bien, hija? —le preguntó.
—Si papi —dijo ella
—Bueno, me quedare más tranquilo si se que estas con Pedro. Tu madre me ha dicho que tiene un mal presentimiento, pero no le hagamos caso —dijo divertido.
—Todo esta bien —aseguró ella.
—Bueno, cuídense —nos dijo —Y cualquier cosa me llaman.
—Claro —dijo. Miguel colgó y  Paula guardó el teléfono
—Mi amor —la llamé.
—¿Si? —dijo ella.
—Perdóname —le dije. Ella me miró.
—¿Perdonarte? ¿Por qué? —dijo algo confundida.
—Soy un egoísta y solo pensé en mí. Solo pensé en mi sufrimiento si hacía lo que Horacio quiere. Solo pensé en mi corazón y no en ti, ni en tu padre.
Ella sonrió y estiró su mano para acariciar mi mejilla.
—Claro que pensaste en mí, y también en mi padre —dijo dulce.
—No lo se, solo se que te vi y no pude hacerlo. Él esta completamente loco —gruñí.
—¿Qué fue lo que te dijo que hicieras? —me preguntó.
—Laura estaba ahí ¿viste? Bueno él iba a presentarla como mi novia delante de todo el mundo y yo tenía que decir que si era cierto —le dije.
—Por eso la muy perra me dijo aquello —dijo ella pensativa y una sonrisa iluminó su rostro.
—Exacto —susurré.
—Pagaría por ver su rostro ahora.
—Y yo por ver el de mi padre cuando se de cuenta de que nos fuimos —dije divertido.
—¿Por qué tu padre quiere separarte de mí? —preguntó.
—No lo se… simplemente no puede verme feliz. Esa es la razón.
Golpeé con mi mano el volante y maldije por lo bajo. Odio a ese hombre, lo odio completamente. No puedo creer que tenga su misma sangre. Y me odio por eso.
—Tranquilo —susurró Paula.
La miré y las luces de la calle jugaban con sus bellos ojos. Haciendo que sus largas pestañas se proyectaran sobre sus parpados.
Me detuve justo frente a su casa. Ella sonrió al ver que yo no dejaba de mirarla. Mordiendo sus labios se bajó rápidamente del auto. Imité su acción y corrí detrás de ella cuando me aseguré de que el coche no quedara abierto.
—Paula —la llamé.
Ella se detuvo soltando una risita tonta.
—El vestido me esta molestando, Alfonso —dijo y volvió a caminar para abrir la puerta del edificio.
Sonreí y la seguí. Llegamos al departamento y la puerta se cerró fuerte detrás de nosotros. Paula se giró a verme y chocó levemente contra mi pecho.
—¿Cómo crees que yo podría dejarte? —pregunté en voz baja mientras comenzaba a acariciar el costado de sus brazos —¿Cómo? Si estas metida debajo de mi piel —ella subió sus manos por mi pecho - ¿Puedes explicarme que clase de hechizo me has lanzado encima?
—¿El del amor? —dijo con duda.
Sus ojos se clavaron en mis labios y sonreí.
—Mírame a los ojos —le dije.
—No puedo —susurró.
—¿Por qué? —le pregunté.
—Porque estoy mirando la parte que más me gusta de ti…
—¿A sí?
—Ajá —asintió sin quitar su mirada de allí —¿Puedes hacerme un favor?
—El que quieras.
—Apaga tu celular.
Sin dejar de mirarla tomé el teléfono de mi bolsillo y lo apagué para luego arrojarlo, creo que, sobre el sillón. Me incliné hacia ella y tomé sus labios con cuidado. Para luego comenzar a caminar a ciegas para buscar un lugar cómodo. Ustedes ya saben


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sábado, 10 de agosto de 2013

CAPITULO 61






Ella salió del baño y a mí casi se me sale el corazón del pecho.
¿Cómo es posible que alguien pueda hacerte sentir cosas tan mágicas?
Todavía me reprocho el haber sido tan estúpido y no haber admitido lo que me pasaba con Paula después de aquella noche. Pero mejor tarde que nunca ¿no lo creen?
—Te ves hermosa —musité una vez que se acercó a mí. Levanté mi mano y acaricié su mejilla. Luego acomodé un mechón de su cabello —Realmente hermosa.
—Mentira —dijo ella sonrojándose un poco. Me pareció lo más tierno del mundo.
—No podría estar mintiendo, Paula —le aseguré mientras le echaba una devoradora mirada por su cuerpo.
—¡No me mires así! —dijo divertida y golpeó levemente mi pecho —Eres un depravado.
—Ese vestido negro que traes puesto se vería muy bien en el suelo en este momento —le dije y me acerqué rápidamente a ella.
Intentó escapar pero coloqué mis manos alrededor de su cintura impidiéndole aquello. Rió nerviosa y colocó sus manos sobre mi pecho.
—Suéltame —ordenó.
—¿Pero quien te crees, mi madre? No voy a obedecerte, loca.
—Escúchame una cosita, tontito —dijo y comenzó a ejercer un impulso sobre mí para alejarse. La acerqué más a mí —Tenemos que irnos… se nos va hacer tarde para la reunión de tu padre.
—No pasa nada si llegamos unos cuantos minutos tarde —musité y la acerqué más para depositar un pequeño beso justo debajo de su oreja. La sentí temblar levemente.
—Pedro Alfonso, por favor… no hagas eso —me dijo firme. Volví a besarla en el mismo lugar que antes pero esta vez el beso se hizo más largo. Comencé a correr mis labios por el contorno de su bello rostro —Pedro…
—Cállate —le ordené —Me la debes.
—Mentira —chilló.
—Si que me la debes… ayer te hiciste la tontita.
—Eso no es cierto. Tuvimos nuestro momento… ¿o no?
—Ajá, si claro.
—Pedro —me dijo y con sus manos que seguían sobre mi pecho me empujó un poco de ella para que la mirara a los ojos —Después de la fiesta.
—No, ahora —le dije.
—No, ahora no —sentenció.
—¿Cuál es la diferencia de ahora y después? —le pregunté fastidiado. Ella sonrió y me  beso con cuidado mis labios.
—Que ahora tenemos que irnos y además no me gustaría llegar marcada… últimamente te estas volviendo muy marcador —me acusó. Sonreí con los labios sellados —Y después será después… tú sabes.
—Lo que pasa es que a mi me gusta marcar lo que es mío. Si yo te marco entonces los demás lo ven y saben que tienes dueño.
Frunció el ceño y se alejó completamente de mí.
—Eres un cerdo machista, nos vamos —dijo con cierto enojo.
Volví a sonreír y tomé mi abrigo para dirigirme hacia la puerta. Estábamos en casa de ella, ya que el lugar en donde mi padre nos había citado quedaba cerca de allí. Salí primero que ella y fui a apretar el botón del ascensor.
Ella estaba totalmente seria. Está enojada ofendida, esperando a que yo me le acerque la abrace y le pida perdón por ser un cerdo machista. La miré y ella entró en el ascensor. Apretó el botón a planta baja. Pronto llegamos y sin decir nada salió de allí.
En silencio caminé detrás de sus pasos. Sonreí y estaba por decir algo pero un celular comenzó a sonar. Era el de ella.
—¿Hola? —dijo y al instante una sonrisa atravesó su rostro —¡Alex! ¿Cómo estas? —la sonrisa que yo tenía en mi rostro desapareció en ese mismo segundo —Claro que podré verte mañana en la biblioteca… me encantaría poder ayudar en eso —sonrió aun más y asintió con la cabeza. Sentí una punzada en medio de mi pecho. ¿Por qué demonios Pettyfer llamaba a mi novia y la citaba en la biblioteca de la Universidad? Creo que tendré que aclarar unas cuantas cosas con el querido Alexander —Claro que si, nos vemos mañana.
Ella colgó y no dejó de sonreír. Hacía un segundo su cara era la de alguien completamente enojada y furiosa. Ahora la señorita solo sonreía. Pero que descaro.
—¿Qué quería? —le pregunté.
—¿Me hablas a mí? —me preguntó ella.
—No, le hablo al auto —dije irónico.
Ella sonrió y sin decir nada se subió al coche. Apreté los dientes y me subí también. Tomé las llaves y lo encendí.
—Pongamos un poco de música —dijo y prendió la radio.
La miré de costado y ella no dejaba de sonreír. Eso esta acabando conmigo. ¡Malditos celos estúpidos! Yo sabía que vendrían con el tema del amor, pero no que eran tan asquerosos y tontos.
—¿Qué quería Pettyfer, Paula? —pregunté está vez diciendo bien los nombres para que no salga con…
—¿Me hablas a mí? —preguntó de nuevo.
La miré realmente mal y ella estalló en risas. Aquel hermoso sonido entró con fuerza por mis oídos, pero no me causó excitación como otras veces. Está vez solo me causó un poco más de enojo.
—No seas tonta —dije entre dientes. Ella me miró.
—Mira machista —me dijo y la miré —No puedes sentir celos de Alex.
—Lo se, pero los siento. ¿Por qué te llama?
—Porque quería pedirme un favor.
—¿Qué clase de favor? ¿Y por qué a ti y no a otra?
—Pedro —dijo divertida —Alex es mi amigo y yo soy su amiga. Necesita que mañana lo ayude en la biblioteca para llevar algunos libros hacia un jardín de niños.
—¿Y por qué no me llamó a mí? Soy un hombre y puedo levantar más libros que tú.
—Y otra vez sales con tu machismo —me dijo volviendo a ponerse seria —¿Cuándo lo vas a entender? Te detesto cuando te comportas así.
Miró al frente y cruzó sus brazos sobre su estomago. No dije más nada, ni ella tampoco. Llegamos al lujoso lugar en donde se celebraba la reunión.
Paula se bajó y guardó las llaves en su cartera. Comenzó a caminar y decidí dejarle su espacio por unos cuantos segundos. Ya se le va a pasar.
Entramos y el lugar ya estaba lleno de gente. Me acerqué más a Paula y apoyé mi mano en su espalda.
—No me toques —dijo.
—Vamos tontita, no estés enojada conmigo —le susurré al oído.
Ella me daba la espalda. Dejó de caminar y se giró a verme.
—Estoy enojada contigo y solo voy a hablarte porque estamos en un lugar público. Pero cuando nos vayamos me dejas en casa y tú te vas a la tuya.
—Pau —dije poniendo mi mejor cara de perro mojado.
—Pau, nada Alfonso —no pude evitar sonreír —Y sigue riéndote, que no solo será esta noche. Sino que la de mañana y pasado también.
Volvió a darme la espalda y comenzó a caminar. La seguí sin dejar de sonreí. Ella es tan orgullosa. Comencé a caminar también y la alcancé.
—Que bueno que vinieron —escuchamos su voz y nos giramos a verlo. Él me miró a mí y luego a Paula —Estás muy bella, Paula.
—Gracias —dijo ella por lo bajo.
—¿Y bien? Sobre que se trata esta reunión —le dije yo.
Él me miró y sonrió. Aquello no me gustó para nada. Y tampoco la persona que vi entre la gente. Laura.
—Hablemos en privado, hijo —me dijo. Miré a Paula y ella asintió.
—Yo los veo después… voy a tomar algo —dijo ella y se alejó de nosotros.
Miré de nuevo a mi padre.
—¿Qué es lo que quieres? —la pregunta salió sola de mi garganta.
Sabía que algo no andaba bien.
—Tienes que dejar a Paula —me dijo sin dejar de sonreír.
—¿Qué? —pregunté.
—Lo que escuchaste hijo. Tienes que dejar a tu querida novia —apoyó su mano sobre mi hombro —Es por el bien de todos.


