miércoles, 31 de julio de 2013

CAPITULO 39





Ella me miró fijo a los ojos, sin decir absolutamente nada por unos cuantos segundos. Yo estaba por decir algo…
—No, yo no tengo nada que pensar —me dijo —No quiero nada contigo…
—¡Eres una necia! —le dije nervioso —¡Ni siquiera porque el chico más sincero y bueno del mundo te lo dice quieres entender!
—¿Y tú? ¿Acaso lo pensarías? No Pedro, ¡No seas cínico! A la primera falda fácil que pase frente a ti, te irás corriendo detrás de ella.
—Tal vez tengas razón y no haya nada que pensar... teniendo en cuenta lo poco que me conoces para decir una cosa así —le dije algo molesto —Me ofendes.
—¿Acaso no es así? No me vengas con que te afecta eso ahora, porque no es verdad. Estoy completamente segura que tienes una lista más larga que la de un hospital publico de las mujeres con las que has salido —dijo enojada.
—¡Pero tú no eres una más de ellas! —le dije nervioso.
—¡¿No, no lo soy?! ¡¿Y que soy entonces?! —me preguntó con el mismo tono que yo utilicé.
La miré fijo, tratando de encontrar las palabras adecuadas. Pero tampoco exponerme tanto y decir una sarta de estupideces.
—Tú… tú eres lo mejor que he tenido —logré decir luego de un largo rato de silencio.
Entonces vi como sus ojos cambiaban esa forma acusadora, para mostrarme desconcierto y miedo. Ella no quería escuchar eso… no esperaba escuchar eso.
—¿Otro de tus estúpidos discursos de convencimiento? —preguntó y dio media vuelta para comenzar a caminar —Con Laura o cualquier otra estúpida puede funcionar Pedro, pero conmigo no —dijo sin dejar de caminar hacia su auto.
¡Diablos, ella era tan testaruda! ¡No quiere entenderlo, no quiere aceptarlo!
Digamos que yo tampoco, ¿verdad? Pero aun así, cuando logro decirle algo que me sale del corazón, no me cree. No quiere creerme.
—¡No es un discurso! ¡Es una afirmación! —le dije fuerte ya que se estaba subiendo al auto. Prendió marcha y salió rápidamente de allí. Solté un cansado suspiro y me subí a Betty —Tú siempre vas a estar conmigo, ¿verdad Betty? Eres la única mujer en mi vida que nunca me ha pedido nada… y a ti si puedo decirte que te amo Betty.
La prendí y comencé a manejar hacia mi casa. Me puse a pensar un poco en como estuvieron las cosas en general. Y bueno, no todo salió mal. Por lo menos Pettyfer comprendió que no podía hacer nada con Paula, pues ella es mía.
¿Es mía? ¿Acaso puedo utilizar ese término?
Si, claro que puedo usarlo. Porque aunque lo niegue, aunque no lo acepte, aunque quiera huir y esconderse, ella sabe que es mía.
Y ahora que Alex se hizo a un lado, ya puedo estar tranquilo. En realidad no puedo estar muy tranquilo. Porque en cualquier momento puede salir el psicópata de Pattinson al ataque y querer hacerle algo a mi paula.
Ay Paula, va a ser tan complicado hacerte entender que no eres como las demás. Hasta para mi es complicado de entender. Pero creo que poco a poco me voy dando cuenta de que es así. Pero quizás no lo sea, ¿Y si quizás estoy confundido?
Tal vez lo que me pasa con Paula es pasajero. Yo no quiero lastimarla, ella no se lo merece. Es una buena chica… es una chica inteligente, hermosa, simpática, dulce. Tiene una mirada que logra dejarte hecho un idiota. Y esa forma tan excitante y al mismo tiempo relajante de besar… que juro que podría estar horas y horas simplemente besándola. Pero ya, ya, ya, ya no voy a seguir pensando en esas cosas. No tienen sentido.
Llegué a casa y cuando entré mi celular comenzó a sonar. Lo tomé y miré la pantalla. Número privado, que extraño. Fruncí el ceño y decidí contestar.
—¿Hola? —dije al atender. No obtuve ninguna respuesta —Hola, ¿Quién habla? —nadie contesto. Volví a mirar la pantalla, la llamada aun estaba —Paula, ¿eres tú cariño? ¿No quieres hablarme? —entonces la llamada se cortó. Miré la pantalla y si se había finalizado.
No, esa no había sido Paula. Ella sería incapaz de llamarme. Pero, ¿Quién pudo ser?
¿Mi padre? No lo creo.
¿Laura? Puede ser.
Pero de seguro que fue alguna de las locas esas que esta atrás mío y llamó solo para escuchar mi masculina e irresistible voz.
El fin de semana se pasó rápidamente, ya que solo me quedaba por disfrutar el domingo. Ese día me quedé en casa todo el día cocinando con Rose. Y como siempre que ella tenía oportunidad, lograba preguntarme por Paula. Yo no se porque será, pero no entiendo porque la quiere tanto. Aunque esa pequeña caja de mentiras es fácil de querer.
Apresuré un poco mi pasó para llegar más rápido al despacho del rector

Me habían sacado de la clase de economía porque él me había mandado a llamar. No se porque motivo será, pues hace mucho que no hago ningún lío o me meto en problemas. Y hoy era miércoles mitad de semana… me puse a pensar un poco si había hecho algo malo, pero no, verdaderamente no hice nada de nada.
Toqué dos veces la puerta de su despacho.
—Adelante —escuché que me decía. Con cuidado me asomé y él me miró —Pedro, pasa muchacho y cierra bien la puerta.
Asentí y entré del todo. Me hizo una seña para que me sentara frente a él y así lo hice. Acomodé mi garganta.
—¿Para que soy útil? —le pregunté ya que no me hablaba.
Él soltó un suspiro y me miró bien.
—¿Cómo has estado? —preguntó. Fruncí el ceño.
—Bien, normal —contesté algo confundido.
—¿Sabes? Estoy un poco sorprendido… últimamente no te he visto por aquí y también últimamente estas llegando temprano a las clases.
—Si, puede ser que algo me haya afectado un poco. Pero bueno ni modo, es para bien o ¿no?
—Claro que si, y estamos muy contentos. Este es el Pedro que queremos aquí, no el rebelde que le gusta meterse al jardín del campus en su ducati —me dijo.
Reí por lo bajo. Él sacó un cigarrillo y me pasó uno. Lo acepté con una leve sonrisa. Prendió el suyo y luego me dio el encendedor para prender el mío. Lo prendí y luego lo miré.
—¿Para que me mandó a llamar señor? —le pregunté después de soltar el humo de mi cigarro.
—¿Acaso no puedo llamarte para hablar contigo y preguntarte como estas? —me dijo.

—Si, si puede pero… ¿no le parece un poco extraño? —dije divertido.
—Bueno si, tienes razón. Te mande a llamar porque llegó algo para ti —dijo. Lo miré extrañado.
—¿Algo para mí? ¿Y que es? —pregunté.
Él abrió un cajón y sacó un sobre de carta de allí, lo colocó encima de la mesa y cerró el cajón. Me miró y acercó el sobre a mis ojos.
—Lo trajeron hoy por lo mañana y solo dice Pedro… y como eres el único Pedro en la Universidad deducimos que es para ti —me dijo. Miré fijo aquel sobre blanco que tenía solo mi nombre escrito atrás. Miré al rector y tomé la carta. Sentí un gran impulso por abrirla, pero me contuve. Algo me decía que debía abrirla solo y leerla en soledad.
—Luego la leo —le dije. El rector asintió con la cabeza y se apoyó mejor en su asiento. Volvió a fumar de su cigarrillo y soltó el humo.
—Puedes volver a clases —me dijo. Asentí y me puse de pie con el sobre en la mano.
Una sensación extraña se había apoderado de mí.
—Muchas gracias por la carta —dije antes de salir.
—No es nada, y cualquier cosa que necesites no dudes en avisarme, ¿si Alfonso?
—Quédese tranquilo señor, cualquier cosa le aviso —le dije y salí de allí.
Sin dejar de mirar el sobre entre mis manos caminé con cuidado al salón.
¿De quien podrá ser? Lo único que dice el sobre es pedro, escrito con una letra linda y redonda. Es letra de mujer, estoy completamente seguro de ello. Quizás tengo una admiradora secreta que ahora se va a dedicar a mandarme cartas de amor, y mensajitos por todos lados.

Me reí para mis adentros al pensar en eso. Pero algo me decía que nada tenía que ver con chicas.
Llegué al salón y entré. Me senté de nuevo en mi lugar, justo al lado de Ryan.
—¿Qué pasó? —me preguntó —¿Qué hiciste ahora?
—No, nada. Solo me llamó para darme esto —le dije y le enseñé el sobre.
—¿Una carta? —dijo confundido.
—Si, no tiene remitente ni nada —dije.
—¿Y que estas esperando para abrirla y leerla? —preguntó y quiso abrirla. Se la quité.
—No, no quiero leerla aun. Luego la leeré solo.
El resto del día me la pasé pensando en la carta. Luego de que el rector me la diera y se la mostrara a Ryan había decidido guardarla y leerla en otro momento… algo me decía que no debía leerla, pero mi otra voz me decía que si.
Hoy Paula no había venido a clases, por lo que me dijo Ash, había tenido un problema con su padre y había estado un poco mal por ello. Pobre mi pequeña cajita de mentiras. Me hubiese gustado darle un abrazo. Y por causa de que ella no había venido, no había podido poner mi cabeza en otra cosa que no fuera la carta.
Decidí escaparme del taller de música porque las ganas de leer la carta ya me estaban consumiendo. Salí de allí silenciosamente. Tomé con firmeza mi mochila y caminé hasta el jardín del lugar. Gracias a dios no había nadie allí. Me acerqué hasta el viejo árbol y me eché bajo el.
Respiré en fresco aire y busque entre mis cosas el sobre blanco. Lo volví a mirar bien y entonces tomé valor para abrirlo.

Saque de allí un papel que estaba doblado en varias partes, ya que era un papel muy largo y estaba completamente escrito de adelante y de atrás. Di un gran respiro y comencé a leer.

Pedro:
O mejor sería poner, Hijo. Hace tanto tiempo cariño, hace tantos años que vengo buscando la forma de llegar a ti, de comunicarme contigo. Pero siempre hay algo que me lo impide.
¿Por dónde puedo empezar mi amor? Tengo tantas preguntas y estoy segura de que tú también las tienes. Antes que nada quiero pedirte perdón, perdón mi amor por no haber sido lo suficientemente fuerte para pelear por ti. Quiero pedirte perdón por dejarte, por no cuidarte durante todos estos años. Perdón hijo mío, es algo que te pido de corazón. Y se que tal vez no puedas perdonarme… y te entiendo, pero quiero que sepas que jamás me olvide de ti. Me comporté como una cobarde, no pude hacerle frente a Horacio. Él… él logro lo que quería, alejarme de ti.
Creciste mi amor, y lo hiciste lejos de mí. No sabes las noches que lloré, pensando en tu miedo a la oscuridad. ¿Quién iba a arroparte si yo no estaba ahí? ¿Quién iba a abrazarte para que el miedo se fuera? Los días en los que me la pasaba pensando en tu carita de tristeza, en tus ojos  llenos de lágrimas.
¡Oh hijo, esa imagen tuya, esa mirada tuya aun no salen de mi cabeza! Las pequeñas lágrimas que corrían por tus mejillas esa noche, aun me torturan. Tu voz quebrada al decirme ‘adiós mamá’ retumba en mi cabeza.

Y me odio, y me detesto por no haber podido evitarte todo eso. Te arrancaron de mi lado Pedro, me alejaron de ti de la peor manera. Y yo no hice nada, no hice absolutamente nada.
Pedro, mi vida, yo quiero que sepas que en todos estos años no hubo un solo día en que yo no pensara en ti. Juro que me imagino lo hermoso que debes de estar. Es que pienso en eso y mis ojos se llenan de lágrimas. Siempre fuiste un niño hermoso, y no lo digo por ser tu madre, no. Lo digo porque así era mi amor, eras el más bello de todos. Y estoy segura de que ahora también lo eres.
Y también estoy completamente segura de que eres un Don Juan, mi intuición de madre me dijo eso cuando cumpliste 14 años. Y si eso es así jovencito, creo que algún día vamos a tener que hablar muy seriamente sobre ello. No sabes las veces que me imagine retándote por algo, y que luego arreglas el problema con algún halago o sonrisita compradora.
Siempre imaginé el día en que me trajeras a tu primera novia a casa… Y creo que eso aun no sucede Pedro, ¿estoy en lo correcto, verdad? Tantas cosas mi amor, tantas cosas que me imagino. Tantas cosas que se que perdí y no voy a volver a recuperarlas. Todas esas cosas que perdí provocaron un vacío en mí.
El día en que tu padre te alejó de mí, se llevó un pedazo de mi corazón. Y creo que en este momento te debes de estar preguntando, ¿Por qué te escribo ahora y no lo hice antes? Es que yo si lo hice hijo, siempre te escribía cartas.

