viernes, 12 de julio de 2013

CAPITULO 2



Aunque las chicas solían descubrirse solas al obsesionarse con nosotros convirtiéndolo en un juego por si solo “haber si descubres quien fue esta semana”.

Aunque claro, el juego no duraba mucho, normalmente no pasaba del mediodía cuando ya deducíamos quien había sido la conquista de esa semana.

—Por que la chica desde la semana pasada no hace otra cosa que preguntarme por ti. No se como no he terminado haciéndole una descortesía —dijo.

Los tres pensamos lo mismo "tratarla como la puta que es". Lo cual es muy peligroso estando en esta escuela, ya que nuestros padres son tan ricos que conviene tener una buena relación con todos.

Nunca se sabe quien es hijo de un posible socio o quien en esta escuela es un posible futuro negocio o cliente.

—¿Crees que aun lo recuerde? —pregunté inocente.
—Tal vez si, tal vez no —dijo Chaz.
—¿Y si lo recuerda? ¿Qué hago?
—No lo se —me contestó Ryan.
—No me estás ayudando —le dije entrecerrando mis ojos para mirarlo mal.
—¿Y como quieres que te ayude? Tú solito te lo buscaste…
—Amigo te decían —dije.
—Ya, ya —nos calmó Chaz —Solo hay una manera de poder saberlo —respondió y abrió la puerta.

Ya todos estaban dentro del salón, hasta la profesora estaba ahí. Una vez más habíamos llegado tarde. Entramos y sin decir nada nos sentamos en nuestros respectivos lugares, al fondo de la clase.

Pude sentir la mirada de Laura sobre mí y me juré a mi mismo nunca más volver a hacerlo con una chica de la misma clase...

Bueno no, en realidad nunca sigo mis propias imposiciones. Soy egoísta y solo pienso en el momento.

Si ellas quieren ilusionarse con que su amor me hará abandonar el cigarrillo, la bebida, las mujeres y que harán de mí un hombre responsable y de bien, yo no soy quien para desengañarlas. Especialmente cuando este pensamiento las conduce más rápidamente a mi cama.

—Lo siento, he llegado tarde —dijo disculpándose con la profesora una morena.
Debía ser la chica nueva de la que hablaban Chaz & Ryan. Es bella, bonita. Tiene cara de niña pequeña, pero lo dejé pasar.

Ella tarde o temprano hallaría la forma de abordarme.
Las chicas con sus características normalmente son las que mas sueñan con hallar a su sapo (yo) Y convertirlo en príncipe (yo en los eventos sociales de mi padre).

—A ver si aprenden ustedes tres, de esta chica —nos reprendió la profesora de estadística descriptiva.

Ni en mis peores pesadillas me imaginé que derecho seria tan aburrido, pero todo sea por quedarme con el dinero de mi padre. Todo sea por hacer lo que él
me pide y que no le haga daño a ella…

—No entiendo por que —me hice el inocente —¿Acaso no llegamos nosotros antes que ella?

Toda la clase me volteo a verme, que me encontraba en el último banco de la fila del medio.

—Usted sabe a que me refiero Alfonso ¿Qué es eso de llegar y no disculparse por su retraso? Eso es una descortesía —me dijo.

Torcí el gesto y me levante "Estúpida Universidad formativa".

—Lo siento, Mary —dije condescendiente mientras me acercaba a ella —Pero creí que no querías que mis compañeros se enteraran de lo nuestro.

Chaz y Ryan se quedaron en sus bancos mientras revoleaban los ojos y ponían su atención en cualquier otra cosa.

Por que aquí venia yo de nuevo a retar a la autoridad mientras que los demás en la clase me miraban con los ojos abiertos como platos.

Excepto por la chica nueva que me miraba como si estuviese fastidiada de mí, desde el momento en que le contesté a la profesora.

—¡Fuera de mi clase Alfonso! —me gritó exasperada.
—Ves, no querías que lo supieran —le dije.
—¡Que salgas de mi clase! —me dijo enojada.
—Bien, ya me voy —le dije.

Fui por mis libros y mis cosas. Miré a toda la clase y seguían mirándome sin poder creerlo. Volví mi vista a la nueva, ella tenía su atención en otra cosa. Al parecer mi forma de comportarme no la había sorprendió. Solo la estaba fastidiando.

—Apúrate Alfonso —me exigió la profesora.

—Ya, ya —dije exasperado.

Caminé entre los bancos y me acerqué a la nueva. Ella levantó su vista y me miró. Frunció el ceño y le sonreí levemente.

Me incliné un poco y la besé en los labios. Sus ojos estaban bien abiertos al igual que los míos. Se quedó quieta sin hacer nada.

Escuché los murmullos de mis compañeros y a lo lejos la risa de Ryan. Mordí un poco su labio inferior y luego rocé un poco mi lengua cuando ella abrió los labios un poco más.

—¡¿Qué estás haciendo Alfonso?! —me gritó la profesora.
—Bienvenida —le dije.


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