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CAPITULO 60




Volví a mirarla a los ojos. Esto no podía estar pasando por dios, esto no puede estar pasando. ¿Qué demonios voy a hacer?
—¿Pedro? —su voz llegó a mis oídos como si estuviera lejos.
—Dime que es una broma —le pedí.
—¿Cómo crees que voy a bromear con algo así? —me dijo y la miré —Por favor, Pedro. Necesito que estés tranquilo.
—¿Cómo es posible, Paula? —dije nervioso —Nos cuidamos, siempre que estuvimos juntos nos cuidamos.
—Lo se, lo se. Por eso tienes que estar tranquilo… No creo que esté embarazada, es literalmente imposible —dijo no muy convencida.
—¿Y si lo estas? —le pregunté.
Ella me miró fijo y entonces sus vidriosos ojos soltaron las lágrimas que habían acumulado. La tomé de la nuca y la acerqué a mí. Ella escondió su rostro en mi pecho.
—Tranquila, mi amor, no llores —le susurré al oído.
—Aaay, Pedro, tengo mucho miedo. No sé que voy a hacer si es que… estoy embarazada ¿Cómo voy a hacer para tener un bebe a los 19 años?
—Como ‘vamos’ a hacer —la corregí —No estás sola, mi amor, yo estoy contigo. Si es que estás embarazada vamos a salir adelante. Estaremos bien.
—Pensé que te ibas a poner como loco —dijo mientras se alejaba de mi pecho y con sus manos secaba sus lágrimas.
—Estoy como loco… pero no voy a perder el control hasta no estar seguros. ¿Cuánto tienes de atraso? —le pregunté y acaricié su mejilla.
Me di cuenta de que mi mano temblaba levemente ¡Por dios, esto es una locura!
—Una semana —dijo. Asentí y respiré profundamente.
—¿Vamos a hacerte un test? —le dije. Ella negó con la cabeza.
—Yo creo que lo mejor y lo más seguro es un análisis de sangre —me dijo —Tengo una amiga que la madre es obstetra. Hablé con ella ayer y hoy a la tarde iré a verla.
—Iremos juntos —dije y me puse de pie. La ayudé a levantarse y al instante la abracé contra mí. Ella me apretó como si su vida dependiera de eso. Cerré los ojos y traté de demostrarle que todo estaba bien —Iremos juntos… —volví a repetir.
Ella asintió y se quedó pegada a mí. Estuvimos así por unos cuantos minutos, no sé exactamente cuantos. Me alejé de ella y tomé su rostro con mis manos. Me acerqué más y la besé despacio.
—Gracias —me dijo cuando me alejé.
—¿Por qué? —le pregunté.
—Por estar aquí —susurró.
—Estamos juntos en esto y en todo —le dejé bien claro.
Ella asintió y la besé cortamente. Tomándola de la mano caminamos de nuevo hacia la Universidad.
El almuerzo había terminado y con ello la clase de derecho comenzó. Me senté despacio al lado de Ryan. Mi cabeza estaba completamente colapsada.
Si Paula llega a estar embarazada mi vida va a cambiar extremadamente. ¿Qué sucede si de verdad lo está? Eso significaría que voy a tener un hijo. Un hijo…
—Oye, ¿Qué te pasa? —me preguntó mi amigo. Lo miré.
—Nada, ¿Por qué? —dije reaccionando rápidamente.
—Estás como pálido —dijo él.
Mi mirada se posó en Paula. Ella jugaba nerviosa con el lápiz que tenía en la mano. Está pensando en lo mismo que yo. Volví a mirar a Ryan.
—Nada — ‘solo que mi novia tiene un atraso’ —Estoy bien.
—¿Seguro? —preguntó.
—Si, hermano —palmeé su hombro y volví a mirar al frente.
Lo más seguro es que ella no esté embarazada. Nos cuidamos, siempre nos cuidamos.
Pero ¿Qué pasa si en algún momento la protección falló? ¿Y si no es solo una falsa alarma? ¿Qué voy a hacer si Paula está embarazada?
Por dios, quiero gritar. Pero tengo que estar tranquilo, tranquilo. Nada es seguro… solo necesitamos ir y sacarnos la duda. Solo eso, solo eso…
El resto del día se me pasó interminable. Mi cabeza no dejaba de sacar teorías sin sentido y mi corazón se sentía cada vez más acelerado. Divisé a Paula en el estacionamiento y me acerqué a ella.
—¿Vamos? —le pregunté. Ella asintió —Pero iremos en tu auto mejor. Yo manejo ¿quieres?
Ella solo volvió a asentir. Tomé su mentón e hice que me mirara.
—Te amo —me dijo cuando sus ojos encontraron los míos.
—Yo también —le dije y besé su frente —Todo va a estar bien.
Nos subimos al auto y prendimos marcha. Habíamos decidido no decirle nada al resto del grupo. Estábamos seguros de que iban a ponerse como locos y lo mejor era no alarmarlos hasta estar seguros. Paula estaba demasiado callada y creo que más que nada asustada. La miré y ella miraba fijo al frente. Giró la cabeza y me miró.
—¿Crees que sea posible detenernos en un kiosco para comprar un chocolate? —me preguntó. Sonreí levemente —Tengo ganas de comer uno.
—¿Tienes un antojo? —dije sin dejar de sonreír.
—No seas tonto —dijo bajando la cabeza —Siempre quiero comer chocolate cuando estoy nerviosa. No es un antojo.
—Está bien, está bien —dije y detuve el auto en una esquina.
Bajé y me acerqué a la pequeña ventana que estaba allí.
—Papi, papi ¿me compras un dulce? —me giré a ver y un pequeño niño saltaba a mi lado.
Me paralicé y al instante un hombre lo alzó. Levanté la cabeza y lo miré.
—Debes aprender a esperar Steve, hay un chico antes que nosotros —le dijo él.
El niño me miró y sonrió mostrándome una sonrisa con falta de dientes.
—¿Qué necesita? —la voz de una mujer me sacó de la imagen del niño. La miré y asentí como un idiota.
—¿Algún chocolate? —le pregunté.
—Si, son estos de aquí —dijo ella mostrándome los que había.
Elegí el más grande y lo pagué. Comencé a caminar de nuevo hacia el auto.
—Adiós —escuché su pequeña voz. Me giré a verlo.
—Adiós —le dije y me subí. Sin decir nada le di el chocolate a Paula y volví a arrancar.
—¿Qué pasa? —me preguntó ella. La miré.
—Nada… imaginaciones que tiene mi cabeza —le dije.
Ella asintió y comenzó a comer su chocolate.
—¿Quieres un poco? —me preguntó.
—Si, por favor. Tengo antojo de comer un poco —ella rió por lo bajo y me dio un pedazo.
Unos minutos más tardes estábamos detenidos en el estacionamiento de una clínica. Respiré profundamente y me bajé del auto. Paula ya se había bajado unos segundos antes. Ella se acercó a mí y me dio la mano para comenzar a caminar.
Pronto llegamos al primer piso. Era una clínica grande, moderna y se veía muy lujosa. Nos acercamos a un mostrador. La chica que se encontraba allí nos miró.
—¿En qué puedo ayudarlos? —nos preguntó.
—Venimos a ver la doctora Molina… mi nombre es Paula Chaves —le dijo ella. La chica miró su computadora y asintió.
—Si, la doctora la está esperando por el consultorio 5 —nos dijo —Pueden pasar por el pasillo a su derecha —le agradecimos con la cabeza y nos dirigimos hacia donde nos había dicho.
Mi corazón latía cada vez más rápido. Una mujer con una panza de unos cuantos meses pasó frente a nosotros. Paula me miró y no pude evitar sonreír. Llegamos a la puerta dicha y toqué con dos suaves golpes.
—Pase —se escuchó la voz desde adentro. Abrimos la puerta y entramos. Una mujer de más de 40 años estaba sentada en una silla. Levantó la cabeza y nos miró —Bien, vamos a hacerlo rápido y nos sacaremos la duda enseguida —nos dijo y nos hizo sentarnos.
Dos minutos más tarde a Paula ya le habían sacado la sangre y la habían mandado a analizar como ‘urgencia’ al laboratorio. En unos minutos el resultado ya estaría listo.
—¿Y bien, como están? —nos preguntó la doctora.
—Bien —dije con un tono algo irónico. La mujer sonrió.