Pero tu padre encontraba la forma de saber cuando iba a mandarla y se encargaba de que nunca te llegaran. Por eso esta vez me arriesgué y mandé la carta directamente a la Universidad en la que estas. No puedo creer que ya estés en la Universidad. Ya eres todo un hombre, estudiando derecho. Tengo tantas cosas para contarte mi amor.
Luego de que tu padre te llevara, intenté rehacer mi vida con Ben, y de a poco lo hice. Ben es un hombre maravilloso, siempre estuvo a mi lado cuando… sentía que no tenía más fuerzas para continuar viviendo sin ti. Siempre encontraba las palabras correctas para sacarme adelante y darme la esperanza de que algún día iba a volver a verte.
Pero no solo me dio eso, hace cinco años Ben me dio el segundo regalo más grande de mi vida. Se llama Hope y es una niña hermosa. Tienes tus ojos, y creo que heredó esa forma convincente y aduladora para salir de los problemas. Y eso que apenas tiene cinco años. Siempre le habló de ti, siempre le digo que tiene un hermano mayor y le muestro fotos tuyas de cuando eras un niño. Ella las mira y dice: Ese es mi hermano, Pedro, y esta tan orgullosa de ti.
Tienes que conocerla, se van a llevar tan bien… Y creo que hasta aquí puedo llegar mi vida, porque las lágrimas me están nublando la vista. Nunca olvides que te amo Pedro, y eres lo más grande que dios me ha dado.

Ana....



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CAPITULO 38




—Pero ¿Por qué? —preguntó Chaz.
—Porque me pidió que me fuera y no me fui y le dije que hoy iríamos los tres al partido de los lakers le gustara o no, y entonces ella me dijo que si quería jugar que jugara, pero que ella también iba a hacerlo —les conté.
—¡Un momento! ¿Acabas de decir partido de los lakers? —dijo Chaz.
—¿Llevaras a Paula y a Alex al partido? —dijo sin poder creerlo Ryan.
—¡Bueno! No podía dejar que salieran hoy y perderme el partido por estar detrás de ellos. Algo tenía que hacer... y no se me ocurrió mejor cosa que invitarlos al partido —me defendí.
—No puedo creerlo, ¿Qué te pasó amigo? De verdad esto ya me preocupa —dijo Bleu.
—Quiero llorar, quiero... quiero a tu prima Pedro—habló Ryan.
—¿Acaso tu también vas a querer un psicólogo? —le preguntó Chaz.
—¿Podríamos ir por orden y concentrarnos en mi problema? Después vamos a todos los problemas de ustedes —les dije.
—Tu problema es simple y sencillo... tienes que ir agarrar a Paula y decirle:Paula yo no se en que momento pasó, ni como. Pero te amo, y no puedo dejar de pensar en ti... me he vuelto un completo Idiota... un poco más de lo que ya era. Y ahora todo mi mundo depende de ti... de tu mirada, de tu sonrisa. Solo quiero estar contigo y que seamos felices. Por favor, se mía para siempre —habló cursimente. Chaz y yo estallamos en risas. ¡Oh dios, eso no podía ser cierto!
—¿Eso es lo que estas pensando decirle a mi prima? Te lo digo amigo, se te va a reír en la cara. Eres demasiado cursi…
—Que bajo concepto tienes de Ashley, es mujer todas las mujeres se derriten quieran o no con esas cosas. Pueden comprobarlo ¿Cuántas veces usaron a Neruda o a sus equivalentes para conquistar a una mujer? —nos preguntó.
—Tienes razón —dijo Chaz.
—La única diferencia es que esta vez cuando se lo diga, si es que me animo a decirle le hablaré desde el corazón —dijo totalmente cursi. Fruncí el ceño.
—Hermano... me emocionas. Eso se llama tener los pantalones bien puestos y amor por otra persona además de ti —lo felicitó Chaz.
—Lo se, la diferencia entre Pedro y yo es que yo se cuando ser humilde —se defendió.
—Ustedes dos no me están ayudando... solo me están hundiendo —les reproché.
—No es eso Pedro, sino que intentamos hacer que entiendas que no todo en la vida es sexo y atracción física... esta permitido que sientas amor por la chica con la que te acuestas —me aclaró Chaz.
—Pero yo no quiero sentir amor —le dije.
—¿Por qué? —preguntó Murillo.
—Porque no sirvo para sentir amor —aseguré. Porque cuando se siente amor y lo pierdes... es un dolor terrible. No quiero volver a sentir una cosa así
—Todos servimos para sentir amor Pedro… no seas terco piénsalo así. Imagínate que Paula se enamora de Pettyfer y empiezan a salir —me dio un ejemplo Chaz.
—¿Cómo vas a sentirte? —dijo Ryan.
—Antes de que eso suceda lo mato —dije simplemente.
—Dile lo que sientes antes de que sea demasiado tarde.
—Y la pierdas para siempre...
¿Para siempre? Para siempre es una palabra demasiado grande. Pero entonces me puse a pensar un poco en aquello. ¿Cómo sería perder algo que nunca tuve? ¿Cómo sería perder a alguien que no se si amo? Entonces miré la hora en la pared de la cocina y ya eran las 7 de la tarde. Maldición iba a llegar tarde, y no podía permitirme eso.
—Muchachos debo irme, llegare tarde al partido. Son unos pésimos psicólogos, pero igual se los agradezco. Prometo que iremos los tres juntos al próximo juego —les dije.
—Eres una rata —me acusó Ryan.
—Mal agradecido.... cuando te des cuenta de lo que hablamos va a ser demasiado tarde, y no estaremos aquí para escucharte —dijo Chaz.
—Adiós —dije revoleando los ojos y colgué el teléfono.
Tomé mi abrigo y las entradas. Y salí de mi departamento. Esta vez no dejaría a Betty en casa, ella era la única que merecía todo mi amor y respeto. Prendí marcha hacia el estadio, y llegué más rápido de lo que esperaba. Dejé a Betty y vi como el auto de Paula llegaba al lugar. Estacionó justo frente a mí. Alex se bajó y del otro lado Paula. Ambos me miraron.
—Apúrense que llegamos tarde —les dije.
Le dedique una rápida mirada a Paula.

Ella solo atinó a mirar hacia otro lado. Alex se acercó a mí y me saludó amable. Tomando el brazo a su acompañante, Paula miró a su alrededor como inspeccionando el lugar. Les indiqué por donde teníamos que ir. Nos acercamos al hombre y les entregué las entradas. Asintió con la cabeza y nos dijo que lo siguiéramos. Estábamos en la fila 2 de la parte VIP, miré a mí alrededor y vi varias personas conocidas. Un viejo amigo se giró a verme cuando nos sentamos detrás de él.
—¡pedro! ¿Cómo estás tanto tiempo? —me dijo y me tendió la mano. La tomé y le sonreí.
—¿Qué tal Leo? ¿Cómo te trata la vida? —le dije. Él rió levemente.
—Bien, bien aquí relajándome un poco mirando al equipo. No pude comunicarme contigo pero… tu donación para las causas ecológicas fue muuuuy buena. Era lo que nos faltaba para completar —me dijo.
—Me alegro por ello —dije y miré a Paula, que lo miraba perpleja. Sonreí por lo bajo —Lo siento, no los presenté. Ella es Paula una ‘amiga’
—Es un placer Paula —le dijo él —Tienes un excelente amigo…
—Si, ya lo creo —dijo ella por lo bajo. Le presenté a Pettyfer y luego hablamos un poco más. Hasta que Leo se concentró en otra conversación. Me senté bien en mi asiento.
—¿Cómo conoces a Leonardo Di caprio? —me preguntó ella sin poder creerlo.
—Conozco a mucha gente cariño, y no soy tan insensible y egoísta como dices que soy. Te podrías sorprender —le dije. Una voz grave avisó que el partido estaba por comenzar.

Estiré mi cabeza para mirar a Pettyfer, ya que, Paula se encontraba en medio de ambos —¿Cómo va todo Pettyfer?
—Bien, bien —me dijo él divertido —No sabía que conocías a gente del espectáculo.
—Conozco a gente de todos lados —dije divertido.
—Principalmente de la noche —aseguró Paula.
—Si tú lo dices —dije y volví mi vista al frente.
El partido comenzó, los lakers salieron a la cancha y todos nos pusimos de pie para aplaudirlos y gritar. El equipo contrario también salió y al minuto el partido comenzó. Los minutos comenzaban a pasar y el partido se ponía cada vez más interesante. Hasta que mis ojos se posaron en las manos de Paula y Alex. Estaban entrelazadas y apoyadas sobre el apoya brazos del asiento. Sentí una pequeña presión en el pecho y unas ganas tremendas de separarlos. Paula se puso de pie y soltó la mano de Alex cuando nuestro equipo perdió un excelente punto.
—Son unos muertos —aseguró mientras volvía a sentarse. Alex rió divertido.
—Oye, ¿quieren que vaya por algo de tomar? —preguntó.
—Si, por favor —le dije.
—Yo quiero una botella de agua Alex —le dijo dulce ella.
—Está bien, ahora vuelvo —dijo y se puso de pie.
Al instante en que se fue, la voz del parlante nos avisó que el entretiempo había empezado. Miré a Paula, pero ella no me miró.
—¿Cómo estás? —le pregunté luego de unos segundos de silencio.
—Bien —contestó simplemente.
—¿Me… me perdonas? —le dije. Ella se giró a verme algo sorprendida.
—¿Por qué? —me dijo.

—Por lo de anoche —musité y sin pensarlo tomé su mano con la mía —Yo fui un imbécil… no debí hacerlo. Pero sabes como soy, soy impulsivo —ella miró el agarre de nuestras manos, y luego levantó su vista a la mía. Era como si escuchar eso de mí, no hubiese sido cierto. Entonces levanté mi mano y acomodé un mechón de su cabello detrás de su oreja. De repente sentí que todo el mundo estaba mirándonos. Giré mi cabeza y vi nuestra imagen en una de las pantallas gigantes del estadio. Volví mi vista a Paula y ella también miró a su alrededor.
—Si, si muchachos. Están en la besa-cam —habló la voz del locutor del partido.
Seguí mirando a mí alrededor.
—Beso, beso, beso —la gente comenzó a decir. Paula negó efusivamente con la cabeza, haciendo que el canto de la gente se intensificara. Miró a la pantalla y miró a la gente.
—No, no. Ella vino con alguien más —dije haciéndome el inocente.
¡Diablos, si ella se entera que esto esta planeado es capaz de asesinarme!
—Beso, beso, beso —la gente seguía insistiendo.
—Vamos chicos, no hagan que la gente se ponga molesta… bésense. Queremos un lindo beso. Vamos que hacen una linda pareja —habló la voz por todo el estadio.Paula miró a su alrededor para percatarse de que Alex no estaba por ahí. Me miró y luego miró a la gente.
—¡Esta bien! ¿Quieren un beso? —preguntó.
Las personas que estaban cerca asintieron. Entonces ella se acercó a mí y chocó sus labios con los míos.

Suavemente tomé su rostro y dejé nuestras bocas quietas, pues no creo que sea correcto con tanta gente mirando. Las personas comenzaron a aplaudir, creo que satisfechas.
—Eso es —dijo el locutor —Ahí tienen un amor joven…
Ella se alejó de mí y volvió su vista al frente.
—No puedo creer que esto me pase a mí, es increíble —dijo algo molesta.
Sonreí por lo bajo y de pronto llegó Alex cargado con cosas.
—Lo siento si me tardé, pero había mucha gente —se disculpó y se sentó.
Le dio el agua a Paula y a mi me alcanzó una gaseosa igual que él. El partido volvió a comenzar. Pero esta vez Paula no tomó la mano de Pettyfer, pero tampoco tomó la mía. Eso solo puede decir que ella esta confundida. Y creo que eso tampoco es algo de ahora, ¿verdad? Lo se, lo se. Soné como un verdadero estúpido al razonar aquello. El partido terminó. Los lakers ganaron por amplio margen de diferencia. Nos pusimos de pie y con cuidado salimos de allí.
—¿Me esperan afuera? Necesito ir al baño —dijo Paula.
—Si, si, si —le dije —Ve tranquila —alejándose de nosotros caminó por un pasillo. Miré a Alex y ambos caminamos para salir afuera.
—Buen partido, ¿verdad? —me dijo.
—Excelente partido —le dije mientras nos acercábamos más a nuestros coches.
Ambos giramos la cabeza para ver como una enojada Paula se dirigía hacia nosotros. Se paró en seco delante de mí.
—¡No puedo creer que fuiste capaz de hacer eso! —me dijo nerviosa.
—¿De que hablas? —le pregunté.

—¿De que hablo? ¡¿De que habló?! —preguntó histérica —¡Le pagaste al chico de la cámara para que nos apuntara!
—¡Bueno si, lo hice! ¿Y que? —le pregunté alzando un poco mi voz.
—¡Eres un manipulador horrible! ¡Te odio, eres de lo peor pedro! ¡Y encima en un momento te creí el tema del perdón!
—¡Pues creo que ayer fuiste muy clara cuando me dijiste que ibas a jugar! ¡Pues yo también estoy jugando!
—¡Por dios, ya basta! —dijo Alex alzando su voz. Ambos nos giramos a verlo —¿Acaso van a seguir dando vueltas?
—¿De que hablas Alex? —le preguntó Paula.
—¡De esto! ¡De ustedes! Ya dejen de pelear solo para ocultar lo que les pasa —nos dijo.
—Amigo, creo que perdiste un tornillo —le dije.
—Si, tal vez si… pero ustedes están perdiendo el tiempo. Ya no lo oculten, hasta el mas Idiota de los idiotas se daría cuenta de que ustedes se quieren —dijo haciendo un gesto con los hombros. Paula y yo nos miramos para luego estallar en risas.
—Es broma ¿cierto? Por si no te has dado cuenta ella es una histérica voluble que me quiere enloquecer cada vez que tiene oportunidad —le dije y miré a Paula.
—Y él simplemente es un idiota —dijo ella sin dejar de mirarlo.
—Lo que sea muchachos, ustedes ríanse, insúltense, ódiense. Pero la cruda verdad les va a caer encima para aplastarlos —nos dijo. Soltó un suspiro y se acercó a Paula —Paula eres hermosa, eres la chica ideal para un chico como yo... encantado ya te hubiese presentado a mi madre. Pero yo no soy para ti —le dijo
. Soltó su mano y me miró —Ustedes dos son el perfecto ejemplo del amor opuesto.
—Alex… —dijo ella.
—Yo seré tu amigo Paula, podrás contar conmigo para lo que sea. Pero es con él con quien tienes que estar.
—Estoy de acuerdo con eso —dije asintiendo.
—Y tú no seas tonto, pedro. No hay muchas como ella, y creo que eres conciente de ello —me dijo y miré a Paula —Ahora debo irme, tengo que hacer unas cosas. Pero no sean tontos y piensen —comenzó a caminar para alejarse de nosotros. Ninguno dijo nada, él nos había dejado con la palabra en la boca. Giré mi cabeza para mirarla.
—¿Vas a pensarlo? —le pregunté.


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CAPITULO 37




Sonrió levemente y se sentó bien en el asiento.
—Alex —dijo divertida —Si, ya llegué a casa… estoy por entrar.
Me miró y abrió la puerta del auto, se bajó y la cerró. Sin dejar de hablar y de sonreír me saludó con la mano, en una forma, debo decir, burlona.
Vi como se alejaba caminando hacia el edificio. Y ahora si, Pettyfer no tendrá mi voto el año que viene. Si ese maldito celular no hubiese sonado, en este momento estaría saboreando  sus labios. Pero yo no soy así, yo no me voy a quedar con las ganas de besarla.
Rápidamente me bajé del auto y de la misma manera comencé a acercarme a ella.
—Está bien, adiós —escuché que decía y colgaba.
Entonces la tomé del brazo y la giré hacia mí.
—Pedro, ¿Qué haces?
Al instante tomé su boca con la mía, colocando mi mano en su nuca, para impedirle escapar. Moví mis labios sobre los suyos, de manera exigente, de manera dominante. Ella lograba que me sintiera desesperado por besarla. Logró despegarse apenas de mí.
—No pedro, basta —dijo agitada. La callé besándola de nuevo. A paso ciego comencé a caminar, haciendo que ella caminara hacia atrás. Se volvió a alejar —No, no vas a subir conmigo.
—¿Por qué no? —le pregunté con la voz algo ronca.
—Porque… porque esta tu prima arriba y no quiero que subas.
—Entonces vamos a casa —dije y besé su boca cortamente.
—No tampoco… vete —me dijo.
La solté por un segundo y tomé mi celular. Marqué el número de mi prima y esperé a que me contestara.
—¡Contigo quería hablar! ¿Se puede saber que estas haciendo en la cita de Paula? ¿Cuál es tu problema Pedro? —me preguntó.
—¿Dónde estás Ashley? —le pregunté.
Los ojos de Paula se abrieron bien y quiso hablar, pero coloque uno de mis dedos sobre sus labios.
—En casa tonto, ¿Dónde más voy a estar? —me contestó. Sonreí levemente.
—Eso es todo lo que quería saber primita, muchas gracias.
—Pero…
Corté antes de que siguiera diciéndome cosas. Miré intensamente a Paula. Ella era una pequeña mentirosa, pero no iba a salirse con la suya.
—Ashley no esta aquí —le dije.
Volví a capturar su boca en un caliente beso. Ella no pudo reprimir un leve gemido que escapó de sus labios.
Entonces comencé a caminar de nuevo. De una u otra forma entramos al edificio. De una u otra forma logramos subir al ascensor, todo esto sin dejar de besarnos.
La apoyé levemente contra el espejo del ascensor y me alejé de sus labios para besar su mentón, y su cuello.
La caja de metal se detuvo en el piso 6. Casi desesperado logré abrir la puerta. Salimos y la tomé de la cintura apegándola a mí otra vez.
A ciegas volvimos a caminar hasta chocar contra la puerta del departamento. Busqué las llaves dentro del bolsillo de su abrigo y logré abrir…
Cerré la puerta detrás de nosotros, y alejándome apenas de sus labios para poder respirar me quité la chaqueta. Ella se quitó el abrigo. Caminamos un poco más cuando nuestros labios volvieron a juntarse, y caímos pesadamente sobre el sillón.
Caí sobre ella, ganándome un nuevo gemido. La besé más profundamente que antes, haciendo que el aire realmente nos faltara. Bajé mi mano por el contorno definido de su cuerpo, acariciándola sobre la suave tela de su ropa.
—No, no… por favor pedro. Déjame —me pidió cuando solté sus labios y bajé a su cuello.
No, ella no podía pedirme eso. Simplemente no podía…
—¿De verdad quieres que te deje? —le pregunté en un susurró cerca de su oído.
—Si, si… vete. Ya no más Pedro, ya no quiero más esto ¿no lo entiendes? No quiero ser un juguete con el que te diviertes un rato, no quiero serlo.
Entonces me alejé de ella para mirarla a los ojos. Sus ojos estaban vidriosos y me maldije a mi mismo por ello. Me alejé completamente de ella y me puse de pie.
Caminé hasta la puerta y tomé mi chaqueta que estaba en el suelo. Me giré a verla. Su mirada vidriosa, sus labios rojos, me hicieron darme cuenta de lo insensible que puedo llegar a ser.
—Tú no eres un juguete para mí —le dije y salí de allí antes de causarle más daño.
Llegué a mi casa y gracias a dios Ashley no estaba levantada, no quería escuchar reclamos e insultos en este momento. Me cambié y me tiré en el sillón. Me acosté boca a bajo y cerré mis ojos para intentar dormir…

Abrí un ojo por el sonido que acababa de provocar el microondas. Levanté un poco mi cabeza y miré a prima en la cocina.
—Ashley —dije con la voz dormida —¿Por qué no dejas de hacer ese ruido?
—No hablo con arruinadores de citas —me dijo y siguió haciendo aquel molesto sonido.
Me senté en el sillón y un maldito dolor se apoderó de todo mi cuerpo.
Creo que tendré que comprar somníferos si Paula va a tener este efecto en mí cada vez que pase algo entre nosotros. ¿Cuándo he dormido? ¿Tres horas?
Esto es terrible, encima me duele todo, como si hubiera dormido sobre una piedra. Aunque no estoy tan alejado de aquello.
Este maldito sillón terminara por dejarme paralítico en una silla de ruedas. Estirando mi cuerpo me puse de pie y camine hasta el baño. Me duché y salí para cambiarme y sentarme a la mesada en donde Ash había preparado todo el desayuno.
—¿Y mi nana? —le pregunté.
—Rose llamó hoy por la mañana diciendo que no podía venir porque Brutus tuvo que ser llevado al veterinario de urgencia porque se comió una moneda —me dijo ella sin mirarme.
—Pobre perrito, tan tonto —musité y pinché un pedazo de fruta para comer.
—No es el único —dijo y clavó su verde mirada en mí. Y aquí vamos con los sermones de Ashley  —Yo te juro que no te entiendo. No sé, si es porque realmente eres Estúpido o porque te gusta molestar a las personas.
—¿Terminaste primita? —le pregunté.
—¡No! —me chilló ofendida.
Me acerqué a ella y besé su mejilla ruidosamente, mientras ella intentaba alejarse.
Le revolví el cabello y le apreté los cachetes.
—Deja el sermón para después, por favor. Respeta mis sacrosantos alimentos —le pedí.
—Juro que eres tan complicado a veces y otras tan predecible y sencillo...
—Soy hombre primita es solo eso, no soy tan evolucionado como ustedes las mujeres. Soy básico y primitivo, por eso no me puedes entender a veces.
—Lo que no entiendo es lo que te pasa con Paula —me dijo.
La miré y bajé la mirada a mi comida.
—Ni yo mismo lo entiendo —susurré. Al parecer ella no me escuchó.
—Primero dices que quieres una noche con ella, bueno... obtuviste la noche que querías. Y ahora no puedes tolerar la idea de que salga con otro, y no quieres admitir que son celos. Pero estoy segura de que a ti no te va molestar salir con alguna huequita...
—Te dolerá la cabeza si sigues tratando de racionalizarlo, créeme hablo por experiencia propia.
—¿La amas? —me preguntó. Comencé a toser, ya que me atragante con el jugo que estaba tomando. Cuando logré estabilizarme un poco la miré.
—Define amar —le dije tosiendo un poco todavía.
—Simplemente amar Pedro… no lo se... no tiene una definición concreta. Es algo... un poco ilógico de donde lo mires. Es cuando te late rápido el corazón y no dejas de pensar en esa persona, estas así como idiotizado por ella y la ves en todos lados, por todas partes...
Me sentí bastante identificado, pero… no, eso no es así. Tenía que cambiar de tema.
—¿Tú sientes eso por Ryan? —le pregunté divertido.

Sus ojos  se abrieron bien y sus mejillas tomaron un poco de color.
—No, no ¿Por qué lo dices? —preguntó nerviosa.
—Porque se que no le eres indiferente a Ryan – dije pícaro.
Si en algo soy muy bueno, es en sacarle la vuelta a los temas que no me gustan. Terminamos de desayunar y limpiamos todo. Ya eran cerca de las 4 de la tarde. Se pasa rapidísimo la hora cuando hablas con tu prima, y en especial una prima como Ashley. Me tiré en el sillón a ver la tele. Pero miré el teléfono, necesito hablar con ellos.
Marqué el número de Chaz. Sonó una, sonó otra…
—¿Hola? —me dijo.
—Chaz —le dije.
—Pedro, hermano ¿Cómo estas? —preguntó.
—Aguarda un segundo en línea y no cortes —dije y apreté un botón de espera y marqué el número de Ryan.
—¿Diga? —dijo al atender.
—Ryan—hablé.
—Alfonso, amigo que sorpresa ¿Dónde estás? —dijo.
—Espera un segundo —le dije y apreté el botón que había apretado antes —¿Me escuchan los dos?
—¿Qué sucede? —preguntó Chaz.
—¿Chaz? —dijo Ryan.
—¿Ryan? —dijo Chaz.
—Bueno, escúchenme —les dije mirando fijamente al teléfono.
—¿Que paso ahora pequeño saltamontes? —me dijo Chaz.
—Necesito contarles mis problemas —sentencié.
—¿Vas a usarnos de psicólogos? ¿Acaso no puedes contactar a uno de verdad? —dijo Ryan.
—Ustedes me salen gratis —dije sonriente.
—Estas lleno de  dinero busca un profesional, estaba apunto de llamar a Emi —se quejó Chaz. Entrecerré los ojos y miré mal el teléfono, como si él pudiera verme.