—Te ves nervioso —me dijo. Asentí y tomé la mano de Paula
—Mucho —aseguré. La puerta sonó y una enfermera entró.
—Ya están los resultados —dijo y le entregó un sobre a la doctora.
En ese mismo momento mi mundo se detuvo por completo.
Paula apretó mi mano y la miré. La acaricié para darle seguridad pero en ese mismo momento yo necesitaba un poco de consuelo.
—Bueno, vamos a ver que dice —dijo la doctora y comenzó a abrir el sobre.
Cada pequeño sonido que hacía al abrirse llegaba con mucha intensidad a mis oídos. Respiré profundamente y solté el aire levemente.
—¿Y? —dijo nerviosa paula mientras veía que la mujer leía.
Ella levantó la mirada hacia nosotros y su rostro no nos dijo nada. Es lo que más odio de los médicos. Nunca sabes lo que sus rostros te dicen.
—Felicidades —mi corazón se detuvo en ese mismo momento —No estas embarazada.
Me apoyé pesadamente contra la silla.
—Pero… —dijo Paula y la miré —Tengo un atraso.
—Si —le dijo la mujer —Aquí me muestra que tienes una alteración hormonal… ¿has estado comiendo mal?
—Puede ser —susurró ella.
—Pueden estar tranquilos solo fue una falsa alarma —nos dijo.
—Gracias al cielo —suspiré.
Paula se puso de pie y tomó sus cosas.
—Muchas gracias por atenderme en tu horario de trabajo y sin turno Lore —le dijo hablando rápido. La miré extrañado.
—No es nada linda. Cuando necesites me llamas de nuevo —le dijo.
Paula asintió y sin decir nada salió de allí. Me puse rápidamente de pie y miré totalmente confundido hacia la puerta.
—Pero, ¿Qué pasó? —la pregunta salió de mi boca.
—Esta lastimada —me dijo la mujer. Me giré a verla.
—¿Qué? —le pregunté.
—A pesar de haber estado más asustada que contenta con la idea, ella había albergado muy en el fondo de su ser la idea de estar embarazada. A todas nos pasa… es como una sacudida de sentimientos y cuando sabes que no es cierto te sientes por un lado vacía y torpe. Así que corre a buscarla y dile que tú también albergaste la idea muy en fondo de ti —me dijo.
Asentí un tanto confundido y salí rápidamente de allí. Vi como la puerta del ascensor se cerraba. Busqué las escaleras de emergencia y comencé a bajar rápidamente. Llegué al estacionamiento y la divisé a punto de subirse al auto.
—¡Paula! —le grité.
Ella no se detuvo. Entonces corrí más rápido y la alcancé. La tomé del brazo y la jalé hacia mí.
—Déjame —susurró con un hilo de voz. La abracé contra mi pecho.
—Tonta —le dije y la apreté un poco más.
—Tú eres el tonto —dijo sin dejar de llorar, pero no se alejó de mí —Lo siento…
—No, no hermosa —la calmé y besé su cabeza —¿Por qué lo sientes?
—Soy una estúpida —musitó —Yo…
—¿Te habías ilusionado un poco? —le pregunté. Ella alejó su cabeza de mi pecho y me miró a los ojos. Levanté mi mano y sequé su rostro. Asintió levemente con la cabeza. Y en ese momento supe que yo también me había ilusionado. Cuando en el auto me había dicho que quería un chocolate la tonta idea de un antojo me hizo sentir muy bien —Yo también…
—¿Enserio? —preguntó mientras soltaba unas cuantas lágrimas más.
—Si —asentí con la cabeza —Pero no es el momento.
—Lo se —aseguró y ahora ella secó su rostro —De verdad lo siento.
—No mi vida, no lo sientas —le dije. Ella sonrió y me volvió a abrazar —¿Vamos?
Ella asintió y nos subimos al auto. Salimos de allí y comencé a manejar hacia la casa de ella. Paula estaba demasiado callada entonces me giré a verla y la encontré dormida. Sonreí levemente y estiré mi mano para acariciar su mejilla.
—Te prometo que vamos a tener muchos hijos —susurré —Cuando se de y vengas a decirme algún día que vamos a ser papás juro que vamos a ser muy felices.
—¿Lo prometes? —su voz adormilada llegó a mis oídos.
La miré y ella entreabrió sus ojos, con una pequeña sonrisa en los labios. No estaba totalmente dormida. Sonreí.
—Claro que te lo prometo mi amor.
—¿Estás seguro? —preguntó mientras se sentaba mejor en el asiento —Yo creo que si llegaras a ser padre te daría mucho miedo.
—Y claro que tendría miedo —me defendí —Pero sería muy feliz. Imagínate una personita tuya y mía. Eso sería grandioso. Él o ella sería más que perfecto. Con mis ojos, con tu sonrisa, con mi increíble personalidad.
Ella rió divertida.
—Por dios, ¿sería tan egocéntrico como tú?
—No es egocentrismo mi amor —le aseguré —No puedes negar que soy hermoso.
—Es cierto, no puedo negarlo.
—Y si fuera una niña —dije y la miré —Tendría esa belleza tuya que hace que cualquier hombre te quiera para él. Pero eso no pasaría porque antes de que algún mamarracho le ponga un dedo a una hija mía será hombre muerto.
—Pedro —dijo divertida —Estás hablando como si eso fuera a pasar…
—Es que va a pasar mi amor —le dije y tomé su mano —Tú y yo vamos a tener un ejercito de bebes. Serán 24 o 25…
—¡Por dios! —dijo sin dejar de reí —¿Acaso crees que yo podría?
Asentí y me acerqué a besarla cortamente. Llegamos a la casa de Paula y nos bajamos. Entramos a su departamento y soltando un suspiro me tiré en el sillón y prendí la tele. Ella caminó hasta la cocina y escuché como abría la heladera.
—Pau —llamé.
—¿Si? —preguntó ella.
—Ven aquí, amor —dije.
—Ahí voy —dijo y dos segundos después ella se acomodó a mi lado.
Apoyó su cabeza en mi pecho. Estaban dando una película en la tele, pero no le estaba prestando atención.
—Mi amor —la volví a llamar.
—¿Qué, cariño? —dijo sin levantar la cabeza de mi pecho.
—¿Crees que sea buena idea contarle a los chicos de esto… que pasó? —le pregunté.
Ella levantó la cabeza y apoyó su mentón en donde estaba antes su cabeza, para poder mirarme más cómodamente.
—Yo creo que no es necesario ¿Y tú? —me dijo.
—Yo también creo eso. Digamos que será nuestro secretito.
Ella asintió y se volvió a apoyar. La película comenzó a ponerse interesante.
Coloqué uno de mis brazos detrás de mi cabeza mientras que mi otra mano acariciaba y jugaba con el cabello de Paula.
Ella acariciaba mi pecho con su uña y aquella sensación era de paz. Luego de varios minutos sentí que la respiración de mi novia se volvía más pausada y lenta. Se había quedado dormida. La acomodé mejor para poder mirarla a la cara. Su rostro curvaba una leve sonrisa. Se veía tan hermosa.
Mi celular comenzó a sonar me sobresalté y lo busqué rápidamente en mi bolsillo. Gracias a dios no despertó a Paula.
—¿Hola? —dije al atender.
—¿Cómo estas hijo? —me preguntó.
—¿Qué quieres? —le dije sin rodeos.
—Tranquilo, no llamo para molestarte —dijo con un tono divertido —Solo quería decirte que necesito que mañana vengas a la fiesta que organiza la comisión de los negocios de Bynes S.A.
—¿Para qué me necesitas? Yo ya te dije que no quiero tener nada que ver con nada de eso. Simplemente no —le dije.
—Hay firmas tuyas en alguno de los contratos… solo necesito que hagas acto de presencia. Puedes traer a Paula —me dijo.
Arqueé una ceja y miré a Paula que seguía dormida sobre mí.
—¿Enserio? —le pregunté algo sorprendido.
—Si, ¿Por qué no?
—Bueno, voy a pensarlo y te llamo luego.
—Necesito que me lo confirmes ahora, por favor.
—Bueno, está bien. Ahí estaremos —dije y colgué.
Volví a mirar a Paula. Su rostro aun tenía esa sonrisa de paz. Acaricie su mejilla y besé su frente. Me acomodé mejor en el sillón y cerré mis ojos para dormir un poco también.