—La dominante de tu novia puede esperar, tengo problemas —le dije.
—Bueno ya, ya... él tiene razón Chaz, luego nos quejamos cuando no sabemos que le pasa —me defendió mi buen amigo Murillo.
—Esta bien, que comience la sesión. ¿Estas sentado y cómodo? Relájate y suelta la lengua de una vez —dijo Chaz.
—En este último tiempo me he estado mirando al espejo... y no me reconozco. No sé quien es el que se esta mirando —comencé a hablar.
—Pero si no estas gordo. Es más estas como más trabajado que nunca —me dijo Ryan.
—No puedo creer que hayas dicho eso... ¿Acaso no te das cuenta que esta hablando de su forma de ser, no de su estado físico? —lo retó Chaz —Continua pedro…
—Me siento... me siento como cuando tenia 7 años y no sabia que sabor de helado comprar —continué.
—Estás confundido entonces —dijo Ryan
—No, no es solo eso. Me siento un inepto para tomar decisiones, un manipulador egoísta a la hora de pensar en alguien más —conté.
—Pero es que eres un inepto para tomar decisiones —dijo Bleu —¿Piénsalo que decisión importante has tomado en los últimos años?
—Y si eres un manipulador egoísta. Ash me habló anoche para decirme que te sacara de la cita de Paula —dijo Murillo.
—¿Te metiste en la cita de Paula? —preguntó sin poder creerlo.
—Tal vez, bueno si, si me metí. Y si soy un manipulador egoísta pero antes no me hubiera importado, hasta lo hubiera tomado como halago ¿Por qué ahora si me importa? Y lo de las decisiones, tome una sola a los 9 años y no me arrepiento de haberla tomado así me este llevando el diablo por haberlo hecho —dije muy seguro de aquello.
—Y ahora te puede importar por una sola cosa —habló Ryan.
—Estás enamorado —sentenció Chaz.
—Y me podrían explicar ¿Qué es eso? Por que no entiendo el concepto. No esta en mi, irremediablemente terminaré arruinándolo, lo se. De hecho creo que todo el mundo lo sabe —dije algo nervioso.
—Pero primero lo primero amigo —dijo Chaz.
—¿Estas enamorado de Paula? —preguntó Ryan.
—Es que eso no tiene sentido. No puedo estar enamorado de ella, porque simplemente es algo que no quiero sentir y que... no conozco y que...
—Ya deja de querer ponerle patas y pelos... estás enamorado y punto —me interrumpió Chaz.
—Si, sino no harías todas las cosas que haces —Agregó Murillo.
—¿Que hiciste ayer en su cita? —preguntó Chaz.
—Bueno yo... llegué y me senté con ellos a cenar. Toque a Paula por debajo de la mesa... aunque vale decir que ella comenzó —me defendí.
—¿La tocaste? eres un cerdo —me acusó Murillo.
—Ella comenzó —me queje


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martes, 30 de julio de 2013

CAPITULO 36




Volvimos a entrar y ella se sentó a la mesa sin dejar de sonreírle a Pettyfer. Él nos miró consecutivamente y sonrió levemente esperando escuchar algo.
—Alex, mañana vamos al partido con Pedro —le dijo ella. El rubio sonrió.
—¿De verdad? ¿No te molesta? Paula, si no quieres ir… podemos ir al cine como habíamos acordado.
—Tranquilo Alex, vamos a ver el partido. La vamos a pasar bien igual que en el cine —dijo ella y apoyó su mano sobre la de él.
La miré de reojo, ¿Con que ese era su plan, verdad?
—¿Qué pediste para cenar Pettyfer? —le pregunté. Él me miró.
—Mmm, bueno pedí algo simple y rico. Pastas —dijo él.
—Lamento decirte Alex que Paula es…
—Vegetariana —me interrumpió él —Lo se. Por eso para ella pedí una pasta especial, de sémola con una salsa de espinaca.
—Eres tan considerado —le dijo ella.
—Lo mereces —le dijo galante. ¡Ya no iba a poder tolerarlo!
—¿Y como van las cosas en el centro Alex? —le dije para que pusiera su atención en otro cosa y dejara de mirar a Paula.
—Por ahora todo marcha sobre ruedas. La semana pasaba tuve una reunión con el rector y el director de la administración. Vamos a hacer un nuevo proyecto basado en mejorar las condiciones de los laboratorios y talleres.
—Si, he escuchado un poco de eso. Todo el mundo esta muy conforme con tu mandato —le dije divertido. Él rió.
—Yo no lo llamaría así. Solo soy un alumno más que fue elegido por el resto del alumnado para hacerle llegar sus quejas e ideas a las autoridades —dijo condescendiente.
—No seas modesto —le dijo Paula, haciendo que ambos la miráramos —Eres un gran presidente… si yo hubiese estado cuando te postulaste te aseguró que te hubiese dado mi voto.
—Serías una excelente asesora de campaña —dijo divertido.
—¿Lo crees? —preguntó ella.
—Si, eres así como especial para esas cosas —dije metiéndome en su conversación —Te gusta mucho el tema de hablar, de opinar sobre la gente… tienes la palabra fácil.
—Ella tiene ese carácter fuerte y decidió, como todas las mujeres que saben de política y esas cosas —me dijo él. Lo miré.
—Si, principalmente porque miente muy bien —dije divertido.
Sentí como una pequeña mano se apoyaba sobre mi rodilla. Mis ojos se abrieron bien y mi cuerpo dio un pequeño respingo sobre la silla.
—¿Sabes Alex? Ayer encontré ese libro del que hablamos el otro día —le dijo ella. Su mano comenzó a acariciar mi rodilla, por debajo de la mesa. ¡Oh diablos, este si era su maldito plan!
—¿A sí? —dijo él algo sorprendido —¿Has podido leerlo?
—Muy poco —dijo ella sin dejar de mirarlo a él.
Ellos seguían hablando, pero mi cabeza estaba demasiado distraída como para prestarles atención. Tragué saliva. Su mano apretó mi rodilla sutilmente, haciéndome recordar que así también lo había hecho la otra noche.
Entonces mi respiración comenzó a agitarse un poco, cuando sentí como su mano comenzaba a subir un poco más a allá de mi rodilla.
¡Oh si, ella quería enloquecerme!
Justo cuando estaba a la mitad del camino tomé su mano con la mía. Ella abrió bien sus ojos, que no dejaban de mirar a Alex.
—Y entonces, por eso fue que comencé a enseñarle a leer a los ciegos —habló él.
Al fin había podido lograr concentrarme y escuchar algo de lo que decían. Acomodándome un poco, tomé mejor su mano con la mía. Con cuidado giré su palma hacia arriba, y comencé a acariciarla con mis dedos. Sonreí levemente al ver la expresión que tomaba su cara. Ella sabía lo que significaba eso. Cuando un hombre acaricia la palma de la mano de una mujer, es porque quiere, ansiosamente, irse a una cama con ella.
Lentamente fue retirando su mano de la mía y poniendo ambas manos encima de la mesa, mientras Alex seguía hablando. Sonreí maliciosamente.
Ella no era la única que podía jugar de esa manera. Distraídamente dejé caer mi servilleta al suelo, justo al lado de ella.
—Lo siento —dije y me agaché para recogerla. Sus piernas quedaron bien puestas frente a mis ojos. Con cuidado coloque mi mano en la parte inferior, justo sobre su gemelo. Y con mucho más de cuidado comencé a subir por ella. Interrumpiendo sus palabras, se sentó erguidamente. Sonreí y me acerqué más para morder levemente su piel. Dio un pequeño salto en la silla.
—Paula, ¿estás bien? —le preguntó Alex.
Rápidamente me incorporé. La miré divertido, y sus mejillas estaban rojas.

—Si, si, si estoy bien —dijo nerviosa.
—Espérenme un segundo, que voy a ver porque se tardan tanto con la comida —dijo Pettyfer y se puso de pie para dejarnos solos.
—¿Qué crees que estas haciendo? —me preguntó nerviosa.
—Lo mismo que tú cariño, jugar… sucio —le dije.
—Pero ¿no podías ser más discreto?
—Te gustó, ¿verdad? Te encanta que te toque, que te acaricie y que te muerda.
—Lo que va a encantarme a mí, va a ser que te levantes de esta mesa, agarres tus cosas y me dejes en paz…
—Tú solita te lo buscaste. Tú me tocas, yo te toco y te muerdo. Si yo te toco y no me quieres tocar… tranquila cariño, me conformo con tocarte yo.
Alex volvió a la mesa y se sentó.
—Ya sale nuestra orden —afirmó.
—¡Que bueno! —dije contento y metí mi mano debajo de la mesa, para volver a jugar con ella. Apoyé mi mano sobre pequeña rodilla —Muero de hambre…
Entiéndase el doble sentido, ¿cierto?
Un minuto más tarde la comida llegó a nuestra mesa. Trate ya dejar de tocarla, porque de verdad quería comer, pero aun así no se iba a salvar de mí. Ella lo iba a sufrir tanto como yo lo hacia. Los tres comenzamos a comer en un completo y algo molesto silencio. Hasta que Alex acomodó su garganta, para romper el hielo.
—Hace un mes que ya no vas a verme, para que te salve de alguna travesura, u omisión del reglamento Universitario Pedro, ¿Por qué? —me preguntó. Terminé de tragar y sonreí.
—Digamos que estoy… descubriendo otros hobbies ¿verdad Paula? —dije y la miré.
Ella me miró con desprecio.
—Si claro, ahora se dedica a andar por la vida mirando películas… de terror —dijo ella.
—Y absolutamente creo que la has calificado mal, Paula. Más bien yo diría que fue una película de romance —le dije.
—Comedia romántica, mejor al caso —sentenció ella.
—Claro que no, Paula. Es más, Alex te podrá desmentir y decir sobre que trata la película.
—Si eso acaba con su diferencia, claro que si —dijo él amable —¿De que se trata?
—Trata sobre un chico y una chica que se conocen casualmente, y bueno… su relación no comienza de la mejor manera pues el joven, apuesto, seductor y galante muchacho es un poco impulsivo —dije.
—¿Un poco? Yo diría demasiado —agregó ella. Sonreí por lo bajo.
—Eso no es lo importante. Sucede que el primer día en que ellos se conocen el chico la besa, porque ella es realmente irresistible… Ella reacciona mal, lo golpea y todo empieza así. Pero luego empiezan a ser amigos…
—Eso no es así —me interrumpió —Ella quería ser su amiga, pero el era un cerdo que quería una sola cosa de ella.
—¿Vas a dejarme hablar o seguirás interrumpiéndome? —le dije. Ella me miró con odio —Como te decía, quedan como amigos. Pero pasan muchas cosas entre ellos. Se desean mutuamente, pero ella es soberbia y muuuuuuuy orgullosa, no quiere admitir que le gusta el muchacho.
—Y él es un mujeriego, arrogante, egocéntrico, manipulador y sobre todo un egoísta que solo piensa en si mismo, y que no quiere admitir que esta muerto de amor por la chica —le contó ella sin dejar de mirarlo.
—¿Muerto de amor? Eso no es así, él no esta muerto de amor por ella —le dije a Alex.
—Oigan, ¿no les parece que solo es una simple película? No vale la pena que peleen por ello. Es una tontería —nos dijo Pettyfer.
—Yo solo digo que paula la esta clasificando mal —me defendí.
—Es una aberración —aclaró la morena —Además de que no le creí ni un poquito al actor principal.
—Tal vez —dije dándole un poco de razón —Pero la actriz principal, ¡Diablos! Te lo juro Alex esta tan buena, como para encerrarte con ella en una habitación muy oscura y fría, para poder entrar en calor.
—Pues el actor ahí andaba, no era ni muy, ni tan…
—Oh, eres una pequeña mentira —le dije divertido —Mientras veíamos la película te la pasabas diciendo cosas indecentes sobre él. O mejor dicho… bajo él.
Ella me miró intensamente, haciendo que un escalofrío bajara por mi espalda.
—Mmm, ¿Qué les parece si pedimos el postre? —preguntó Alex haciendo que ambos lo miráramos. Pedimos el postre, y lo comimos sin decir ni una sola palabra.
Paula comía despacio su helado, y parecía que nunca lo iba a terminar. Hasta que al fin lo hizo. Alex estaba por llamar al mozo para pagar la cuenta, pero le dije que ya estaba paga, pues el dueño del lugar era amigo mío. Nos pusimos de pie y salimos de allí.
—Te llevo, paula —le dije. Ella se giró a verme.
—No gracias, me voy sola —sentenció.
—No Paula, va a ser mejor que te vayas con Pedro. Así yo me quedaré más tranquilo… prometo que para la próxima tendré mi auto —dijo y se acercó a un muchacho para decirle algo.
Con discreción me acerque a ella.
—¿Lo ves? Hasta un extraño te tira a mis brazos… todos saben que me perteneces cariño, que eres mía —le susurré al oído y palmeé su trasero. Ella dio un pequeño salto. Se giró a verme con ojos venenosos.
—¿Hace falta la manito? —me dijo.
—Solo es un gesto territorial —le dije con una sonrisa burlona —Estoy palmeando lo que es mío, solo mío.
Alex volvió a acercarse a nosotros.
—Bueno, yo me tomo aquel taxi de allí —nos dijo. Miró a Paula y le sonrió —La pase muy bien, Paula.
—Yo también, eres un encanto —le dijo ella y se acercó a él para abrazarlo. Revoleé los ojos y esperé a que la estúpida escenita terminara. Ella se alejó de él.
—Bueno Pettyfer, nos vemos mañana en el partido como acordamos —le dije.
—Claro que si Pedro, allí nos vemos —me dijo y se fue de allí.
Ambos miramos como se subía al taxi y partía rumbo, seguramente, hacia su casa. Paula se giró a verme y comenzó a caminar.
—Para allá esta el auto —le dije.
—No voy a ir contigo —me dijo. Caminé hasta a ella y la alcé en brazos. Ella comenzó a patalear y a quejarse. Caminé con ella así hasta el auto. La bajé frente a el, saqué las llaves y abrí la puerta para que se subiera. Me miró con odio.
—Te detesto —me dijo.
Le sonreí burlón. Se subió y cerré la puerta, para luego rodear el auto y subirme frente al volante.
Prendí marcha y comencé a manejar hacia su departamento. La miré de reojo y ella no decía nada, solo miraba al frente y tenía los brazos cruzados sobre su pecho. Acomodé mi garganta.
—¿Cómo la pasaste? —le pregunté. Ella clavó su mirada en la mía.
—Arruinaste mi cita —aseguró —¿Cómo crees que la pase?
—Vamos, no fue tan malo ¿Acaso no te divertiste? —le dije.
Ella sacó su mirada de mí y miró al frente. Una pequeña sonrisa amenazaba con salir de sus labios. ¡Oh si, ella si se había divertido!
—Eres un tonto —dijo reprimiendo aquella sonrisa.
—Pero te gusta el tonto —le dije. Frené justo frente a su edificio. La miré a los ojos.
—No, no me gusta el tonto —me dijo.
—Pues a mí si me gusta la tonta, me encanta la tonta.
Su mirada  se volvió tierna y algo confusa. Recorrí con mis ojos su cara, hasta mirar fijamente sus labios. Solo necesitaba un poco de esos labios, y ya era totalmente feliz…
Despacio comencé a acercarme, ella no se movía. Me acerqué más y más, hasta estar tan cerca de ella que pude rozar sus labios con los míos. Sentí como mi corazón se aceleraba un poco más. Cerré mis ojos para poder besarla completamente, pero un celular comenzó a sonar. Ella alejó su boca de la mía y tomó su teléfono.
—¿Hola? —dijo al atender.


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CAPITULO 35




Caminé un poco más rápido de lo que realmente debía, pero era que no podía tolerar aquello. ¿En que momento pasó que se me fue de las manos? ¿En que momento Paula se había vuelto a cruzar con Pettyfer y habían comenzado a hablar y hablar… hasta que la charla los llevó a arreglar una cita para el viernes en la noche? ¡¿En que maldito momento?!
La divisé sentada hablando con Ashley y Emilia. Me acerqué a ellas. Las tres se giraron a verme.
—Déjennos solos —les dije. Mi prima arqueó una ceja.
—¿Perdón? —me dijo.
—¡Que nos dejen solos! —elevé un poco mi voz sin dejar de mirar a Paula.
Ellas dos se pusieron de pie y se fueron sin decir nada. Ella no dijo nada, solo me miraba esperando a que yo dijera algo. Volvió su vista al frente y comenzó a hacer un poco de ruido con sus uñas al golpearlas levemente contra la mesa.
—¿Qué quieres? —me preguntó al fin después de un largo silencio. Me senté frente a ella, encontrando su mirada con la mía.
—¿Así que saldrás con Pettyfer el viernes por la noche? —le dije en tono molesto.
No, no tenía que demostrarle que estaba molesto. Pero es que no…
—Si, ¿Cuál es el problema? —me contestó con toda la calma del mundo.
—Que apenas lo conoces —dije apretando los dientes.
—A ti también apenas te conocía y aun así me acosté contigo —dijo mientras clavaba sus ojos en los míos.
—No, no, nosotros si nos conocemos. Es más antes de… que pasara nos conocimos más aun.
—¿Sabes cuanto tiempo pasó hasta la primera vez que lo hice con Brian? —preguntó.
—No —le dije negando con la cabeza.
—Un año —sentenció y sonrió irónica —Me siento una sucia al decirlo, pero… tú lo conseguiste en un mes. Soy una cualquiera ahora, así que aceptar la invitación a cenar de un chico desconocido ya no es malo para mí. Además de que Alex es todo un caballero, no solo cuando esta vestido de traje, que de paso sea dicho, tampoco lo eras realmente…
—No tú no eres una cualquiera —le dije.
—Así me siento Pedro, me siento sucia, una entregada, una regalada, una cualquiera…
—Pero eso no es así…
—¿A no? ¿Y como es? ¿Cómo me ves tú? —me preguntó.
—Lo único que voy a decir, es que no voy a permitir que salgas con Pettyfer —le dije mirándola fijo.
—¿No? ¿No vas a permitirlo? ¿Pero quien te crees? ¿Mi padre? ¿Por qué no puedo salir con él? Que yo sepa, no tengo nada con nadie. No le debo nada a nadie y soy totalmente libre de hacer lo que se me canta…
Se puso de pie y yo también lo hice, rápidamente me acerqué a ella y la tomé de la cintura acercándola a mí. Mi respiración era algo agitada, la miré fijo a los ojos.
—¿Sabes porque no puedes? Porque no lo tolero, no lo soporto. No me cabe la idea de que otro te toque, de que otro te mire, te bese. No soporto pensar que otro pueda acariciarte, que tú acaricies a otro que no se yo. No lo aguanto ¿entiendes? —le dije algo agitado.
—¿Y que tengo que hacer yo con todo eso? ¿Esperar a que se te pase y quedarme después sola como un hongo cuando eso suceda? Pedro lo que pasó entre nosotros fue un error… no debió pasar y recuerdo cada palabra que te dije. Lo recuerdo todo, me dijiste que sabias que me iba a arrepentir y te dije que mi orgullo estaba ebrio para pensar en eso. Tú eres la debilidad de las mujeres Pedro, ninguna puede resistirse a ti mucho tiempo. En algún momento va a terminar cayendo y yo ya caí…
—¿Qué sentiste? —la interrumpí.
—Lo mismo que tú… placer —me dijo.
—Si yo voy esta noche a tu casa, toco el timbre, me abres, entro, te besó, te subo a la habitación y te hago lo mismo que la otra noche, no va importarte pues solo vas a sentir placer, ¿verdad?
—No creo que lo hagas, tú eres el tipo de hombre que no esta dos veces con la misma mujer…
—Podrías ser la excepción —la interrumpí.
—¿Y porque?
—Porque simplemente, tienes algo que las demás no.
Sin darle tiempo a nada tomé su boca con la mía y la acerqué más a mí. Sus labios se abrieron para mí, cuando mordí el inferior con cuidado. Entonces metí mi lengua en su boca y la saboreé tanto como podía hacerlo. Excitado, pero agitado por la falta de aire, la solté para poder respirar. No me alejé demasiado… seguí rozando su boca
—Eres mía Paula, niégalo cuanto quieras. Pero sabes que al final me perteneces tanto como lo se yo —le dije agitado.
—¿Y tú que? —me dijo agitada también —¿Cuándo vas a admitirlo? Eres mío Pedro, niégalo todo lo que quieras corazón. Pero sabes que al final la que te maneja soy yo —sonrió burlonamente. Me sentí inhibido —Ahora suéltame que tengo clases…
Con cuidado la fui soltando. Ella volvió a sonreír y negó divertida con la cabeza antes de irse y dejarme solo en la cafetería.
La semana se me pasó lenta. Paula era todo lo que pasaba a mí alrededor y juró en un momento maldeci haber ido a su casa y haberme acostado con ella. Pero siempre que me ponía a pensar en aquello todo rastro de arrepentimiento desaparecía.
¿Por qué? Simplemente porque volvía a desear esa noche. Varias chicas intentaron seducirme en estos días, pero mi rechazo hacia ellas era mayor que antes.
De verdad no lo entiendo, de verdad no se que pasó conmigo.
¿Dónde quedó el Pedro pirata, el Pedro fiestero, al que le gustaba llegar tarde a clases y fumar sin desayunar? ¿Dónde? Me parece que ese Pedro esta más perdido que nunca.
Al fin el viernes había llegado y al fin mi día de venganza también. Esta noche Alex y Paula iban a salir a cenar, nada más y nada menos a que mi restaurante favorito. Gracias a mi gran amigo Chaz, logré averiguar aquello a través de su querida novia.
¿Qué casualidad que yo hice una reserva para mí allí esta noche, verdad?
Salí de la ducha y entré a mi habitación para cambiarme. Ashley no estaba, pues estaba en casa de Paula ayudándola a elegir el atuendo para la gran cita.
Vaya prima que me toco. Traidora y cínica.
Pero no, no. Esto no se va a quedar así. No se van a salir con la suya. Esa cenita quedara arruinada o dejo de llamarme Pedro el cazador Alfonso.
Miré la hora en mi celular. Ya eran casi las 10 de la noche. Tenía que apurarme porque o sino iba a llegar tarde. Salí y busque mi auto.
Hoy no usaría a Betty, hoy la dejaría dormir. Me subí en el y prendí marcha hacia el restaurante.
Llegué me bajé y le di dinero a un muchacho que se encontraba allí cuidando los autos del lugar, para que vigilara el mío. Me acomodé un poco el cuello de mi camisa y suspiré antes de entrar.
Detuve mis pasos al verlos allí sentados en una de las mesas hablando sin dejar de mirarse. Alex apoyó una de sus manos sobre la de Paula… maldito, ya no tendrá mi voto el año que viene.
Sin seguir dando vueltas me acerque a ellos.
—¡No puedo creerlo! ¿Qué hacen aquí? —les dije con mi mejor cara de sorpresa.
Ambos se giraron a verme. Los ojos de Paula se abrieron como platos y creí que la mandíbula iba a caérsele.
—¿Qué haces aquí? —me preguntó ella.
—Este es mi restaurante favorito, vengo todos los viernes. ¿Les molesta si me siento con ustedes? Vine solo —dije mientras tomaba la silla.
—Si nos moles…
Me senté antes de que ella terminara la frase. Miré a Alex y palmeé su hombro varias veces. Él me sonrió divertido. No parecía molesto. Yo en su lugar ya me hubiese golpeado.
—¿Cómo estás Alex amigo? —le pregunté.
—Muy bien, ¿Y tú Pedro? —me dijo.
—Yo en el mejor momento de mi vida…
—Disculpen, voy al tocador —dijo Paula poniéndose de pie.
Ambos vimos como se alejaba detrás de una puerta. Volví mi vista a Alex.
—¿Y como van las cosas con Paula? —le dije.
—Bien, recién nos estamos conociendo… pero es una chica increíble. Es dulce, es tierna, muy inteligente… y tiene un enorme sentido del humor —me dijo divertido.
—Si, si. Ella es así de perfecta al principio —le dije y vi como salía ella del baño —Pero después te la regalo, es terrible…
Ella se sentó a la mesa con el semblante totalmente serio. Alex acomodó su garganta para hablar.
—¿Pido la cena? —preguntó él.
—Si —dijo ella secamente.
—Por favor, muero de hambre —dije yo sonriente.
Alex levantó la cabeza para buscar con la mirada al mozo.
—Dice Ashley que eres hombre muerto —me susurró ella por lo bajo. La miré y sonreí divertido.
—Oh vamos, es solo una travesura —dije y le guiñé un ojo —Disfruta esto, estás con dos hombres bien parecidos…
—Alex será bien parecido… tú sobras aquí —me dijo.
—No sientas penas conmigo, admítelo te gusto un poco. Y tú me caes taaaaaaaaaaan bien, en especial sin ropa, que tengo una sorpresa para ti —le dije sonriente. Giré mi cabeza a Alex —Oye Alex, ¿te gustan los lakers? —le pregunte.
—Si, son un gran equipo —me dijo él —¿Por qué?
—Porque mañana por la noche juegan y tengo dos entradas extras para verlos, ¿Qué les parece si vamos los tres? —pregunté con una gran sonrisa.
—Oh dios mío, no es cierto —musitó Paula y tomó su frente con la mano.
—¿Enserio? —dijo Pettyfer con una sonrisa y luego miró a Paula —No lo se, paula y yo ya teníamos planes para mañana. ¿Qué dices Pau, te gustaría ir?
—Vamos Paula, no seas tonta… las entradas son VIP y yo se que a ti te encantan los lakers. La vamos a pasar muy bien —le dije. Ella me miró fijo y luego miró a Alex.
—Alex, ¿te molesta si salgo un minuto con Pedro? Necesito hablar una cosa con él —le dijo amable.
—No, para nada linda. Ve tranquila —dijo él.
Ella se puso de pie y tomó de mi brazo haciendo que yo también me pusiera de pie. Casi podría decir que me arrastro hasta afuera del restaurante.
—¿Cuál es tu problema? ¿Por qué haces esto? —me preguntó nerviosa.
—Tranquila cariño —le dije y levanté mi mano para acariciar su rostro. Ella se alejó mirándome despectivamente —Como ‘amigo’ tuyo que soy, solo estoy cuidando de ti y conociendo más con quien sales.
—¿Acaso no lo conoces ya? Por lo que me dijo Ashley tienes bastante interacción con él ya que siempre estás metido en problemas.
—Ya, ya no me retes —dije poniendo mi mejor cara de niño bueno —Solo quiero cuidarte…
—Se cuidarme sola.
—¿Por qué eres tan antipática cuando solo quiero hacer las cosas bien? —le dije ya un poco molesto.
—No, tú no quieres hacer las cosas bien —me dijo ella elevando un poco el tono de su voz.
—En él único que estas pensando en este momento es en ti mismo… ¿Qué voy a importarte yo? No seas cínico Pedro. Solo te importan tú y tu estúpido orgullo machista.
—¡Eso no es verdad!
—¿A no? Si, si es verdad. Lo único que quieres de mí es sexo… nada más. Y no te agrada la idea de que se lo de a otro, PORQUE ERES UN VULGAR Y SUCIO MACHISTA.
—¿Tú no se lo darás a Pettyfer verdad? —le pregunté.
—No, no se lo voy a dar a nadie más. Ni a ti, ni a él, ni a Brian. A NADIE.
—¿Por qué?
—Porque voy a tomar los hábitos —dijo más seria de lo que realmente deseé que estuviera.
—No, tú no estas hablando enserio —le dije algo nervioso.
—¡No, claro que no! Pero me parece que es lo que quieres, ya que no puedo estar con nadie, porque tú te encargaras de arruinarme cada cita que tenga —me acusó —¡Quiero que te vayas!
—¡No, no voy a irme! —sentencié —¡Y mañana iremos los tres a ese partido y te va a gustar ir conmigo y con Alex juntos! ¡Y te vas a sentar en medio de los dos y vas a mirar el partido y vas a alentar al equipo y te va a encantar la salida!
—¡Bien, perfecto! —dijo casi gritándome —¿Quieres jugar? Yo también puedo jugar Alfonso, y te juro que te vas arrepentir de haberte metido en mi vida, de haberte metido en mi cama, y de haberte metido conmigo…
—Que miedo me das —dije irónico. Ella me miró y sonrió perversamente.
—Pues deberías temerme cariño, si antes decías que te volvía loco… ahora no sabes la que te espera.