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viernes, 9 de agosto de 2013

CAPITULO 59




Una semana pasó más que volando para mí. Pude ver el cambio que se había provocado en mi vida. Y aun estoy sin poder creerlo.
Encontré a mi madre, tengo una hermana, descubrí más cosas sobre mi padre, le dije a otro hombre que lo quería como a mi padre.
Acepté que amo a alguien, le dije que la amaba, ella me lo dijo a mí. Me presenté frente a mis suegros. Ellos terminaron volviendo a su amor.
Ryan y Ashley oficializaron y ahora todos somos parejas. Chaz y Emi tuvieron su primera pelea y estuvieron unos días distanciados pero luego se arreglaron con un poco de cursilería.
Y que decir de Paula y yo. Nunca pensé que una relación podía ser tan linda, tan liberal y tan placentera. Ella es fantástica. Una compañera ideal, una amiga que me escucha, que me entiende, que está ahí y no me deja solo.
Horacio no volvió a aparecer. No sé nada de él desde la última vez que estuvo en casa. Tampoco es que me interesa saberlo.
—¿En qué piensas? —me preguntó ella sentándose en mi regazo.
—Estaba pensando en ti —le dije y coloqué mis brazos alrededor de su cintura.
Sonrió y se acercó a mí para acariciar mi nariz con la suya.
—Te extrañe en Historia Universal —me dijo.
—¿A si? —dije cerrando los ojos mientras sentía su cercanía.
—Mucho —susurró.
Estábamos en la hora del almuerzo en la Universidad y hace dos clases que no nos vemos ya que tenemos algunas clases distintas.
—¿Puede ser que haya un momento del día en el que no los encontremos juntos? —escuchamos que Ryan hablaba. Paula sonrió, me besó cortamente, y se giró a verlo.
—¿Qué pasa Ryan? ¿Estás celoso de que ahora Alfonso solo piensa en mí? —le preguntó ella.
—Mírala a la niña —dijo Chaz mientras se sentaba —¿Ahora eres chistosita como tu novio?
—Un poco —dijo ella.
—Por su culpa ahora Pedro no nos da ni la hora —Ryan le dijo a Chaz mientras también se sentaba.
—Pues a mí me da mucho más que eso —le dijo Paula. Reí por lo bajo al ver el rostro de mis amigos.
—Por dios, ya la ha pervertido completamente —dijo Chaz sin poder creerlo.
—Pobre Paula, pobre Paula —dijo Ryan negando con la cabeza levemente.
—Ya, ya —les dije a ambos —Ella solo está bromeando con ustedes par de tontos.
—Eres un mal novio. Mira lo que le has hecho a la pobre —me acusó Chaz.
—Es cierto… ella ya no es la misma de antes. Todo es tu culpa – me dijo Ryan.
—Deberíamos de decirles a las chicas —dijo Chaz.
Ash y Emi llegaron a la mesa y se sentaron al lado de sus respectivos novios.
—¿Qué hacían? —preguntó Emilia.
—Escuchábamos las barbaridades que Paula ha aprendido de Pedro —le dijo Chaz.
—¿Acaso ustedes creen que Paula lo aprendió de Pedro? No, están equivocados. Ella siempre fue así. Lo que pasa es que ahora tiene a alguien que la estimula un poco más —dijo Ash.
—Oye —se quejó Paula.
Todos reímos y almorzamos entre risas y anécdotas. Sentí la mirada de alguien sobre mí. Giré mi cabeza para ver y era Laura la que nos miraba.
Sonrió como si supiera que algo pasaría. Les dijo algo a sus amigas y todas rieron.
Negué con la cabeza y dejé de mirarla.
—Mi amor, ¿vamos a caminar un poco? —le dije. Ella me miró y se puso de pie.
—Vamos —dijo y me dio la mano. La tomé y me puse de pie.
—Luego nos vemos, chicos —les dije a todos. Ellos asintieron entonces salimos de allí.
Entrelacé mi mano con la de Paula. Ella me miró. Caminamos en silencio hasta el jardín de la Universidad. Nos acercamos al viejo árbol y nos sentamos bajo él. Paula se sentó entre mis piernas y apoyó su espalda contra mi pecho. Comenzó a jugar con una hoja verde que había en el pasto.
—¿Qué pasa mi amor? —me preguntó.
—Nada, solo quería estar a solas contigo —le dije y acaricié su cabello con mi nariz.
Respiré profundamente su perfume para tener ese olor grabado en mi cabeza. Ella se alejó de mi pecho y giró para acomodarse de frente a mí.
—Te conozco, Pedro. Algo te preocupa —dijo.
Sonreí y me acerqué a su boca para besarla suavemente.
—Te aseguro que no es nada —dije.
Ella asintió y me miró fijo a los ojos.
—¿Estás seguro?
—Completamente.
—Bueno, voy a creerte —dijo y me volvió a besar —¿Has llamado a Hope?
—Si, hablé con ella ayer —le conté.
—¿Y como esta? —me preguntó con una leve sonrisa.
—No dejo de hablarme de ese tal Billy —dije apretando los dientes.
—Es normal que tu hermana hable de eso —me aseguró —Es una niña y este Billy debe ser su primer amor.
—¿De que amor me hablas, amor? —dije sin poder creerlo —Tiene 5 años, no sabe nada del amor.
—No subestimes a los niños, te aseguro que saben más de amor que nosotros los grandes.
—Pues no tiene mi permiso para andar aprendiendo del amor, ni nada de esas. Esa niña primero va a aprender a lavarse los calzones por si sola y luego podrá tener novio. Ni siquiera novio, solo un amigo con derecho a un simple beso.
—Eres tan celoso —me dijo.
—Hablé con mamá, y dice que quiere que este fin de semana vayamos a pasarlo allí al campo con ellos. Que tienen algunos cuartos de sobra —le conté. Ella sonrió.
—Eso sería genial —dijo asintiendo levemente.
La miré bien, ahora ella es la que está extraña.
—¿Qué pasa, mi amor? —le preguntó.
—¿Eh? —dijo ella saliendo de sus pensamientos.
—¿Qué te pasa?
—No, nada… ¿Por qué? —dijo.
—Estás rara, Paula… desde ayer estas rara —dije al recordar aquello.
Estábamos mirando la tele y de repente vio la fecha y se puso de pie. Comenzó a caminar por el pasillo y luego volvió a sentarse. Lo dejé pasar porque no pensé que era algo… malo.
—No… nada, nada.
—Ahora soy yo él que va a decir esto, te conozco Paula, algo te pasa.
Me miró fijo a los ojos y mordió su labio inferior.
—Hay algo que tengo que decirte…
La miré extrañado y pude notar el nerviosismo en su voz. Me acomodé mejor y la miré.
—¿Qué pasó? —le pregunté.
—Prométeme que no te vas a poner ni paranoico, ni como loco, ni nada de eso —me dijo.
—Si no me dices que es lo que pasa entonces no voy a saber como reaccionar —le dije ya un poco más nervioso.
—No es para alarmarnos, Pedro. Bueno quizás si, pero no… no lo se —dijo ya nerviosa.
—Dime —le exigí que me hablara de una buena vez.
—No es fácil de decirlo —aseguró mientras respirabas profundamente.
—Mi amor, me estas asustando. Por favor, ¿puedes hablar de una vez? —le dije.
Ella asintió y me miró a los ojos. Sus ojos acumularon lágrimas y pude sentir como su pulso se aceleraba.
—Bueno, tú sabes que nosotras las mujeres tenemos nuestros días ¿cierto?
—Si, se ponen intolerables —le dije sin entender por qué me hablaba de eso.
—Ya —dijo y asintió —Hay veces en las que hay un problema o algo así y esos días tardan en llegar.
—No sé a donde quieres llegar con esto, Paula. Me estas poniendo nervioso, cariño. Ve al grano por el amor de…
—Tengo un atraso —dijo interrumpiéndome.
La miré bien tratando de entender las palabras que acababa de decirme. Sentí que se me secaba la garganta. El aire comenzó a agitarse en mi pecho. Miré los ojos de Paula… ella no estaba bromeando ni nada por el estilo.
—¿Qué? —musité