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lunes, 29 de julio de 2013

CAPITULO 34




Miré a mí alrededor fijándome si ella no estaba por ahí. No, no había ninguna señal de ella.
—¿Se puede saber que demonios haces? —me preguntó Ryan.
—Estoy mirando —le dije y volví a mirar para todos lados.
—Si, ya lo se. Pero ¿Qué miras? —me dijo él.
—Nada, nada. No me hagas caso —dije y dejé de mirar. Chaz me miró frunciendo el ceño.
—¿Hay algo que quieras contarnos? —me dijo Chaz. Lo miré bien.
¡Oh, diablos! Emi, ya le fue con el cuento.
—¿Tu noviecita ya te fue con el chisme? —le dije con tono burlón.
—¿Qué? ¿Qué pasó? —preguntó Ryan.
—¿Sabes con quien se acostó ayer a la madrugada, Pedro? —le dijo Chaz.
—No, ¿Con quien?
—Chaz —le dije para que se detuviera.
—Con Paula —le dijo. Ryan se giró a verme sin poder creerlo.
—No es cierto —me dijo.
—¡Maldita sea, Chaz! No tuviste que haberlo dicho —dije enojado.
—No, no puedo creer que lo hayas conseguido —me dijo Ryan aun sin poder creerlo.
—Bueno, ya esta no quiero hablar del tema —le dije y volví a mirar a mí alrededor.
Estábamos en la Universidad, ayer por la tarde me la pasé peleando con Ash y Emi y también riendo un poco. Aquellas dos me acusaron de ser un cínico que necesita urgentemente la ayuda de un profesional. Y puede ser que tengan razón, pero yo ni iba a dejar que se salieran con la suya. Hoy era un día nuevo y yo tenía que estar muy alerta para vigilar a Paula.
El auto que yo estaba esperando que llegara, llegó y se estacionó a unos cuantos metros de donde estábamos nosotros. Las tres bajaron al mismo tiempo. Mi mirada se posó en mi prima. Al instante Ash me miró fijamente. Sonrió triunfante y me sacó la lengua en forma de burla. Vi como las tres entraban a la Universidad y comencé a empujar a mis amigos para que caminaran.
—¿Qué sucede? —preguntó Ryan.
—Caminen, caminen. No podemos perder de vista a esas tres —les dije y los seguí empujando.
Las divisé caminando hacia uno de los salones, entonces apresuré nuestros pasos y sigilosamente nos acercamos más a ellas.
—Hoy tenemos que ir a la biblioteca antes del medio día, Paula —le dijo mi rubia prima.
—¿Para que? —preguntó la morena.
—Tienen que ayudarme a dar unos libros, ¿si? —dijo Emilia
Entrecerré los ojos, pequeñas manipuladoras. ¿Con que ese es su plan? Hacerlos cruzarse en la biblioteca, que ella le de sus libros. No lo van a lograr…
—Claro, no hay ningún problema —dijo Paula.
—Claro que si hay un problema —susurré.
—¿Cuál es el problema? —me preguntó Ryan.
Detuvimos nuestros pasos justo antes de entrar al salón. Ellas ya habían entrado.
—Que la loca de mi prima y la pequeña diabólica, quieren hacer que Paula salga con un tipejo —les conté.
—¿Qué tipejo? —me preguntó Chaz. Entrecerré los ojos y miré hacia la puerta del salón.
—Alex Pettyfer —sentencié.
—¿Alex? ¿El presidente del centro? —dijo Ryan.
—Ese mismo —afirmé.
—¿Y que tiene de malo? —dijo Chaz.
—¿Cómo que tiene de malo Chaz? Absolutamente todo —le dije.
—Pero ¿Acaso no era que Paula solo te interesaba para una noche? Bueno, ya la obtuviste. ¿Ahora que quieres de la pobre? —me acusó Ryan.
—Esto no tiene nada que ver conmigo —mentí.
—¿A no? ¿Entonces? —dijo Chaz.
—Solo me preocupa que quieran involucrarla con… cualquiera —dije. Ryan miró a Chaz y sonrió.
—Nunca había escuchando una mentira tan grande —le dijo divertido.
—Bueno, ¿de quien son amigos? ¿Míos o de ella? —les pregunté.
—Nos agrada Paula —dijo Ryan —Es una buena chica, y es como la hermana que nunca tuve.
—Y tú eres un cerdo —acotó Chaz.
—Lo que sea —les gruñí —¿Van a ayudarme?
—¿A que? —dijo Chaz.
—A impedir que ella conozca a Pettyfer —les dije.
—Listo, acaba de perder completamente el juicio —dijo Ryan.
—¿Estas bromeando cierto? Si yo tuviera una hermana se la entregaría a Alex… ¿Tienes idea de lo bueno que es? No podrían encontrar un mejor candidato para Paula —aseguró mi querido amigo Bleu.
—Tú no me mereces llamarte amigo —le aseguré.
—Yo votaría por Alex para presidente del país, si alguna vez se postulara —agregó Murillo.
—¿Seguirán alabando al enemigo o van a ayudarme? —les dije algo nervioso.
—¿Enemigo? —dijo algo confundido Chaz.
—No te entiendo —me habló Ryan —Me confundes… con razón las chicas quieren alejar de ti a Paula.
—¡Perfecto! Lo haré todo yo solo… con amigos así, quien necesita enemigos. Hasta Pattinson, me hubiese apoyado más en esto que ustedes —les reproché.
—¿Espera un segundo? —me dijo Chaz y sonrió —¿Con eso nos estas queriendo decir que estas CELOSO de que Paula salga con otro?
—Solo estoy diciendo que voy a proteger a mi AMIGA de una desilusión —le dije sin mirarlo a la cara.
—Mayor desilusión que tú, no creo —me dijo Ryan. Lo miré asesinamente.
—Conmigo ya sabe lo que tiene, no hay más. Pero con un extraño, y más de esos que son buenos, son los peores. No hay que fiarse —dije hablando como todo un sabio.
Chaz soltó un cansado suspiró y apoyó su mano en mi hombro.
—Solo porque eres mi amigo, mi hermano, voy a ayudarte tratando de sacarle un poco de información a Emi.
—Te advierto que es terrible —le dije. El sonrió divertido.
—Lo se —dijo con tono bobo. Miró a Ryan y lo empujó levemente —A ver cuando te le declaras a Ash, para que le puedas sacar información también.
—Sería algo más que información lo que le sacaría —dijo poniendo cara de estúpido enamorado. Lo miré preocupado.
—Si claro, estoy completamente seguro de que ella le sacaría información a él —le dije a Chaz.
Una figura salió del salón y comenzó a caminar por el pasillo. Me incorporé de la pared, en la que estaba apoyado, para mirarla. Era Paula.
Mis ojos se abrieron bien al ver que caminando hacia ella venía Pettyfer. ¡Oh diablos, esto no podía ser cierto! Vimos como Ash se asomaba por la puerta y sonreía al ver a Pettyfer.
—¡Paula! —la llamó fuerte.
La morena se giró a verla al instante, y al instante en que hizo eso se chocó de frente con él. Pettyfer fue rápido y la tomó de la cintura, impidiendo así una caída segura por parte de ella. La escenita se estaba llevando más miradas de las que realmente se ameritaba. Sentí como la sangre corría más rápido por mis venas al ver como él la estaba mirando. Y aun no la había soltado.
—No pudo haber sido mejor —dijo Ash sonriente.
—Más vale que vaya sacando sus manos de ella, porque o sino aquí va a correr mucha, pero mucha sangre —aseguré sin dejar de mirarlos.
—Lo siento, ¿estás bien? —le preguntó él a ella, cuando al fin la soltó.
—Si, si. Perdón, soy una tonta… no estaba mirando mi camino —se disculpó ella.
—Soy Alex Pettyfer —se presentó y estiró su mano. Ella la tomó con cuidado.
—Paula Chaves —le dijo con una pequeña sonrisa.
—¿Eres nueva? —le dijo él.
—Si, entré este semestre —le contó. Alex asintió y le sonrió amablemente.
—Sabía que había entrado gente nueva, pero no había tenido el agrado de conocerla. Es un placer… bienvenida.
—Muchas gracias —dijo ella y vi como sus mejillas tomaban un poco de color.
—Cualquier cosa que necesites me avisas… por si no sabías soy el presidente del centro de estudiantes, cualquier cosa que pase con las materias o algún profesor no dudes en contarme. Así podremos arreglar el problema.
—Lo tendré muy en cuenta —dijo Paula.
—Vaya que eres una genio Ash, no pudo haber salido mejor el numerito —la felicitó Ryan.
Ashley sonrió orgullosa.
—Pero esto no fue planeado, yo no esperaba que se encontraran en el pasillo. Pero al parecer el destino si —dijo contenta.
—Pero si hiciste que se chocaran —le dije mirándola mal. Ella arqueó una ceja.
—¿Celoso primito? Pues bien merecido te lo tienes —me dijo
—¿Saben una cosa? Todos tienen razón —dije y miré de nuevo a Alex y Paula. Se estaban despidiendo.
—Alex es un tipo estupendo, es más voy a hacerme su amigo.
—Si, claro —dijo Chaz.
—Lo que digas —agregó Ryan.
Paula siguió su camino hacia el lado de la cafetería, mientras que Alex comenzó a caminar para el lado en el que nosotros nos encontrábamos.
—¡Alex, amigo! —le dije. El se giró a verme —¿Cómo estás?
—Hola Pedro —me saludó —Bien, ¿y tú?
—Perfecto —le dije.
—Me alegro —dijo y detuvo su paso para mirarme —¿No tienes ningún problema con algún profesor verdad?
—Por ahora no amigo, para nada —dije negando con la cabeza.
—Que bueno, pero cualquier cosa no dudes en avisarme…
—Tranquilo, cualquier cosa iré a verte.
—Estoy para lo que necesites.
—Lo se, eres un gran presidente —le dije.
—Eso intento —dijo divertido y siguió caminando.
—Eres un manipulador horrible —me acusó mi prima.
—Y tú eres una prima horrible. ¿Cómo le vas a entregar a Paula así como si fuera un paquete o algo por el estilo? ¿Qué clase de amiga eres? Olvídate de que somos familia… ya no te quiero más —le dije y miré para otro lado.
—No importa que ya no te quiera Ash —le habló Ryan —Yo estoy aquí para cuidarte cuando este primo abandonico que tienes te abandone.
—¿Enserio? —le dijo ella.
—Claro que si caramelito —dijo él.
—Wa, eres tan tierno —dijo ella y se acercó a él para pellizcar su cachete.
Ryan acepto el gesto como lo mejor que le hubiese pasado en toda su vida.
—¿Lo ves? Eres una persona horrible… hasta haces que Ryan diga puras tonterías en más de dos oraciones —le dije.
Golpeé levemente a Ryan para que dejara de mirarla con cara de imbécil —Además de que yo conozco a Alex a raíz de mis problemas con la autoridad de este lugar, mucho antes de que Paula llegara…
—Pero nunca te había importado lo que hacía, ni nada sobre él. Así que mantén tu persona alejada de él y de Paula, porque o sino vas a acordarte de mí —me aclaró ella.
—No se, no puedo prometerte nada primita. Ya sabes que tengo varios problemas con la autoridad de aquí —le dije.
—Prométemelo, Pedro —sentenció.
—Ash, no se si pueda.
—¿Por qué haces esto? —me preguntó.
—Porque está muerto por Paula y no quiere admitirlo…
—Admítelo —me dijo mi prima.
—Es que eso no es así, yo solo quiero cuidarla porque es mi amiga…
—Si, una amiga con la que te gusta acostarte. Con la que te gusta tener sueños pervertidos. Y a la que te gusta besar por ahí —me acusó.
Sonreí burlonamente y sin querer recordé algunas de las cosas vividas con Paula la noche pasada.
—Eso si es verdad —dije con una sonrisa perversa en los labios —Ella es tan… grrr
—Eres tan sucio —me dijo ella.
—Y a mucha honrra —aclaré.
—Te detesto —me dijo mirándome venenosamente.
Le sonreí y palmeé suavemente su hombro. Haciendo que su odio hacia mí se incrementara notablemente.
—Yo también te quiero prima