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Hola!! les dejo dos capitulos!!! :)

Estará embarazada? adivinen! SI o NO?

gracias!!


CAPITULO 58




Como una intuición de si misma Paula se puso frente a mí. La miré y no pude evitar sonreír divertido.
—¿Qué necesitas Pattinson? —le pregunté sin dejar de sonreír.
Él no dejaba de mirar a paula. Estaba esperando a que ella le dijera algo sobre lo que acababa de ver.
—¿Por qué lo estabas besando? —le preguntó él a ella.
Paula me miró y luego volvió la vista a él.
—Creo que debemos hablar Brian, pero no aquí —le dijo ella. Entonces dejé de sonreír y me puse algo nervioso. ¿A dónde quería hablar si no era ahí? Ella se giró a verme —Debo hablar con él, Pedro.
—¿No me estarás pidiendo que te deje sola con este idiota? —le dije en voz baja.
Ella levantó su mano y acarició mi rostro.
—Es solo por unos minutos. Iré a hablar con él, le contaré todo y volveré a buscarte.
—No —sentencié.
—Por favor mi amor. Es mejor si yo hablo con él y dejamos las cosas bien en claras.
—No confió en él Paula.
—Pero si confías en mí, ¿verdad? —me dijo mientras me miraba fijo a los ojos.
—Si —dije soltando un suspiro. Ella sonrió y se puso en puntas de pie para besarme cortamente. Giró y miró de nuevo a Pattinson que estaba rojo de la rabia.
—Vamos Brian —le dijo ella y comenzó a caminar.
Pattinson la siguió y pasó por arlado en forma retadora.
—Le tocas un pelo y te mato —le susurré cuando pasó por mi lado.
Él sonrió como si acabara de escuchar un chiste. Y a mí me encantaría ver su cara cuando Paula le diga: Brian, Pedro y yo estamos de novios. Lo lamento idiota, pero nunca sentí nada por ti además de lastima.
Reí por lo bajo y decidí ir a caminar un poco para no pensar tanto en que dejé sola a mi novia con su ex. Pero eso… no es malo, no lo es. Ella misma me ha dicho que nunca lo amó y que solo lo aprecia como a un amigo. Pero él, él es un maldito infeliz.
—Pedro, ¿podemos hablar? —me giré a verla al escuchar su voz.
—Laura —le dije y tragué un poco de saliva. ¿Qué es lo que quiere ahora? —¿Hablar? ¿De qué?
—Pedro… no sé si tú te has dado cuenta de que yo… yo estoy enamorada de ti —me dijo.
Cerré los ojos fuertemente y maldije para mis adentros. Lo que menos quería escuchar en este momento era la declaración de amor de Laura.
—Laura yo… —intenté hablar pero ella se acercó y apoyó uno de sus dedos sobre mis labios. Al instante me alejé.
—Déjame hablar —me pidió. Asentí.
—Voy a escucharte, pero evita tocarme… por favor —le dije. Ella asintió.
—¿En qué andas? —me preguntó.
—¿Con qué? —le pregunté.
—Con tu vida… hace como una semana que no te veía. Y no lo se… ya no sales, ya no estas faltando a clases, ya no eres el mismo de siempre.
—Cambie —le aseguré.
—¿Cambiaste?
—En realidad me cambiaron.
—Paula, ¿cierto? —dijo mientras sus ojos se humedecían un poco.
Sentí un nudo en mi estomago y eso creo que se llama culpa. Me siento mal por ella, me siento  mal por haberla ilusionado. Y ahora que amo a alguien se como se siente aquello.
—Si, por ella —le contesté.
—Pedro, yo estoy dispuesta a compartirte con Paula —me dijo.
Fruncí el ceño y la miré bien.
—¿Qué? —dije.
—Que no me importa tener un poquito de ti, pero… yo te amo Pedro. Yo se que quizás es difícil de entenderlo y no es capricho yo te amo —dijo mientras se acercaba más a mí.
Al instante me alejé poniendo más distancia entre nosotros.
—No Laura, estás equivocada —le dije. Ella me miró —Yo no puedo compartirme.
—¿Por qué? —preguntó.
—Porque estoy enamorado de una persona y mi corazón le pertenece completamente a ella. No puedo partirlo, ni sacarle un pedazo. Ya tiene dueña.
—¿Sabes qué? Vas a arrepentirte —me dijo mientras se alejaba de mí.
Reí por lo bajo. Ella me podría dar un poco de lastima, pero está completamente loca.
—¿A si? —le pregunté.
—Te lo juro por dios, que vas a arrepentirte de haberme hecho esto. Ya lo veras, ya veras que no soy tan estúpida como crees —dijo y se fue de allí.
Me apoyé contra la pared que estaba a mi izquierda y solté todo el aire que había estado aguantando.
—¿Qué haces galán? —escuché su voz y me giré a verla.
—Pau, mi amor, solo estaba hablando con ella. Yo no…
—Shhh, tranquilo. No tienes que darme explicaciones. Confió en ti —me dijo divertida —Escuché un poco de tu conversación con la señorita que se acaba de ir.
—¿Escuchaste? —pregunté.
—Se que no debí, pero bueno fue sin querer —aseguró mientras se acercaba más a mí —Así que tienes una dueña. ¿No hay una posibilidad de poder competir con ella por tu amor?
Sonreí y di un paso hacia ella. Apreté mis labios mientras con mi mano tocaba mi mentón.
—La veo difícil —le dije. Ella sonrió y con eso morí — ¿Te gustaría competir con ella?
—Me encantaría competir con esa perra por un bombón como tú.
—¿Perra? ¿Le dijiste perra?
—Ajá —dijo mientras se acercaba aun más. Levantó sus brazos y los colocó detrás de mi cuello.
—No, estás equivocada. Ella no es una perra es una gatita. Y que gatita.
—Dame un beso —dijo. Coloqué mis brazos alrededor de su cintura, acercándola un poco más.
—¿Uno solo? —pregunté.
—Millones, los que quieras. Pero solo dame un buen beso de desayuno.
—¿Hablaste con Pattinson? – pregunté antes de besarla. Necesitaba saber aquello
—Si – dijo fastidiada. Sonreí, ella quería que la besara.
—¿Y qué dijo?
—Te insultó un poco, pero ya lo sabe. Eso es lo importante.
—¿Entonces, no más Pattinson y Laura?
—No más nadie. ¡Ahora bésame!
—Y después soy yo el que no sabe esperar, ¿cierto?
—Uno pequeñito, pequeñito —hizo un gesto con los dedos.
—No va a alcanzarme con uno pequeñito, amor.
—¿Sabes qué? —dijo y me besó cortamente. Reí por lo bajo.
—¿Qué?
—Hay un salón vació para ir a estar más tranquilos.
—¿Un salón vació? ¿En qué estas pensando mi amor?
—No es en lo mismo que tú. Pero prefiero estar entre cuatro paredes contigo que aquí en medio del pasillo por donde pasa todo el mundo.
—Por mí que nos vea el presidente de la Nación —dije y entonces me incliné hacia ella y la besé.
El celular de Paula comenzó a sonar. Maldiciendo por lo bajo me alejé de ella.
—Lo siento —se disculpó conmigo y miró la pantalla —Es mi madre —dijo sorprendida. No habíamos tenido noticias de Miguel ni de Alejandra desde el sábado —¿Mamá? – la atendió y guardó silenció —¿Dónde estabas? —la miré y vi como su rostro comenzaba a volverse algo pálido. Eso me asustó. Así que me acerqué a ella y la sostuve. Me dio la impresión de que iba a desmayarse —¿Qué? —preguntó sin poder creerlo —No, tú estas jugando conmigo —rió nerviosa —¿Qué quiere decir eso, Ale? —dijo indignada y se alejó de mí para comenzar a caminar como loca por el pasillo —¿Sabes? Mejor guárdate los detalles, que horror. Luego te llamo que ahora estoy en la Universidad —colgó y me miró.
—¿Qué pasó? —le pregunté.
—Ya se de donde heredé la manía de embriagarme y terminar haciendo cosas malas con personas que vienen con música a las 2 de la mañana a mi casa —me dijo. La miré extrañado.
—¿A qué te refieres mi vida? —le dije sin entender del todo.
—Me refiero a que mi madre y mi padre estuvieron todo el sábado y casi todo el domingo bebiendo champaña y haciendo cosas indebidas en un cuarto de hotel.


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jueves, 8 de agosto de 2013

CAPITULO 57




Llegamos a mi departamento y ella se acercó a la heladera. La abrió y sacó el agua mineral. La miré algo extrañado.
—¿Qué sucede, cariño? —le pregunté. Ella me miró.
—Me siento extraña —dijo. Algo preocupado me acerqué a ella —Lo que pasa es que… casi toda mi vida he visto a mis padres enfrentados. Y ahora fue muy extraño verlos de esa manera.
—¿Por qué… se separaron? —le pregunté. Ella soltó un suspiro. Me miró y levantó su mano para acomodar un poco mi cabello.
—Sinceramente creo que nunca supe la verdadera razón de todo. Pero por lo que yo veía en esos tiempos, todo fue culpa de la rutina. Mi padre llegaba siempre a altas horas de la noche de la oficina. Mi madre se la pasaba de viaje en viaje buscando nuevas modelos y esa clase de cosas. Un día empezaron a discutir mi madre le echó en cara la falta de atención hacia ella y hacia mí. Mi padre simplemente le dijo que no la amaba más y todo se fue al tacho.
—¿Tú estabas presente en esa discusión? —le dije. Ella asintió.
—Pero escondida debajo de la mesa… como toda niña entrometida.
—¿Y ahora te sientes mal por que están juntos? —pregunté. Ella sonrió.
—No creo que estén juntos. Lo más probable es que se estén matando… quizás ya cada uno se haya ido por su lado. Pero ya no pensemos en eso. Tengo sueño —me dijo.
Me acerqué más a ella y la alcé en brazos. Ella soltó una leve risa.
—Vamos a dormir nuestra primera siesta romántica —le dije.
—Y no va a implicar nada de eso que estas pensando —me aseguró.
—Oye, no todo en mí es querer hacerte el amor —dije y la miré —Bueno en realidad si. Pero aunque no lo creas yo también quiero dormir.
Ella sonrió y mordió su labio inferior.
—Bueno, entonces vamos a dormir juntitos, muy juntitos —susurró y rozó mis labios.
—Así me haces casi imposible querer solo dormir —le aseguré.
Soltó una divertida carcajada y entre al cuarto sin bajarla al suelo. La apoyé en la cama y me acerqué a la ventana para bajar las persianas y que la luz de la tarde no nos molestara. Giré para mirarla y ella se estaba quitando el pantalón.
—¿Qué haces? —le pregunté. Me miró y alzó ambas cejas.
—Me estoy sacando la ropa para dormir. No pienso dormir con esta ropa incomoda. Solo voy a quedarme con la remera. Además ¿Qué tiene de malo?
—No, nada. Pero eres una tentación.
—Por dios, Pedro —dijo divertida.
—Entonces, ¿yo también puedo dormir en bóxer?
Ella me miró a los ojos y una sonrisa picara se curvó en sus labios.
—Si puedes.
Ella terminó de acomodarse y se acostó en la cama. Me quité la molesta ropa y me acosté a su lado. La abracé contra mi cuerpo y besé su frente.
—¿A que hora nos despertaremos? —le pregunté.
—A la hora que sea —dijo y se abrazó más a mí. Besó mi pecho y luego levantó la mirada para encontrarse con la mía —Pero eso si, cuando nos despertemos yo iré a mi casa para ordenar un poco mis cosas y cambiarme de ropa.
—¿Me dejaras?
—Solo por unas horas —me aseguró.
—Pero ¿A quien voy a abrazar esta noche? —le pregunté.
—A nadie —susurró —Pero vas a estar pensando en mí… y quizás te llame por teléfono para hablarte antes de dormir.
—O quizás yo aparezca por tu casa y no haga falta dormir sola.
Sonrió y se acercó a mi boca para besarme. La acerqué un poco más a mí y aquella tonta necesidad de no soltarla nunca me atrapó.
—¿Sabes que nunca pensé que terminaríamos así? —me dijo alejándose apenas de mí.
—¿No? —le dije y acomodé un poco su cabello —Pues yo si.
—No te creo.
—De verdad —la besé cortamente —Siempre supe que te morirías por mí en algún momento.
Ella rió y se volvió a apoyar contra mí. Colocó sus finas piernas entre las mías. Sus manos fueron hasta mi espalda y me acarició tiernamente.
—Te amo —me dijo. Sonreí y cerré mis ojos.
—No más que yo a ti.
..........

Llegué un poco agitado a la Universidad ya que se me había hecho realmente tarde. El lunes llegó, ¿pueden creerlo? Lo que quedaba del fin de semana se me pasó volando junto a Paula. El domingo decidimos ir de picnic con Rose. ¿Leen eso? ¡Picnic! Nunca en mi vida pensé que iría de picnic tras los pasos de una mujer que me trae completamente loco.
Por lo que vi Paula ya había llegado, porque que su auto estaba en el estacionamiento. Ayer por la noche fuimos brutalmente separados por nuestros amigos. Ella se fue a su casa con Ashley y Emilia, mientras que yo me quede, literalmente llorando, con Ryan y Chaz.
—No puedes estar tan macabeo, Alfonso. Has estado con Paula las 24 horas del día —me había dicho Chaz.
—Pero yo la extraño —me quejé.
—Definitivamente este no es el Pedro que nosotros conocíamos —aseguró Ryan.
Reí y salí de mis pensamientos. Entré al salón y para mi desgracia el profesor ya estaba allí. Me miró bien y solo me limité a disculparme. Miré hacia la gente y la busqué con la mirada. Y allí estaba ella sentada casi al final de la segunda fila. Y ¿adivinen qué? El único lugar libre que queda es a su lado. Con cuidado me acerqué y sin decir nada me senté.
Ella me miró y yo la miré a ella. Sonrió y despacio se acercó a besar mi mejilla. Cuando se alejó la miré con reproche.
—Eso no es lo que yo quería —le dije. Ella rió por lo bajo y miró al frente.
—Estamos en clase, Alfonso —me dijo.
—Oh, ¿ahora soy Alfonso, verdad? —dije con cierta indignación.
—Claro que eres Alfonso, tonto —susurró.
—Pues no me parece correcto.
—¿Qué cosa? —me preguntó mientras me miraba de nuevo.
—Que te hagas la tonta, la que nada somos aquí.
—Pero si yo no me estoy haciendo la tonta. Solo que no quiero que por tu culpa me castiguen.
—Nadie va a castigarte.
—Alfonso, ¿quiere decirnos la respuesta? —me preguntó el profesor de filosofía.
Me giré a verlo. Y toda la clase me miraba, esperando a que dijera algo.
—No la se —le dije.
—Perfecto. Entonces ¿puede hacerme el favor de dejar de hablar con su compañera? —miró a Paula y ella asintió.
—Si —dije. El profesor volvió a hablar y a escribir —Quiero mi beso.
—No Pedro, ahora no —musitó ella.
—Ahora Paula Chaves.
Me miró fijo, tratando de intimidarme. Sonreí y me acerqué un poco más a ella.
—Cuando digo que no, es no —susurró.
—Pero cuando yo digo que si, es si —le aseguré.
—Perfecto, me cansaron —lo escuchamos hablar. Ambos nos giramos a verlo – Los dos se van de mi clase.
—Pero... —dijo ella.
—Pero nada Chaves. Junten sus cositas y salgan a cuchichear afuera —sentenció él.
Paula se puso de pie y juntó sus cosas. Yo copie su acción. Ambos salimos del salón. Y cuando la puerta se cerró detrás de nosotros ella se giró a verme.
—¡Eres un tonto! —me dijo enojada.
—Oye, oye, oye —la calmé y la tomé del brazo para acercarla a mí —Fue tu culpa, tú no quisiste darme mi beso.
—¿Es que acaso no podías esperar? —preguntó algo nerviosa —Por tu culpa me voy a perder una clase más. Así no sé si llegaré a recibirme alguna vez.
La acerqué más a mí, abrazándola por la cintura. Ella colocó sus manos sobre mi pecho para poner una distancia entre nosotros.
—Solo necesito mi beso ¿si? —le dije. Ella me miró fijo y dejó de hacer presión con sus manos sobre mí. Entonces la distancia comenzó a desvanecerse. Me acerqué más a ella y al fin obtuve lo que tanto quería. Su boca comenzó a responderle dulce a la mía y eso me hizo saber que realmente me estoy volviendo un macabeo.
—¿Qué significa esto? —preguntó. Ella se alejó de mí y lo miramos.
—Brian —dijo algo nerviosa. Uuuh, esto se me va a poner muy bueno.