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CAPITULO 33




Paula se puso de pie y me miró fijamente. Ella parecía estar bastante enojada.
—Fue la película más horrorosa que vi en mi vida… y no quiero volver a verla nunca más —me dijo hablando rápido.
—No me pareció eso, cuando me pediste que volviera a ponerla —le dije sonriente.
Su boca y sus ojos se abrieron indignados.
—No puedo creer que hayas dicho eso —me acusó.
—¡Ya basta! —dijo Ash mientras se ponía de pie también. Yo también lo hice —¡No entiendo nada de lo que dicen! ¡Ya me cansaron! ¡Arréglense, peléense! ¡Vayan a tener sexo por ahí, a ver si se les quita lo insoportable!
Se fue dejándonos solos. Apreté los dientes ante lo último que había dicho mi prima. Si ella supiera que ese es el puto problema.
—Quiero que te mantengas alejado de mí, porque o sino vas a arrepentirte, ¿escuchaste?
—Solo dime una cosa…
—¿Quieres saber si lo disfruté? ¿Si lo gocé? Si, si lo gocé, lo disfruté, eres toda una maquina lujuriosa… Pero no quiero volver a repetirlo —me dijo y comenzó a caminar para salir de la cafetería. Mis piernas tardaron un poco en responder a la orden de mi cerebro, para seguirla. Pero lo hicieron y corrí hasta alcanzarla.
—Solo quiero saber que demonios te pasa —le dije, mientras la tomaba con cuidado del brazo para que dejara de caminar —No entiendo porque actúas de esta manera…
—¿Qué? ¿Acaso quieres que siga alimentando tu ego? —me preguntó y soltó una leve risa irónica —Ya está Alfonso, lograste lo que querías conmigo. ¡Me acosté contigo! ¡Un aplauso para el señor, por favor! —dijo elevando su voz y aplaudiendo un poco —¿Y ahora que quieres?
—Yo… yo no lo se —le dije perturbado por sus palabras.
—Ahora, que venga la siguiente ¿verdad? —me dijo. La miré fijo a los ojos – Así es como funcionas y yo no pretendo poder cambiar eso.
—Quiero estar bien contigo Paula —le dije soltando un suspiro.
—Está bien, está bien, aquí no pasó nada... ya no quiero peleas, ni vueltas, ni enredos. Solo que ya no sigas... olvídalo, yo ya lo olvidé —me dijo.
—Pero si pasó… y yo no quiero olvidarlo… no puedo —dije bajando un poco más el tono de mi voz en las últimas dos palabras.
—¿Y que quieres que haga? —me preguntó y vi como sus ojos se humedecían. Sentí una presión en medio de mi pecho —¿Qué me acueste contigo cada vez que tengas ganas?
Apartó su mirada de mí y miró hacia el suelo. Un nudo se había formado en mi garganta, haciendo que me costara un poco hablar y hasta tragar mi saliva.
Con un poco de duda me acerque a ella. Tomé su rostro con mi mano e hice que me mirara a los ojos. Sus ojos estaban poblados de lágrimas. Cristalinos y vidriosos.
—Para ser honesto eso… me haría muy feliz —le dije. Una lágrima no pudo quedarse en su lugar y resbaló fría por su mejilla. Aquella imagen me destrozó por dentro. Con uno de mis dedos la sequé suavemente —Pero jamás te lo pediría.
—Ya no sigas más Pedro… aunque no parezca me haces daño.
—Yo no quiero hacerte daño.
—Entonces… ya déjame, por favor —me pidió y comenzó a salirse de mi agarre.
Lentamente comenzó a alejarse más y más. Hasta que estuvo lo suficientemente alejada de mí, se dio vuelta y comenzó a caminar por el largo pasillo. Yo solo me quedé ahí mirando como ella se perdía por el camino.
Pero ya intente dejarte centenares de veces, Paula. Y cada vez encuentro una manera más espectacular para fallar. Soy un maldito cerdo egoísta.
El resto del día en la Universidad se me pasó lento y pesado. No había vuelto a ver a Paula por ningún lado.
Pero lo raro también fue que tampoco volví a ver a mi prima, ni a Emi.
Chaz me dijo que Emi se había ido porque tenía que realizar unos trabajos con su madre, y de Ash… bueno de ella no supe nada.
Llegué a mi departamento y tiré las llaves sobre la mesa, para luego entrar al baño. Me duché y salí para acostarme un rato a descansar.
Tomé el control y prendí la tele. Sentí unas voces provenientes de afuera y el sonido de una llave. Apagué la tele y me escondí detrás del sillón. De seguro esa era Ash y venía en compañía de alguien.
—Que cansada estoy —escuché la voz de mi prima.
—Si, hoy fue un día bastante largo —dijo Emi.
Me acomodé mejor detrás del sillón para que ellas no me vieran.
—¿Quieres algo para tomar? —le preguntó Ash.
—Un poco de agua —dijo ella.
Escuché como se sentaban en las sillas de alrededor de la mesada de la cocina.
—Ya se porque hoy estaba tan tensa Paula —dijo la rubia.
—¿Por qué? —le preguntó Emi.
—Ayer Pedro fue a su casa a buscarla… y ya sabes ellos…
—¿Qué?
—Tú sabes que entre ellos hay mucha química.
Asentí con la cabeza.
—Si, lo se.
—Bueno, ellos terminaron haciéndolo —dijo Ash.
—No puedo creerlo.
—Tarde o temprano iba a pasar, yo lo sabía. Pero no sabía que iba a afectarla tanto.
Fruncí el ceño al escuchar eso de mi prima.
—¿Afectarla? —dijo la chica de ojos verdes.
—Si, a Paula le pasa algo con Pedro... Es así aunque quiera negármelo rotundamente, yo se que le pasa algo con él. Y esta asustada la pobre... imagínate se enamoró de Brian, era un estúpido en potencia, aunque no lo parecía. ¿Y ahora Pedro? Está bien, es mi primo, lo adoro. Pero es tan cínicamente estúpido y mujeriego. No hay que ser un genio ni nada para saber que en algún momento, la terminaría engañando —dijo ella.
Eso no es así, a Paula no le afectó. Comencé a pensar en las cosas que mi prima acaba de decir. ¿A Paula le afectó?
¡Demonios soy un completo imbécil! La única chica a la que si bien no… bueno tal vez… no, no, definitivamente NO AMO pero si me importa lo que piense de mí no quiere saber nada conmigo antes de siquiera intentarlo.
—Yo la conozco bien, Paula se deja ver como una chica fuerte, y decidida, tiene un carácter especial y amo sus convicciones inamovibles... es lo que más admiro de ella. Pero cuando logras entrar a su mundo, ves lo sensible y frágil que es —agregó Ash.
—Pobre, ella es tan buena —dijo Emi —Debemos hacer algo por ella.
—Si, lo se —dijo mi prima.
—¿Acaso estas pensando lo mismo que yo? —dijo la pequeña genios.
—¿Qué estas pensando tú?
—Es hora de buscarle un candidato a Paula —dijo contenta.
—Creo que me leíste la mente genios, es hora de buscarle el candidato ideal para ella y creo que ya se quien es —dijo la rubia.
—¿Quién? —dijo Emi con tono intrigado.
—Alex Pettyfer – sentenció.
¡Diablos! Ella no podía estar hablando enserio.
—¿Alex Pettyfer? ¿El presidente del centro de estudiantes de la Universidad? ¿El que estudia sociología y letras? —preguntó.
—Ese mismo —afirmó Ash.
—¿Lo conoces? —le preguntó.
—Sin querer el otro día me choqué con el yendo a clases y se me cayeron todos los libros. Me ayudó a recogerlos y fue muy amable y para nada se comporto como un baboso —dijo ella.
Tal vez porque el bobo sea medio rarito, primita mía. Pensé entre una extraña sensación de molestia ya que ella estaba alardeando de un extraño, al cual le quería entregar a MI Paula.
—¿Tú crees que le gustará a Paula? —preguntó la de anteojitos.
—Conociéndola… podría ser —dijo mí la rubia.
¡Genial! Ahora ni en la familia se puede confiar.
Gracias por esas ideas Ashley , primita adorada de mi alma, eres un amor. Ya veremos quien dormirá hoy por la noche en la cama, querida mía. Ya lo veremos…
—No creo que PEDRO te lo agradezca —dijo Emi, pronunciando mí nombre un poco más fuerte de lo que se amerita.
—Esto lo hago por el bien de MI mejor amiga. ¿Verdad que lo entiendes Pedro? —me preguntó.
Entonces me quedé quieto esperando a que esto no estuviera pasando. Ellas sabían que yo estaba aquí, escondido como una rata. Lentamente me incorporé.
—¿Desde cuando saben que estoy aquí? – les pregunte.
—Desde que gruñiste cuando nombré a Alex Pettyfer —me dijo Ashley.
—Que lindo lo tuyo primita, entregarle a Paula en bandeja a ese tipejo —le dije con tono molesto.
—¿Qué quieres? ¿Qué te la deje a ti para que la lastimes? Olvídalo —me dijo ella.
—No te atrevas a meterte en esto Pedro —me dijo Emilia amenazadoramente —Si todo sale bien, mejor para todos —¿Acaso no estás pensando en mí pequeña diabólica? —Y no, no estoy pensando en ti, pequeño mujeriego…
Me quedé congelado. ¿Cómo sabía que yo había pensado aquello?
—¿Qué como lo sabía? —preguntó Ash y rió —Fácil primito, te estamos leyendo la mente. Buuuuu —hizo un tono de fantasma. Miró a Emi —No hay que ser psíquico, el pobre es tan predecible.
—Hubiese preferido que dijeras que estabas leyendo mi mente —le dije entrecerrando los ojos y mirándola mal.
—Bueno volviendo al tema importante —dijo Ash y sonrió —Tenemos que hacer que Pau y Alex se encuentren.
—¿Cómo? —preguntó Emi.
—Si, eso ¿Cómo? —dije molesto.
—¿Sabes si acaso él va seguido a la biblioteca? —le dijo.
—Mmm, si, si. Él va bastante seguido a buscar los libros de braile, ¿sabías que le enseña a leer a niños ciegos?
—¿De verdad? Oooh, es tan tierno. ¿Y como podemos hacer para que se encuentren?
—Ustedes dos son unas malditas traidoras —las acusé. Ambas se giraron a verme con una despectiva mirada.
—Si no quieres oír, vete —me dijo mi prima.
—Si, molestas —me dijo Emi.
—¿Sabes que pequeña diabólica? Calladita te ves más bonita —le dije.
Ella me sacó la lengua como nena de 5 años y volvió su vista a mi prima. Comenzaron a hablar en voz más baja, impidiendo que yo pudiera escucharlas.
¿Quién las necesita? Yo no voy a dejar que anden armando ninguna clase de salida ni nada con Pettyfer y Paula.
Me dejé caer en el sillón y prendí la tele para tratar de concentrar mi atención en otra cosa, mientras que aquellas dos traidoras planeaban como clavarme una daga por la espalda. Ellas reían y hablaban muy animadamente. Las ganas de saber que era lo que estaban tramando comenzaron a carcomerme la conciencia.
¿Qué pasa si a Paula le gusta Pettyfer?
¿Qué pasa si acepta salir con él?
¿Qué pasa si a él le comienza a gustar?
¿Qué pasa si me meto en el medio?
Sonreí maliciosamente al cruzarse por mi mente la idea de frustrar cualquier plan que incluya hacer que Paula salga con algún tipejo.
—¿De que sonríes? —me preguntó Ash haciendo que saliera de mis pensamientos.
Me giré a verla y me senté cómodamente en el sillón.
—De nada, ¿Por qué? —le dije sin dejar de sonreír.
—Porque yo conozco esa sonrisa. Esa es una sonrisa de que tu cabeza está maquinando alguna idea macabra para arruinar alguna cosa.
—¿Por qué crees eso de mí? —dije haciéndome el inocente.
—¿Será porque te conozco?
—¿O por qué es predecible? —dijo Emi.
—No chicas, están equivocada —me puse de pie y caminé hasta ellas. Coloqué una de mis manos sobre el hombro de Emi —¿Y saben que? tienen razón en todo lo que dijeron, así que si necesitan mi ayuda para hacer que Paula salga con Pettyfer, no duden en avisarme que haré lo que sea.