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Perdón me equivoque ayer! ahora quedan 7 capítulos + Epilogo!

graciass!


CAPITULO 56




Ambos echaban chispas por los ojos… y juro por dios que podía ver con perfecta claridad como cada uno comenzaba a preparar sus armas para en cualquier momento lanzar el primer tiro. Ambos miraron a Paula. Ella se tensó.
—Yo… —intentó hablar ella.
—¿Qué hace él aquí? —le preguntó Ale.
—Nonono, la pregunta es ¿Qué hace ella aquí? —le habló Miguel.
—Mi hija me invitó a almorzar —le respondió Ale con un notorio tono de orgullo.
—Pues te cuento que a mí también —le aseguró él.
—Ella me llamó primero a mí —le dijo. Miguel soltó una leve carcajada.
—Que infantil eres, por dios. ¿Cuándo será el día en que dejes de comportarte como una niña?
—El día en que tú dejes de ser un idiota…
—Loca, siempre estuviste loca. No sé como diablos tuve cabeza para casarme contigo.
—Simplemente porque fui la única estúpida que te dio la hora en tu vida.
—No pienso almorzar con esta mujer —sentenció Miguel.
—Y tampoco con este tipejo —dijo Ale.
—Bien que todavía usas mi apellido…
—Solo lo hago para saber lo ridícula que me veo con él…
—Eso no es cierto, mentirosa.
—Si que es cierto, embustero, mal marido, mal padre, mal…
—¡Ya basta! —Paula elevó su voz, haciendo que todos en el restaurante se giraran a verla. Miguel y Alejandra  la miraron bien —¡Los dos se sientan y almuerzan conmigo y con Pedro como personas civilizadas!
Sin decir nada se sentaron en sus respectivas sillas. Nadie dijo nada…
El mozo llegó con el champaña, sirvió un poco para cada uno. Y se fue.
—Y ahora cada uno va a agarrar la carta y va a pedir lo que le gusta —dijo mi novia.
Como dos robots tomaron la carta y comenzaron a leer. Miré a Paula y ella sonrió con orgullo de si misma.
—Te amo —le dije sin voz. Su mirada tierna me cautivó aun más.
—Yo también —leí sus labios —Bueno —le habló a sus padres. Ale y Miguel la miraron —Los reuní aquí con el fin de tener un almuerzo con mis padres y presentarles oficialmente a Pedro como mi pareja.
—Y me alegro mucho de ello —dijo mi suegra sin dejar de sonreír.
Su sonrisa se esfumó cuando miró a Miguel. ¿Por qué se odian tanto por dios? Háganme acordar que debo preguntarle eso a  Paula luego.
—Yo también estoy contento por ustedes —dijo Miguel y sacó su mirada de Ale —En especial porque estoy haciendo negocios con tu padre, Pedro.
Me tensé al escuchar aquello. Miré a Paula y ella negó levemente con la cabeza.
—Que bueno —dije por lo bajo.
—¿Y… hace cuanto tiempo que están saliendo? —preguntó Ale mientras tomaba un sorbo de champaña. Miguel también comenzó a tomar.
—Ayer formalizamos. Pero venimos dando vueltas hace bastante —le dije.
—Siempre supe que ustedes tendrían algo —dijo Ale contenta —Desde el día en que llegaron juntos a mi oficina.
—¿Recuerdas ese día? —le pregunté divertido a Paula.
—Como si pudiera olvidarlo —dijo ella.
Todos reímos. Y sentí como aquella tensión de hace unos momentos comenzaba a disminuir. Miguel miró a Alejandra y esta le sostuvo la mirada.
—¿Y… como marcha todo en la oficina? —le preguntó.
Ella se sorprendió un poco de que le preguntara aquello. Pudimos notarlo cuando sus cejas se elevaron un poco.
—Bien… todo marcha sobre ruedas. Esta semana han venido dos nuevas marcas —le respondió ella.
Paula me miró y sonrió contenta. Aquello era un muy buen paso. Solo necesitaban algunos empujones más. Y la comunicación tal vez podría retomarse.
—El trabajo de la señora Chaves es excelente —le comenté a Miguel. Él me miró y sonrió por lo bajo.
—Lo se, siempre fue muy profesional en su trabajo —me comentó.
Paula se acercó a Ale y ambas comenzaron a revisar la carta del menú. Llené mi vaso de espumosa champaña y le serví otro poco a Miguel.
—Paula… creo, que es muy parecida a su madre —le dije.
—Oh no, para nada —aseguró él —Son como el agua y el aceite. Ale es una mujer demasiado quisquillosa y siempre encuentra algo para echarte en cara…
—Créame que su hija también es muy buena para echar cosas en cara —dije divertido. Él rió.
—Si, pero Paula tiene un carácter que Ale no puede controlar. Y debo decir que yo tampoco. Ellas son diferentes por eso chocan tanto a veces, pero a la vez pueden estar unidas como mejores amigas —dijo sin dejar de mirarlas.
—¿La extraña? —le pregunté. Él me miró. Una sonrisa llena de recuerdos se curvó en su rostro.
—Un poco —susurró.
—¿Y por qué no lo intenta? —dije. Él me miró más fijo aun. Quizás ya me estoy tomando demasiadas atribuciones.
—Imposible —dijo divertido y tomó más de su vaso.
—Quien le dice señor Chaves todo puede pasar —le aseguré.
El palmeó mi hombro y ambos reímos. Ellas fijaron sus miradas en nosotros y sentí un escalofrío que recorrió mi espalda.
—¿Podemos pedir ya? —preguntó Paula.
—Claro que si —dije y me alejé de Miguel para acercarme un poco más a ella. Paula también se acercó más hacia mi lado.
—¿Qué estas haciendo? —me preguntó por lo bajo.
—Solo hablo con tu padre, no estoy haciendo nada malo —le dije.
Ella respiró profundamente y luego sonrió.
—Esto no es tan malo como pensé —dijo. Con discreción, aprovechando que Miguel leía la carta y que Ale estaba llamando al mozo, me acerqué a ella y le robé un pequeño beso.
—Yo te lo dije. Todo iba a salir bien.
El mozo se acercó y los cuatro ordenamos algo distinto. Luego de unos cuantos minutos en los que mantuvimos una fluida conversación nuestro almuerzo llegó y comenzamos a comer.
El champaña se acabó y Ale encargó otra. Paula me miró algo confundida. Hice un gesto de ‘no saber’ con los hombros. Ellos comenzaron a tomar mientras hablaban como si fueran los mejores amigos del mundo. La botella se terminó y Paula y yo solo habíamos tomado una. Calculen un poco, eso no estaba bien. Miguel pidió otra botella.
—Y luego, cuando tenía 5 años obligó a su padre a tirarse en el suelo y llorar como un niño para darle de vuelta su billetera —contó Ale sin dejar de reír. Ella y Miguel estaban bastante alegres.
—Siempre fue mi pequeño demonio —aseguró él calmando su risa.
Paula los miró confundida. Ellos se estaban comportando de una manera muy extraña según ella. Pero creo que es muy normal… ellos aun se aman.
—¿Pueden dejar de tomar? Me parece que ya se pasaron de copas —les dijo ella. Ambos la miraron y volvieron a reír.
—Oh, mi cielo ¿no te parece que papi y mami están un poco grandes como para que les digas sin deben tomar o no? —le preguntó Ale.
—Bueno, bueno —dijo Paula restándole importancia —¿Quieren postre? —les preguntó.
Ellos dos se miraron fijo por unos cuantos segundos.
—Frutillas con crema —dijeron al unísono y volvieron a reír.
Apreté mis labios para no reír también. Esto ya se estaba poniendo realmente muy divertido. Paula me miró y ella si rió. Le hice un gesto con la cabeza que apuntaba hacia la puerta. Ella asintió levemente y tomó su cartera.
—Mmmm… ¿saben que? Pedro y yo debemos irnos —dijo mientras se ponía de pie.
—Esta bien, vayan —dijo Miguel sin dejar de mirar a Ale.
—Luego me llamas, hija —le dijo Ale sin dejar de mirar a Miguel.
—Adiós —les dijimos a ambos y salimos de allí.
—¿Qué fue todo eso? —preguntó ella.
—No lo se —dije divertido.
—Por dios, es una locura. Se estaban mirando con cara de idiotas —aseguró. Reí divertido.
—Te dije que iba a ser un buen cupido…
—No, no creo que ellos… —dejó de hablar y me miró —¡Que horror!


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miércoles, 7 de agosto de 2013

CAPITULO 55



Ella dejó de caminar y entonces me giré a verla. A leguas se notaba que estaba realmente nerviosa por todo este motivo.
—¿Qué pasa mi amor? —le pregunté.
—Creo… creo que no es buena idea, Pedro. Mejor llamo a mi madre y le digo que no venga. O quizás llame a papá y le diga a él que no venga —dijo y tomó su celular.
—Oye, oye —la detuve y le quité el pequeño aparatito —Todo va a estar bien. Ellos dos son personas grandes, van a comportarse.
Ella asintió y besé su frente. Volvimos a caminar y entramos al lujoso hotel para dirigirnos a la parte cómoda del restaurante. Un hombre calvo y de baja estatura se acercó a nosotros.
—Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarlos? —nos preguntó.
—Buenas tardes —lo saludó Paula —Tenemos una reservación a nombre de Paula Chaves.
El hombre miró la agenda que tenía en su mano y asintió.
—Si señorita, la mesa ya esta lista. Por aquí.
Comenzó a caminar y lo seguimos. Nos dio el paso para sentarnos en una adornada mesa con cuatro platos. Como todo un caballero le corrí la silla a mi novia y ella se sentó. El mozo se alejó inclinando levemente la cabeza. Vi como Paula miraba a su alrededor…
—Amor, tranquila —le dije. Me miró a los ojos.
—Cuando mis padres lleguen se va a desatar la tercera guerra mundial —aseguró.
—Quien sabe —dije y acaricie su mejilla —Quizás sea hora de la paz mundial.
—¡No saben lo contenta que me puse cuando supe que íbamos a almorzar los tres juntos! —escuchamos su aguda voz. Ambos nos giramos a verla. Me puse de pie y ella se acercó a abrazarme —Eres un desconsiderado. No fuiste a visitarme como lo prometiste.
—Lo siento —le dije y me alejé de ella —Pero las cosas no estaban bien en esos tiempos.
Ella miró a Paula y luego volvió a mirarme.
—¿Acaso ella te prohibió que me vieras? —me preguntó.
—No, no —dije divertido. Paula se puso de pie.
—¿Puedes hacerme el favor de saludar a tu hija como corresponde? —le dijo. Ale sonrió y se acercó a ella para abrazarla y besar su rostro.
—Eres tan celosa —aseguró alejándose de ella.
—No son celos —cuestionó ella —Solo me molesta que siempre estés a favor de los demás. De cualquier extraño, menos de mí.
—Eso no es verdad —le dijo su madre mientras se sacaba el abrigo y todos tomábamos asiento. Ale miró bien la mesa y frunció el ceño —¿Por qué hay cuatro platos? Somos solo tres personas.
—Mmm, lo que pasa es que…
—Se confundieron —interrumpí a Paula, que soltó un leve suspiro.
—Voy a pedir que lo quiten —dijo Ale se puso de pie.
—¡No! —dijo Paula elevando un poco más la voz. Ale la miró extrañada —No, no digas nada. La mesa se ve bien así… con cuatro platos.
Ale volvió a sentarse y pícaramente miró nuestra cercanía.
—¿Hay algo que deban decirme? —nos preguntó. Miré a Paula y sonreí.
—Ale, luego de hacerme sufrir como un idiota y casi enloquecerme por completo tu hija ha aceptado que me ama —le conté. Su boca se abrió del asombro y miró a Paula con los ojos bien abiertos.
—En realidad no fue tan así —dijo Paula mirándome con reproche —Lo que esta queriendo decirte es que…
—Eres mi suegra —le dije y la miré.
—¡Aaay, no saben lo feliz que me ponen! —dijo contenta —Eso quiere decir que son novios, ¿verdad?
—Si —dijo Paula por lo bajo.
—¡Esto hay que festejarlo a lo grande! Llamen al mozo y pidan una champaña que yo voy al baño un segundo —se puso de pie y vimos como desaparecía por una puerta.
Paula volvió su vista a mí y noté su inconfundible enojo.
—¿Qué sucede? —le pregunté.
—¿No te parece que se lo has dicho muy rápido y de una manera muy poco apropiada? —dijo.
Sonreí y me acerqué más a ella para besar cortamente sus labios.
—Todo esta perfecto, amor. Ella lo tomó como yo lo esperé. Pero quédate tranquila, que con tu padre seré de otra manera…
—Hija —ambos lo escuchamos y nos giramos a verlo. Nos pusimos de pie y él se acercó a Paula para abrazarla.
—Hola papá —le dijo cuando se alejó de él y miró hacia la puerta del baño.
Aun Ale no salía. Miguel me miró y sonrió.
—Es un gusto volver a verte, Pedro —me dijo y tendió su mano hacia mí. La tomé.
—Lo mismo digo, señor Chaves —tomamos asiento.
—No sabía que ibas a la misma Universidad que mi hija —miró a Paula.
—Yo tampoco lo sabía hasta aquella noche en la fiesta —mentí. Paula rió por lo bajo.
—Me alegro que se hayan llevado bien —dijo él.
Asentí y miré a Paula. Ella observaba intranquila la puerta del baño. Tomé su mano por debajo de la mesa. Su vista volvió a mí.
‘Todo va a estar bien’ ella leyó mis labios. Sonrió y miró a su padre.
—Señor Chaves, básicamente organizamos este almuerzo porque queríamos contarle que su hija y yo… estamos juntos —le dije tratando de sonar lo más tranquilo posible. Nunca pensé que llegaría el día en que tendría que presentarme como el novio de alguna chica.
La mirada de Miguel se dirigió a Paula y luego volvió a mí.
—¿Eso quiere decir que tú y mi hija tienen una relación amorosa? —preguntó. Asentí nervioso. Me parece que la idea no le esta cayendo para nada bien —Eso es muy bueno —aseguró mientras una sonrisa se formaba en su rostro. Sentí como todo el aire que tenía en mis pulmones salía lentamente.
—¿Te agrada la idea? —le preguntó Paula sorprendida.
—Claro que si, hija —aseguró él y palmeó mi hombro —Este muchacho me cayó bien desde la primera vez que lo vi. Además de que eso significa que al fin te has desecho del idiota de Brian.
—¡Papá! —lo retó _Paula.
—¿No le caía bien Pattinson? —le pregunté.
—Para nada… demasiado posesivo para mi princesa. Un celular comenzó a sonar. Miguel lo tomó y miró la pantalla. Se puso de pie —Un minuto por favor.
Se alejó de la mesa mientras contestaba.
—No puedo creer que le hayas agradado desde el primer momento. Se nota que apenas tuvo contacto contigo —me dijo Paula. Reí por lo bajo.
—Yo soy la persona más agradable del mundo, amor. De eso estate completamente segura.
—Perdón por haber tardado tanto —dijo Ale sentándose a la mesa —Había cola para el baño, por dios. Paula miró hacia donde Miguel se había ido. Volví a tomar su mano por debajo de la mesa. Ella rió por lo bajo y me miró —¿Ya pidieron la champaña? —preguntó. Ambos negamos con la cabeza —Bueno, voy a pedirla.
Se volvió a levantar y se dirigió hacia la barra.
—Listo, solo era una llamada de oficina —Miguel se sentó en la silla. Lo miramos —¿Qué vamos a tomar?
—Champaña —dijo Paula.
—Perfecto —aseguró él. Su celular volvió a sonar —Lo lamento, hija. Pero juro que será el último.
—Atiende tranquilo —dijo ella.
Miguel volvió a levantarse. Paula y yo nos miramos y estallamos en risas. Me acerqué más a ella y junté mi frente con la suya
—Esto es tan cómico —le dije.
—Lo se —asintió ella.
—Nunca pensé que almorzar con mis suegros sería tan divertido —rocé sus labios con los míos y ella dejó de reír.
—Esto no está bien, deberíamos decirles —susurró y me besó.
—Ya se van a encontrar —aseguré y la besé un poco más.
—¿Qué haces tú aquí?
—¿Qué haces tú aquí?
Nos alejamos y los miramos uno frente al otro con la mesa de por medio. Y el momento del encuentro ya llegó. Que dios nos ayude.


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Hola! como están ? acá les dejo dos capítulos  espero que les guste! :)

Les aviso que quedan exactamente 10 capítulos y el epilogo para que termine la nove así que disfruten de lo que queda! 
gracias por la buena onda!

Los quiero! :)