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domingo, 28 de julio de 2013

CAPITULO 32





Me desperté a causa del sonido de unas hoyas. Levanté mi cabeza y miré hacia la cocina. Ashley era la que estaba haciendo ese insoportable sonido.
—¿Qué haces? —le dije con la voz somnolienta.
—Busco mis aros —me contestó —¿Los has visto?
—¡Quiero dormir Ashley! —la regañé y volví mi cabeza a la almohada.
—Lamento arruinar tu sueño, pero es hora de que te levantes, vamos a llegar tarde a la Universidad —dijo ella. Gruñí por lo bajo y me senté en el sillón, mientras restregaba mis ojos para poder mirar bien, me puse de pie y comencé a caminar hacia el baño —Oye, ¿Qué tienes?
—¿Por qué? —le pregunté deteniendo mi paso.
-— Porque estas así como… renovado, como nuevo. Tienes una mirada distinta y pareces hasta contento —me dijo.
‘Paula’
Pensé en ella al instante. Estaba como nuevo por lo que había pasado con Paula. Me sentía extrañamente renovado, como si hubiese dormido unos tres días seguidos.
—Estoy haciendo yoga —le dije a Ash mientras entraba al baño.
—¿En que momento? —preguntó ella y pasó por mi lado hasta la habitación.
Entré al baño y lavé mi cara y mis dientes. Escuché como tocaban la puerta de baño.
—¿Si? —dije mirando hacia la puerta. Mi prima la abrió y se asomó.
—Me voy primito, Paula ya esta abajo por mí —me dijo.
Me paré bien derecho y la miré fijo. Ella estaba abajo…
—Está bien, te veo luego —le dije.
Ella me sonrió y salió de allí dejándome bastante alterado. Paula estaba abajo, en su auto yendo hacia la Universidad. De seguro va a contarle contentísima a Ashley lo que pasó esta madrugada.
Sonreí y terminé de arreglarme para salir de casa y subirme a mi linda moto. El día estaba espectacular, un sol radiante y un cielo azul. Me puse mis anteojos y prendí marcha hacia la Universidad.
Llegué mis amigos ya estaban en el lugar de siempre. Me bajé de Betty y miré el auto de Paula. Ellas ya estaban adentro…
—¿Qué tal hermanos? —les pregunté contento mientras me acercaba a ellos y los abrazaba a cada uno por separado.
Ryan se alejó de mí y me miró con desconfianza.
—¿Quién eres? ¿Dónde está Pedro? —me preguntó mirándome de arriba a bajo.
—Soy yo, soy yo ¿Acaso no puedo abrazar a mis hermanos? —les dije.
—No, este no es Pedro —le dijo Chaz a Ryan. Reí divertido.
—Vamos, hay que entrar, se nos hace tarde —dije y comencé a caminar. Detuve mis pasos y me giré a verlos. Sonreí por lo bajo —¿Pueden moverse?
—No, este de verdad no es Pedro. ¡Tengo miedo Chaz! ¡Tal vez una nave espacial rapto al verdadero Pedro y nos dejó a este que da abrazos y quiere llegar temprano a clases!
Chaz me miró fijo analizándome. Hasta que una sonrisa de idea atravesó su rostro.
—Yo se que es lo que le pasa —dijo Chaz. Ryan lo miró.
—¿Qué le pasa? —le preguntó Murillo.
—¿Acaso no te has dado cuenta Ryan? Mira su cara, mira su aura, su rostro, su cara de relajación y renovación. Pedro tuvo sexo anoche, por eso está así —le dijo él.
Ryan me miró fijo y sonrió.
—Ooooh, por ahí viene la mano —dijo Murillo y ambos se acercaron a mí. Sonreí por lo bajo, estos dos siempre encontraban la manera de saber lo que me pasaba —¿Quién fue la afortunada si se pueda saber?
Comenzamos a caminar hacia el edificio de la Universidad. Apreté mis labios y solté un suspiro. Los miré a ambos y sonreí.
—No voy a decírselos —les dije.
—Oh, vamos —dijo Ryan —Debemos saber quien te dejó como nuevo.
—¿Fue Kate? —preguntó Chaz. Lo miré extrañado.
—¿Quién es Kate? —le dije.
—No, no fue esa. Ni siquiera la recuerda.
—¿Caroline? —dijo Ryan. Negué con la cabeza y reí.
—No van a saberlo, es una forma que le debo de respeto. Soy un caballero no voy andar contando que me acosté con ella por ahí —les dije.
—Pero nosotros no somos cualquiera, somos tus amigos, tus hermanos… podemos saberlo —me dijo Chaz.
—No, no van a saberlo —dije firmé.
Detuve mi paso al ver como ella caminaba hacia nuestra dirección hablando con Emilia y con mi prima. Las tres nos miraron. Emilia y Ashley sonrieron, pero ella no lo hizo. Su mirada seria se desvió de mí para sonreírle a Chaz. Se acercaron a nosotros.
Chaz besó a Emi, y ella se quedó abrazada a él. Miré a mi prima que le sonreía tontamente a Ryan. Posé mi mirada en Paula. Ella miraba sus uñas sin preocupación, y como si yo no estuviera allí. Acomodé mi garganta.
—Hola —le dije. Levantó su vista y me miró. Sonrió fingidamente.
—Hola —dijo secamente. ¿Qué estaba pasando aquí?
—¿Cómo estás? —le pregunté. Se giró a ver a Ashley.
—¿Por qué no entramos? El profesor ya va a llegar —dijo y empujó a mi prima hacia el salón.
Fruncí el ceño y miré hacia el salón en donde ella acababa de entrar. Sacudí mi cabeza y entré. La miré y ella se sentó al lado de mi prima. Ashley la miró divertida y rió…
¿Le habrá contado?
Creo que aun no, porque si fuera así Ash ya me hubiese dedicado una mirara cómplice y divertida, y aun eso no había pasado.
Lo dejé pasar, tal vez ella solo esté jugando conmigo. En cualquier momento se acercara a mí y me dirá lo bien que la pasó conmigo. Si, eso es lo que va a pasar.
El profesor llegó y la clase comenzó. La miré y ella miraba fijo al frente, bajé mi mirada a la forma en la que estaba sentada.
Sus piernas cruzadas, una encima de la otra. Apoyó su codo derecho sobre la mesa y corrió todo su cabello para el otro costado, dejándome una sensual vista de la piel de su cuello. Tragué ante el recuerdo de su sabor… ella estaba jugando conmigo, ella quería provocarme. Mientras seguía acomodando su cabello, su mirada se cruzó con la mía. Me fijó por unos cuantos segundos, pero rápidamente volvió a mirar al frente.
¡Maldita sea! ¡Ella es una… una… una maldita!
Las horas seguían pasando y la actitud de Paula era cada vez más extraña. No se porque, pero creo que me odia.
Chaz y Ryan se sentaron a mi lado en la cafetería. Los miré y sonreí sin ganas.
La felicidad que tenía a la mañana, se estaba consumiendo de a poco. Ryan miró a la mesa en donde estaba Paula sentada sola, escribiendo algo en su celular.
—¿Me parece a mí o Paula esta algo… mal? —dijo Chaz. La miré con ojos venenosos.
—Yo veo que está perfecta —dije con tono enojado —Incluso es más indiferente conmigo que antes.
—¿Y porque no debería de estar indiferente? —me preguntó Chaz.
—Pobrecita, me parte el alma —dijo Ryan y se puso de pie —Voy a preguntarle que le pasa…
Chaz y yo vimos como Ryan se acercaba a la mesa de la morena y se sentaba frente a ella. Paula lo miró sorprendida y le sonrió al instante. Ryan le preguntó algo y ella negó con la cabeza sin dejar de sonreír. Ryan le volvió a decir algo y ella asintió sonriendo. Le dijo algo y Ryan se puso de pie. Emilia y Ashley llegaron para sentarse junto a ella, mientras Ryan regresaba a nosotros.
—¿Y? ¿Qué tiene? —preguntó Chaz.
—Dice que nada, solo que esta un poco cansada porque no durmió bien anoche —dijo él.
—¿Le preguntaste por que? —le dije a mi amigo.
—Si —dijo asintiendo —Me dijo que se quedó viendo una película cómica hasta muy tarde…
—Por lo menos pudo haber dicho que fue una de acción —susurré por lo bajo.
—¿Qué? —dijo Ryan.
—Nada, nada – me apresuré a decirle.
—Oye, tú no estabas tan radiante solo porque tuviste sexo, esta mañana —me dijo Chaz —¿Por qué estabas tan radiante?
—Olvídalo, mi sol se está consumiendo en sus propias llamas —le contesté.
—No entiendo —dijo Chaz
—Su felicidad se esta convirtiendo más bien en la razón de una profunda oscuridad que poco a poco lo va apagando —le dijo Ryan
—Sigo sin entender —aclaró Chaz.
—Traducción para ti Chaz —le dije y lo miré —Hay que tener cuidado con lo que deseas.
De repente Chaz sonrió abiertamente como si acabara de recordar algo que lo hizo muy feliz.
—Ayer hice el amor con Emi —confesó sin dejar de sonreír.
—No quería saber eso —protestó Ryan.
—Yo menos —le dije —¿Qué pasó con el código de caballerosidad?
—Es que ella ya no es una cualquiera no voy a acostarme con ella una sola vez. Voy a hacerlo muchas veces más —nos dijo.
—¿Por qué eres tan demostrativo? —le dije y miré la cara de Ryan.
—Cuando hagas el amor con alguna, te vas a dar cuenta. No es cosa de una sola noche, vas a querer hacerlo todas las noches que sigan —me dijo.
Dirigí, inconcientemente, mi mirada a Paula. No, ya esta, con lo de ayer alcanzó, puedo volver a ser como antes... yo no quiero hacerlo de nuevo con ella.
Mentira... si quiero volver a hacerlo... pero no porque nosotros hayamos hecho... hecho el amor, no. Eso no fue aquello... Solo porque ella... ella es increíble.
—¡Reacciona Pedro! —me dijo fuerte Ryan haciendo que saliera de mis pensamientos.
—¿En que estabas pensando? Tenías cara de no y luego de si —me dijo Chaz.
—Estaba pensando en las probabilidades de lo que acabas de decir —le dije.
—¿Y cuales son? —me preguntó.
—Son total y completamente nulas —le aseguré.
Entonces Chaz se puso de pie cuando vio como Emi se acercaba a nosotros.
—Ya vuelvo —nos dijo y se alejó con ella.
Un celular comenzó a sonar y era el de Ryan, miró la pantalla y se alejó de mí, haciéndome un gesto de espera. Me dejaron solo en la mesa. Miré a la mesa de la morena y mi prima que hablaban. Ashley le habló indignada. Me puse de pie y me acerqué a ellas, sentándome justo al frente de Paula. Ambas me miraron. Pero al instante Ash volvió su vista a su amiga.
—Estas insoportable Paula —le dijo con tono enojado.
—Si no te gusta, no me hables —le contestó ella.

—¿Pasa algo? —pregunté. Mi prima me miró.
—No lo se, esta intratable... no le puedes hablar mucho porque se irrita... para mi que estas en sus días.
—No —le contesté muy seguro. Paula me miró asesinamente.
—¿Cómo lo sabes? —me preguntó la rubia.
—Solo está así porque vio una película cómica por la noche… al parecer le gusto mucho mientras duró… pero luego la irritó —le dije a Ash sin dejar de mirar a Paula.
—Pues creo que tú también la has visto —me dijo ella.
—¿De que hablan? —preguntó Ash.
Mi mirada seguía fija en Paula, al igual que la de ella en la mía. Era como si me estuviera desafiando a hablar.
—La diferencia es que yo no me arrepiento de haberla visto, es más me encantó, pero creo que la clasificación que le dieron no fue la apropiada —le dije a la morena.
—Yo creo que te asusto un poco —me dijo —¿No te fuiste corriendo?
—¿Acaso querías que me quedara a terminar de verla? Creo haber escuchado que ya era muy tarde…
—Esperen un momento —habló Ash colocando su rostro en medio de ambos —¿Ustedes estaban juntos ayer?
—NO —dijo Paula.
—SI —la contradije.
Ashley nos miró con más confusión que antes.
—¿Si o no? ¡Decídanse! —nos pidió.
—Nos habíamos reconciliado, primita —le conté mientras una sonrisa burlona se dibujaba en mi rostro.
—Para una reconciliación hace falta una relación, Alfonso. La cual tú y yo no tenemos —me dijo ella. Sonreí mirándola fijamente al recordar mi apellido en sus labios, pero de manera agitada.
—Ignórala Ash —le dije a mi prima —Solo está molesta porque no quiere admitir que la película le encantó.
—Pero, ¿Qué tienen en común la película y la reconciliación? —preguntó confundida.
—¡Todo! —dijimos ella y yo al unísono.



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